viernes, 29 de julio de 2011

No se bien que me pasa, pero lloro

Podría ser el título del libro de mi biografía. Tengo el llanto fácil. A veces más, a veces menos, pero el lagrimal vino fallado.

Lo curioso es que no está del todo claro el motivo por el cual derramo lágrimas. En algunas situaciones sí es identificable: de emoción, de tristeza, de rabia... Pero en días como hoy, en los cuales no tengo ninguna de esas emociones asociadas a mi consciencia, no entiendo por qué necesito una docena de pañuelos descartables y quitarme el corrido maquillaje negro de los ojos para evitar parecer una ojerosa.

No es tristeza, creo que es hastío. Estoy saturada. Tengo muchas ganas de caminar y caminar y caminar, sin un destino fijo. Solamente dejar que el viento me pegue en la cara y me seque todas las imágenes que abundan en mi mente, hasta que quede en blanco. Hasta que se detenga el mundo.

O dormir. Mucho. En una confortable cama, rodeada de almohadones. Sin tiempo a mi alrededor, sin ruidos y sin pensamientos. Solamente disfrutar del descanso, del placer de cerrar los ojos y dejarme caer en el más profundo sueño. Donde soy libre y puedo hacer todo lo que quiero. Donde no hay limitaciones. Donde no existe la palabra "imposible".

Sigo entera, no estoy desarmada. He llegado casi al final de día. Todavía intercambio palabras y escribo.

Solo me faltaría un abrazo. Un beso. Una caricia. En silencio. Esos instantes en los cuales no hace falta enunciar palabras, donde es mejor expresarse con el cuerpo, hablar con las manos, consolar con la mirada. Un rato. Unos minutos para volver a la Tierra y pisar terreno conocido.

Hay tanto dentro de mi corazón hoy, tanto dentro de mi mente y mi alma, que es casi imposible contener los sentimientos que me desbordan e impiden sonreír auténticamente.

Ya sé que esto es hoy, mañana voy a estar bien.

Mañana vuelvo a renacer, fuerte y segura de todo.

Mañana vuelvo a ser yo, la mejor de todas.

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