jueves, 9 de junio de 2011

El plan B

Siempre hay que tener un plan B. Porque generalmente el A sale todo mal. O al menos a mí. Bah, yo siempre tengo un plan C y D. Aunque debería tener uno por cada letra del abecedario y también por algunas combinaciones entre ellas, porque con este karma cósmico que nunca termino de pagar no hay backup suficiente...

Por ejemplo, en este momento estoy mirando una película que se llama Ráfaga Polar. Resulta que hay una fisura en la capa de ozono por la que se escapa una corriente de aire a -60 °C, que persigue a la gente y les ocasiona la muerte instantánea. El plan A era lanzar unos globos aerostáticos (?) con nitrógeno y no se que otra cosa, mientras unos mini jets que parecen OVNIs lanzan otra cosa que tampoco me acuerdo que es, se provoca una especie de explosión nuclear (?) y se cierra la grieta (¡?!). Claro, el plan A no funcionó. Entonces por supuesto llega el héroe al cual nadie nunca escuchó, que fue el que predijo que se venía el vientito frío y todos tildaron de loco, esbozó rápidamente el plan B, lo llevó a cabo y el mundo se salvó de morir estilo Walt Disney. Honestamente, yo prefiero este fin antes que morir por máquinas que dominan el mundo o por marcianos que meten cosas por el ombligo, pero bueno, no es una muerte para nada glamorosa. La piel queda lacerada, de color ceniza... No no, definitivamente el plan B es necesario.

Claro que hay situaciones en las cuales es difícil pensar en un plan B. Un poco porque uno coloca todas sus expectativas en el plan original y desea que se cumpla, y como que se enceguece y no piensa en la posibilidad de fracasar. Otro poco porque pensar en un plan B es pensar doblemente, y eso ya de solo pensarlo agota.

Por ejemplo cuando apuesto todas mis fichas a que sale el 13 en la ruleta. Ah si, me gusta el número 13, ¿no se los había contado? Es mi preferido. Me siento identificada con él... Bueno, retomando el tema, yo apuesto mis fichas al 13, cruzo los dedos, pongo cara de preocupación al crupier para que se apiade de mí, sudo mientras la pelotita rebota y rebota por los números.... y sale el 14. Que nada que ver, porque ni cerca está del 13. Pero la cuestión es que perdí. Y ahí sí que no hay plan B. Bah, un plan B alocado sería apostar de nuevo. Pero ese plan B no es solo alocado, sino una utopía en mi caso. Por más que apueste medio Banco de la Nación el maldito 13 nunca saldrá...

Conclusión: El plan B nunca está demás, pero en algunos casos no aplica. Por el simple hecho de que si el plan A no aplica, el B es muy probable que tampoco. Ni tampoco el C o el D. O sea, hay algunas cuestiones que es mejor dejarlas en el primer intento si no salen. Cuanto más se insista en resolver las mismas, más lejos se estará de la solución y más cerca de la frustración nos encontraremos. Pero hay que saber distinguir éstas de aquéllas en las que sí valen la pena los infinitos intentos de acercamiento en forma de planes con letras, números arábigos, romanos, etc.

A ver si soy clara, el plan B nos hunde o nos salva. Hay que tener instinto y tacto para ejecutarlo. Y valor. Para enfrentarlo y para retirarse a tiempo de ser necesario.

Yo ya probé como 3,000 planes B y sigo viva.

Muy viva.

¿Demasiado viva?

Nah, todavía tengo imaginación para 3,000 planes B más...

martes, 7 de junio de 2011

Las pruebas de la maldad de Rubik

Las imágenes hablan por si mismas...




Una nueva maldición

Porque como si no fuera poco con la Egipcia y la Maya que tengo encima, ahora se sumó la del Cubo de Rubik.

La Egipcia se remonta a mis vidas pasadas (o al menos a esa conclusión llegué yo). Tengo un extraño lazo con esa civilización. Desde muy chica me siento atraída por la cultura, por saber más de su historia. De hecho, a los 13 años podía leer jeroglíficos. Ahora ya me olvidé, pero hubo una época en la cual los leía y escribía. Igual, no se emocionen, que con mi suerte es más que probable que no haya sido ni Nefertiti ni Hatshesup. Seguramente fui un esclavo que arrastraba piedras gigantes por medio desierto, luego por una empinada subida, para construir las pirámides. En fin, ¿que tiene todo esto que ver con la maldición? Simple: me tatué mi escarabajo y a los 10 días Egipto entró en crisis, hubo revuelta civil, etc., etc., etc. Si si, puede ser una coincidencia, pero ¡la hostia! No puedo dejar de pensar que quizás contribuí a la destrucción de más de 1,000 años de historia.

La Maya es más reciente. Desde que a todos nos explicaron que el calendario de esta gente se termina en el 2012, es como si mi mente hubiese dicho: "Ah, ok ok, listo. Vamos a morir como cucarachas (a no, como otra cosa, porque las cucarachas pueden resistir hasta una explosión nuclear, o algo así.... lo leí en alguna publicación científica...), entonces chau psiquis, chau actuar con normalidad, chau a todo, me dedico a revolucionar a esta pobre treintañera, que se ocupe de su crisis existencial todo el año, dejémosla agotada para que cuando el meteorito la sorprenda no lo lamente tanto". Y así fue como, entre revelaciones, alucinaciones, sorpresas, liberaciones y desprendimientos (por suerte no de retina aún), estoy viviendo como en un electroencefalograma permanente.

¿Qué pasa con Rubik? Esto sí que me sorprendió. Yo no tengo nada contra este sujeto, es más, sé muy poco de él. Pero, por alguna extraña razón, esta semana me regalaron dos cubitos que terminaron inutilizables (¿existe esta palabra?). Al primero se le salió una pieza. A los 10 minutos de estreno. OK. Sigamos. Al rato, cuando ya estaba en casa, ¡pim! voló otra piecita. OK OK. Voy a ver si puedo pegarlas.... Las pego. Dejo actuar un ratito el producto... Bueno, parece que funcionó y gira y todo.... Hoy, recibo otro cubo de regalo (es que lloré mucho por el otro que se me rompió en la oficina.... ). A la media hora, aparece en un lugar alejado de mi escritorio, con una pieza destruída estilo ataque de perro Rottwailer. O como sea que se escribe. OK OK. Me tranquilizo. Llego a casa en taxi, me bajo en el quiosco y compro un pegamento más power. Procedo al arreglo... Se me pega todo el lado, lo despego desesperadamente, vuelvo a intentarlo, se me rompe un pedacito del costado. OK OK. Pego el pedacito del costado, pego la pieza. Bueno... espero... Quedó un poquito más levantada pero creo que funciona... Vuelvo al primer cubo, me fijo en el pedacito que estaba salido, como para reforzarlo con el pegamento nuevo ¡CRACK!, se me parte la cara superior al medio. OK OK. Ya tengo pegamento hasta la tercera falange...

Basta.

Me voy a hacer un collar de ajos.

Buenas noches.