jueves, 7 de julio de 2011

Toda mi vida en una caja

No hace frío. Al menos no en la calle. Quizás hay un poco de viento en mi corazón. No es una brisa ni es un huracán. Pero se mantiene firme e insistente.

Hoy a la mañana tomé una banqueta y trepé en busca de esa caja que guardé en la parte superior del placard hace tiempo. Ahí donde van las cosas que no quiero tirar, pero que tampoco quiero tener a mano. Ahí donde se mezclan los viejos apuntes de la facultad, con algunos juguetes de cuando era niña y el arbolito de navidad.

Abrí la caja. Tenía olor a humedad. Igual que mis recuerdos.

Muchas veces me pregunté por qué me cuesta tanto recordar. Hay años de mi vida que no recuerdo, o tengo memorias mezcladas, atemporales. Quizás elegí mantener esta distancia con mi pasado. Y borrar de mi mente algunos momentos. Pero siguen allí, lo se.

En mi caja conservo pequeños objetos que significan grandes emociones. Que personifican a quienes amé y amo mas. Son mi tesoro escondido.

No tengo una familia pudiente. No somos ricos ni nunca lo fuimos. No me han dejado tierras, ni herencias monetarias, ni tampoco joyas. En mi casa no hay alcancías con monedas ni billetes ahorrados ni tampoco valiosos bienes para vender. Pero sí hay mucho amor. Y cada uno de quienes se han ido, marcaron mi vida de alguna manera. Y los que todavía están, también lo hacen. Me enseñaron a mirar la vida de distintas maneras, me mostraron ejemplos y contraejemplos, me escribieron frases en el corazón que no me olvido. Me brindaron las herramientas para ser quien soy, con mis defectos y mis habilidades, mis debilidades y fortalezas, mis locuras y mis aciertos.

En mi caja está la pequeñisima muñeca a la que le falta una pierna y casi no tiene pelo, "La Chiquitita", mi preferida en las tardes con mi bisabuela, mientras ella tejía la ropa para mis Barbies con su aguja de crochet y yo le charlaba sobre mis vida de 7 años; la regla de 10 cm que me regaló mi papá, con unos perritos que van en un Kayac y son tridimensionales, reman cuando la muevo; un sacapuntas de Mickey que me regaló mi abuelo, vino en una caja con otros sacapuntas y otros útiles escolares; un prendedor del mundial ´78 de mi tio Daniel, que guardaba en su cajón y también la cruz plateada que lo acompañaba en su vestimenta; un espejo de plata con mango que me regaló mi abuela cuando tenía unos 14 años; los dibujos de mi tía Sandra y los mini lápices negros que me regalaron con Daniel, las cartas de mi mamá Alejandra...

Mi vida está en esa caja y si ocurriera un evento catastrófico y solo pudiera llevarme algo conmigo, esa sería mi elección.

Porque podría empezar en cualquier lugar nuevamente sabiendo que han existido y existen personas tan maravillosas a mi alrededor.

Porque aunque a veces me sienta sola, no lo estoy.

No hay comentarios: