martes, 26 de julio de 2011

Escapar siempre es una buena opción (?)

Sin dudas, cuando uno no sabe bien qué hacer en esta vida, lo mejor es huir (?). Lejos, bien lejos, donde los problemas continúen pero encubiertos por un paisaje nuevo y alentador. Yo soy partidaria del escapismo. Y si bien no siempre puedo concretarlo en huídas físicas, al menos mi aislamiento mental me alivia.

De repente me construyo una burbuja a prueba de balas y me quedo ahí adentro, con los ojos cerrados y sin pensar. Cosa que tiene sus ventajas, porque de tanto intentar explicarme todo lo que ocurre a mi alrededor, termino el 89% del tiempo agotada. Entonces hay momentos en los cuales prefiero salirme de esa versión de mí y comenzar un viaje hacia otro escenario en el cual me sienta más a gusto.

Últimamente me funciona bastante bien. Es más, me dí cuenta que la mayoría de mis limitaciones y complicaciones me las auto genero. Cuando me concentro en lo que no puedo hacer ni alcanzar, más obstáculos me genero en el camino. Cuanto más pienso en lo que no tengo y en lo que me gustaría tener pero no puedo, peor mi ánimo se manifiesta y más calamidades me ocurren. Atraigo más y más imágenes, palabras y situaciones adversas.

Por supuesto que hay focos que por ahora no puedo resolver. Pero aprendí algo: no es necesario solucionarlos ya, de forma desesperada. Con el uso de la palabra y siendo sincera conmigo misma y con los involucrados, puedo sentirme más aliviada y afianzar el terreno, para ir avanzando. Es mucho más sencillo hablar y pedir ayuda y comprensión, que querer hacer todo sola y enredarme en mis propios proyectos de soluciones imposibles.

Como cuando quería alquiler ese departamento que me salía mucho dinero por mes y me hacía problema. ¿Para qué me hago problema por algo que sé que no puedo afrontar? ¿Por qué mejor no busco un camino alternativo, me brindo más tiempo, me tranquilizo y busco otras opciones? No necesito sufrir permanentemente, necesito pensar más en abrir el panorama y ofrecerme opciones que me traigan tranquilidad. Dejar de presionarme, de sobre-exigirme y entender que no está mal aceptar que hay realidades que no puedo cambiar, que aunque me cuesta aceptarlas, necesito adaptarme a ellas de la manera que sea más conveniente para mí. Sin sacrificios de vida o muerte en el medio, sin necesidad de sentirme mal, llorar o tomar decisiones drásticas.

Hoy me escapé de la tormenta y del granizo. Bah, la verdad es que me empapé caminando a casa, pero lo peor lo ví desde la ventana del living, ya guarecida al lado de la estufa. Fue bastante apocalíptico eso de ver como el cielo negro se me venía encima (literalmente, las nubes avanzaban a una velocidad increíble sobre mi cabeza), el sol se ocultaba y la tarde se hacia de noche. Y ahi fue donde me dije: Ok, por más que corras, te vas a mojar. Entonces me subí la capucha del saco, me colgué la mochila hacia adelante y caminé como si nada por las veredas que salpicaban agua a montones, entre gente corriendo, perros sacudiéndose y ráfagas de viento dignas de un tornado. Y me tenté de risa de mi suerte: a dos cuadras de casa y en medio del tsunami. Que, por supuesto, no podia desatarse 5 minutos más tarde.

Lo interesante de la experiencia climática vivida fue mi reacción. Ya sabía que la iba a pasar mal, porque se me cayó el pronóstico de alerta meteorológica encima, pero decidí tomarlo con calma. Y esta filosofía es la que intento extender hacia el resto de mis aventuras cotidianas.

Por momentos me escapo, y es una buena opción. Casi les diría que es una estrategia maestra de supervivencia.

Por momentos intento enfrentarme a las contrariedades con buena cara y darles una sonrisita irresistible, a ver si así me duelen menos los golpes.

Ya saben que me tienta más la idea de pasaporte, pasaje one way, valija y comenzar de 0 en otro lugar... Me tienta en mi mente escapista, pero no tanto en mi mente terrenal. O sí, pero no por ahora.

Por ahora quiero quedarme un rato más en la burbuja. Hasta que pueda explotarla, abrir mis alas y animarme a volar...

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