lunes, 18 de julio de 2011

Trastornada (muy)

Tanto que ni siquiera puedo comenzar a relatar lo que me pasa.

Estoy parada en el extremo más cercano al fin de mi misma. Casi cayéndome. ¿Qué me está pasando? ¿Qué estoy haciendo?

Atormentada por los pensamientos, incapaz de detenerme y brindarme un poco de paz a mi misma. Insatisfecha con mi realidad, obstinada con mis deseos imposibles, obsecuente a mi debilidad. Insistente, obsesiva, fanática de explorar en mi misma, queriendo encontrar explicaciones racionales a lo que me ocurre, sin saber exactamente qué es. Necesitada de estabilidad. Desesperada por recuperar la tranquilidad.

Hace semanas que me siento así. Me voy acomodando, sobreviviendo. Pero, ¿hasta cuando?. ¿Hasta cuándo podré sostener esta farsa?

Vivo atormentada por mis propias decisiones conscientes, me someto a juegos de lo más sádicos. Parezco disfrutarlos. Atraída a tanta complicación, no sé disfrutar de cuestiones más simples. No me animo.

Estoy acorralada por el miedo. Paralizada por no saber qué será de mí, quién estará a mi lado incondicionalmente. Me la paso ignorando este sentimiento de falta de cariño permanente, haciéndome la fuerte y la superada. Me creo mi papel de mujer todopoderosa, no quiero ceder, no quiero desintegrarme. Ni mucho menos admitir que la soledad me está consumiendo.

Creo que estoy enloqueciendo. Lentamente. Me hundo muy despacio dentro de mi propia cárcel de máxima seguridad, alejada de todo, alérgica a recibir nuevos caminos, caprichosa para con mis fantasías...

Golpeada por las imágenes de la realidad, que me sacuden a cada minuto y me empujan hacia atrás. Castigada por el tiempo que no tengo para vivir con plenitud mis falsos sueños. Con las manos llenas por unos minutos y el alma vacía por el resto del día. Con el corazón acelerado por disfrutar del poco espacio que puedo compartir, que no es suficiente, que me deja pensando. Pensando aún más y lamentándome más por haber elegido un ideal que no existe, que no tengo, que no es mío. Que no me pertenece, pero me pertenecería si estuviera en otra vida.

Dolorida por tanto camino recorrido y tantas batallas peleadas y perdidas. Por tantas heridas que no sanan, por tanta piel curtida sin resguardo ni cobijo. Cansada de continuar mi marcha siempre pendiente del próximo ataque, sin un arquero fiel que me alivie el paso, a quien ceda presiones, quien me ayude a salir adelante. Empujando una carga pesada, sin poder compartirla. Sin saber si algún día habrá en mi camino alguien que me tome de la mano y elija caminar conmigo.

¿Qué hice mal? ¿Qué no hice? ¿Qué debería haber hecho distinto? ¿Por qué ahora estoy tan enojada, tan disconforme, tan sensible? Estoy peligrosamente vulnerable. Hoy me pueden vender una arco iris.

Y no quiero ni la luna ni las estrellas. No me importan, no pretendo promesas ni palabras lindas. Ni metáforas ni comparaciones ni superlativos. Quiero acciones concretas, quiero realidades. Quiero tiempo, caricias, risas y abrazos. Quiero día tras día, hora tras hora. Quiero hablar por las tardes, los fines de semana. Disfrutar de una siesta, un café con tostadas. O leer en el diario el horóscopo para mañana.

Ya no sé en qué creer, se me acaba la calma.

¿Alguien podrá consolarme mañana?

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