jueves, 7 de julio de 2011

Tocar fondo

Hacía rato que no tocaba fondo. Hoy me siento como me sentía cuando tenía 15 años y estaba pasando por uno de los peores momentos de mi vida. Igual, es la misma sensación.

La misma discusión en casa con mi mamá por los mismos motivos. Otra vez la cara desfigurada de llorar, el estómago revuelto y sin poder dormir. Hecha una bola en la silla, tapada con una frazada, sin poder siquiera pensar.

Me busco las complicaciones sola, por desesperada, por insegura, por inquieta.

Hoy no soy para nada fuerte, me acabo de desarmar en mil pedazos. Como cuando una copa de vidrio se cae al piso y estalla. Así, de la misma forma me caí yo. Y estoy hecha trizas en un rincón de mi casa, tratando de reencontrarme con mi mente.

Si pudiera agarraría mis cosas y me iría bien lejos. Bien bien lejos. Donde nadie me conozca, donde pueda no ser yo y ser alguien más y empezar de cero.

Ya no soy una niña, soy grande. Soy una mujer. Pero a veces soy tan vulnerable. Y me dejo llevar por la ira. Muy fácilmente. ¿Por qué? Sí, se porque. Porque sigo aplicando exactamente las mismas modalidades de defensa, los mismos mecanismos que me mantuvieron viva hasta el día de hoy como un reflejo del pasado en mis otros del presente. Esto es difícil de explicar a quienes me rodean, porque las personas son personas y tienen sus susceptibilidades y no tienen por qué pensar demasiado en si yo estoy traumada por algo o no,sólo ven que los lastimo. Y que me lastimo. Y que no paro de ejecutar las mismas acciones una y otra vez.

No soy una víctima. No quiero que me tengan lástima. Soy una persona a la que le han pasado cosas, sí, y que encuentra muy difícil visualizar el estado de equilibrio permanente para su vida. Por momentos soy muy fuerte y decidida, soy capaz de hacer cosas maravillosas. Pero también soy esto que veo ahora: una sombra, una mancha oscura con los ojos rojos e inflamados de llorar, alguien que no entiende nada de emociones, alguien que se confunde, que tiene terror, que siente dolor.

Siempre pude salir adelante. Me costó mucho, me costó menos otras veces, pero salí. Y soy lo que soy gracias a mi misma y a mi fuerza de voluntad y decisión. No soy una heroína, soy una persona más en este mundo difícil.  Busco caminos, me abro paso, me caigo y vuelvo a levantarme. Como todos.

No es sencillo manejar todo al mismo tiempo. Y aunque trate de ubicar la energía del lado que me favorezca, a veces no puedo y todo sale al revés.

Siento que me quedo sin aire, que no doy más, que quiero quitarme de encima este cuerpo y esta mente y entregarme a la paz. Esa paz que tanto busco en formas tan diversas, que tanto anhelo y no consigo, que tanto daño me causa, que tanta ira me hace acumular.

Hoy soy apenas un 10% de mí. Veo todo muy oscuro, no hay esperanza, no hay nada. Y aunque se que mañana siempre sale el sol, no puedo esperar. No quiero dormir, no quiero soñar con nada, no quiero que pasen las horas. Solo puedo estar acá, estancada y quieta. No quiero moverme.

¿Qué hago? ¿Qué tengo que hacer? ¿Cuándo llega el principio para mi?

Yo soy quien tiene las respuestas. Yo soy quien tiene que seguir buscando la forma de alcanzar mi plenitud. No sé cuanto tiempo me llevará, no sé si lo conseguiré. No sé en qué estado llegaré.

Hoy aprendí una lección: no se puede decir lo que a uno se le ocurra decir sin pensar, no se puede explicar lo inexplicable y pretender ser entendido siempre. Hay que aguantarse el dolor, hay que saber frenar, callar y meditar.

A partir de hoy hago un pacto de sangre conmigo misma.

A partir de hoy, nada es igual.

No hay comentarios: