martes, 5 de julio de 2011

Hermanos y Hermanas, un mensaje de paz

No me creyeron ni un poquito el título ¿no? Ja! No es para menos.... La belicosidad que me caracteriza estos días da miedo. A mi también me doy miedo a veces. Es por eso que decidí pacificar este post.

Aunque la ira siga dentro de mí... Quizás un tanto más contenida. Pero latente. Y atenta.

Anoche miré el final de la primera temporada de Game of Thrones. Es difícil hacer un análisis de toda una temporada. Como cuando los críticos, pseudo-críticos, fanáticos y puro-criticones-opositores se tomaron más de 10 días para discutir acerca del final de Lost. No voy a entrar en ese juego, solo voy a resumir mi opinión en una frase: una serie para no dejar de ver. Muchas emociones encontradas, roles que se entrecruzan, mensajes sobre la lealtad, el honor. Personajes que se ganan el más profundo odio de los espectadores, otros que provocan lástima, otros repulsión,otros admiración.

Como la vida misma, bah. Claro que Game of Thrones es pura ficción y a lo que yo me enfrento todos los días es a la realidad más cruda y bizarra.

Vista con los ojos de Murakami, podría ser El Fin del Mundo. Estoy alejada, en una tierra rodeada por murallas, con un guardián celoso en la puerta, que no deja que nadie salga. Nunca. Y me han despojado de mi sombra. Que sigue viva por ahí, pero alejada de mi cuerpo. No sé por cuanto tiempo sobrevivirá al estar alejada de los latidos de mi corazón...

También podría ser el Despiadado País de Las Maravillas. Vivo en una ciudad que se asienta sobre una red subterránea de túneles donde viven personajes siniestros, malvados y oscuros, que sólo quieren atentar contra aquellos que pensamos más. Y quitarnos nuestras fórmulas de abordaje de situaciones. Y confundirnos. Y nublarnos.

Hoy se me ocurrió que quizás estemos todos muertos, y no nos damos cuenta. Y esto que tenemos a nuestro alrededor, que percibimos como el "mundo" no es sino una instancia de purga infinita. Donde ciertamente disfrutamos de momentos de felicidad, de plenitud y de avance, pero también existe el sufrimiento, el dolor y el abandono. La traición, el engaño, la mentira. Y cada uno sigue intentando trepar fuera de este Inframundo, pero el camino es tan empinado y lleno de lodo, que cada tres pasos hacia adelante, obligadamente somos empujados a dar dos hacia atrás. Y si negociamos con Hades una oportunidad de salir, seguro somos tentados a mirar hacia atrás, con lo que nos condenamos eternamente a ser sujetos-objetos, observadores no participantes de este "espectáculo mundano".

Una visión un tanto particular, por supuesto. Como yo. Muy particular.

Igual voy a mantenerme firme a mi idea original; ser pacífica y evitar soltar disimuladamente otra granada de mano.

No puedo creer como yo estoy ahora sentada frente a mi netbook, cerca del calor de la estufa, con wi-fi, tele digital, smartphone, un vaso de Pepsi y libros; y otras personas estén tan desprovistas de todo. Que vivan en pequeños pueblos, aislados por poseer enfermedades, o porque son olvidados por los demás, o porque son tribus en extinción. ¿Quiénes piensan en esas personas? ¿Quiénes las ayudan?

Es bastante sencillo levantar un teléfono y preguntar a algún amigo o conocido si está bien o si necesita algo e intentar ayudar. Bueno, me retracto. Para muchos esto no es tan sencillo, y cuanto más desentendidos, ajenos, fríos y distantes se encuentran, más felices son en su egoísmo. Pero generalmente, y de acuerdo a la evolución biológica de los mamíferos, que adquirieron la habilidad adaptativa de poseer sangre caliente, es una acto que no requiere de mayor esfuerzo. Algunos ese esfuerzo lo hacen por obligación, otros por convicción, otros por solidaridad y algunos porque no les queda otra. Y los que pertenecen al reino de los reptiles, no lo hacen.

Pero, ¿quienes se ocupan de aquellas personas, de aquellos seres humanos que ahora, en este preciso instante mientras yo escribo, ustedes leen, miramos la tele, escuchamos canciones en el Ipod, están en alguna situación de desamparo, de necesidad material, alimenticia, afectiva? ¿Alguna vez pensaron que existe una comunidad en Nepal que alberga leprosos que son discriminados por sus propias familias y se reunieron para vivir juntos como pueden? ¿Saben que la lepra es una enfermedad que luego de haber pasado por el período de curaciones, se inocula y no contagia?

Cuantas cosas que damos por sentado, que asumimos como patrón de conocimiento, en realidad no lo son. Cuantas creencias que nos han inculcado pasan por nuestra mente sin mayor razonamiento, sin hacerlas pasar por pruebas científicas, sin darles el espacio necesario para la reflexión.

¿Por qué nos cuesta tanto mirar a nuestro alrededor, por qué nos encerramos en nuestros propios cultos que nos prometen salvarnos y nos amparan bajo falsas máscaras de "perfección"? Exceso de trabajo, de actividades políticas, de reuniones sociales, de salidas nocturnas, de fanatismo religioso, de sobreexigencia, de sobrealimentación, de consumo de analgésicos, de psicofármacos, de ausencias, de obstinación. Falsas capas que cubren nuestra necesidad de ser nosotros mismos, que no nos dejan exponernos a experiencias alternativas, que nos confunden y nos limitan. Falsos consuelos, falsa conformidad.

Mi mensaje de semi-paz no es claro, lo sé. Porque la paz tampoco lo es. La paz para algunos significa la muerte de otros. La indiferencia y el olvido. La paz para otros encarna la lucha por mantenerse fieles al corazón siempre.

Como dice el Dalai Lama:

El mantenimiento de la paz comienza con la autosatisfacción de cada individuo.


Por eso me sigo a mi misma. Por eso confío en mi intuición. Por eso sigo adelante.

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