domingo, 31 de julio de 2011

Intentos fallidos

Hoy experimenté varios. Traté y traté por todos los medios (naturales y artificiales) de reacomodar mi cabeza hacia mi misma y dejar de hacerme problema y de pensar tanto. Pero fallé. En todos y cada uno de mis intentos. No hubo consuelo, ni palabras, ni reflexiones que me ayudaran a detener la avalancha de imágenes que enterraron mi tan golpeada psiquis. Quedan restos de mi esparcidos por todas mis células.

Y está más claro que el agua clara: no es un registro real, es autoprovocado. Soy yo quien monto esta escena y la acomodo, agregándole condimentos extremos que suman al terror que me provoca y al máximo suspenso. Soy yo, pero en realidad, no soy yo. Es mi otro yo. Mi otro mundo. El que me cuesta manejar, el que se desboca y corre detrás de sensibilidades y se angustia y se retira. El que busca protección lastimando, el que busca entendimiento mediante el conflicto.

No es para nada casual que mi alter ego aparezca cuando estoy cerca de mi semana maldita de Eva. El descontrol hormonal es caótico. Y también, un desafío. Necesito vencer a este enemigo y saltar este obstáculo de una vez y para siempre.

En algún momento intenté elaborar una estrategia para sobrevivir al campo minado de mi cotidianidad, y a fuerza de llanto, dolores de cabeza, golpes cuasi-mortales y bastante coraje, logré salir indemne.

Esto es lo mismo. Soy una excelente jugadora, sé armar alianzas y formar mi ejército. Mi visión es amplia y me adelanto dos o tres movimientos a mi adversario casi siempre. Soy difícil de vencer porque soy obstinada. No me doy por vencida ni retrocedo. Y aparte, encuentro cierto placer en el campo de batalla.

Tengo que poder vencerme a mi misma y salir victoriosa de este estado patético en el que me sumerjo cuando mis defensas bajan y mi cuerpo se convierte en una máquina de necesidades físicas y emocionales. En demanda permanente.

Soy inteligente, así que mañana será el primer paso del comienzo de mi nueva percepción.

Y de última, si no puedes con tus enemigos, úneteles. La locura es inmensurable.

Nadie podrá saber qué tan cuerda o qué tan alienada estoy.

No se va a notar.

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