miércoles, 31 de agosto de 2011

6 a.m.

No estoy insomne. En realidad es todo lo contrario: me desmayo de sueño.
Pero estoy sentada estilo indio en un pasillo del hospital, con un cafe espantoso pero muy necesario sobre mi regazo y un paquete de galletitas, q completa mi desayuno.
Me desperte a las 5 a.m. Si no me muero hoy, no me muero mas. Ahora q lo pienso, ya dije muchisimas veces esa frase y aun estoy en la tierra de los vivos (o eso creo), asi que se ve que todavia me queda hilo en el carretel.
El tema de la energia viene aparte, y ya se que se transforma y bla bla, pero hablando en terminos practicos, la mia esta cerca d su extincion.
Odio este hospital, me trae recuerdos horrendos. Y en este momento tengo un deja vu... Me veo asi, sentada en el pasillo del cuarto piso, en medio d la madrugada, comiendo galletitas Club Social de la maquina de snacks, fumandome un cigarrillo e intentando leer mis apuntes de la facu. Llorando a veces...
Pero claro, son cosas que pasa en la vida de las personas y lo importante de aquello es que hoy sigo aca, entera y relativamente cuerda, viviendo mi vida como puedo. Y con experiencias acumuladas que me hicieron y me hacen la mujer que soy.
Hace un rato se me habia dado por pensar que ya tengo 31 años (bueno, dentro de un mes) y que no tengo un compañero a mi lado. Entonces me autogenere una novela bien dramatica, en la cual fui victima y llore. Por suerte mucho no me duro, pero si lo suficiente para replantearme mi vida en 30 minutos. Hmm, a ver.
He tomado decisiones que hoy me dejaron parada exactamente donde estoy. Y sigo tomando decisiones que van configurando mi dia a dia. Entonces, por que me lamento por algo que es lo que estoy eligiendo? Estoy conscientemente eligiendo no tener un compañero. No deberia lamentarme por eso.
Lo que pasa es que me confundo cuando estoy fragil, cuando llegan esos dias en los que la soledad desespera y pesa. Que coinciden con mi periodo pre-menstrual, asi que tampoco es tan grave.
Pero tengo que reconocer que a veces la realidad me azota con cachetadas gratuitas y me hace sentir una desubicada, una "rara", una "anormal".
Como que todavia no tengo hijos? Como no vivo en pareja? Como no me importa tener un compañero para que me lleve a pasear, me de amor, me cuide? Como, entre tanta gente conocida que tiene una familia, que sale con otra gente que tambien tiene una familia, que se juntan con sus hijos, que los domingos van a la plaza, que cuando llegan a sus casas despues del trabajo tienen quien los reciba y con quien irse a dormir confortablemente abrazados, como, como yo no?
No se. Como dije antes, habran sido las decisiones que tome, las que no tome, un poco de suerte diferente, de mala suerte, de buena suerte, el destino, el karma...
Sea cual sea la respuesta, asi estoy hoy.
Y no escribi todo esto a modo de queja o de discurso de autocompasion. Sino a modo de reflexion. Porque esta bueno de vez en cuando parar el mundo y escucharse.
Tengo que admitir que me encuentro algo temerosa. Como sobrecogida por la incertidumbre... Y confundida.
Sigo despierta. Ya son casi las 7.
Al menos, todavia respiro...
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Tentada

Estoy tentadisima de escribir una pila de verdades que siento atravesadas en la garganta y me impiden respirar con tranquilidad.
Verdades sobre mi, verdades sobre otros. Sin pelos en la lengua.
El tema es: si hago eso, es muy posible que me quede sola como un hongo. O no. Puede ser que algunos comiencen a respetarme mas. Quien sabe. Igual, tengo codigos. Y no los rompo aun estando furiosa.
Han sido dos dias terribles.
Pero yo soy muy fuerte, soy una mujer con todas las letras y orgullosa de ser quien soy. No me comparo con ninguna otra, no me hace falta. No me preocupo por lo que otras hacen o tienen, celebro mis decisiones y mi resiliencia. No miro con envidia ni compito ciegamente, no lo necesito, estoy muy segura de mi misma y de quien soy.
Y hay tantos a los que les gustaria ser un poquito como yo, hay tantos que desearian tenerme a su lado de aliada, de compañera... Hay tantas otras que son tan comunes, tan basicas, que solo saben de algo y creen que eso es todo...
Un espectaculo circense, casi una arena romana.
Prefiero seguir siendo el gladiador que lucha por sus ideales y se desangra siguiendo sus principios; a ser el gordo soberbio del emperador, comiendo uvas desde el palco, con su libido confusa contenida, histerico y altanero, subiendo o bajando el pulgar a la vida de otros.
O Cleopatra: sensual, peligrosa, poderosa, persuasiva, quien pudo contra Roma y conquisto el corazon de aquel que era el mas fuerte... El mas habil... El mejor...
Estoy mas que tentada de decir mis verdades.
Pero hoy no.
Me lo guardo para la proxima batalla.
Comiencen a temerme.
Esta guerra es mia.
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lunes, 29 de agosto de 2011

Yo corro, tu corres...

Nosotros corremos. Detras de que? De sueños, si. Del colectivo que se nos va, para escapar de la lluvia... Sisi, ok, todo muy lindo. Pero a lo que me refiero es a que todos hemos corrido, corremos o correremos detrás de un "otro".

Y no hablo solo de corridas literales (sí, por supuesto, yo corrí más de una cuadra alguna vez detrás de alguien, llorando patéticamente al mejor estilo novela de Televisa....), sino de corridas mentales, que son iguales de inútiles.

Hoy me levanté con ganas de no contener verdades, asi que ahí vamos. En realidad, voy a decirlas a medias porque es probable que me meta en problemas, a la gente no le gusta escuchar verdades, se vuelven hostiles. Y yo tengo muy pocas ganas de soportar comportamientos hostiles, asi que quien quiera oir que oiga y se haga cargo.
No se puede vivir corriendo detrás de un "otro". Dependiendo de un llamado telefónico, un mensaje de texto, una cita o un e-mail. De las ganas que el otro tenga de hablar, de comunicarse, de entender, de compartir, de estar. Del humor que tenga, de si decide que lo que yo digo es relevante o no, de si tiene ganas de gritarme y decirme con palabras hirientes lo que puede decirse de otra forma. De histeriqueos, vueltas y enredos. No se puede estar pendiente de todos esos factores todo el tiempo para entablar un mínimo de rapport. Una pizca de empatía. 


Stop running. Todo lo contrario a Forrest Gump.

Aca en este mundo todos somos imprecindibles solamente para alguien único: nosotros mismos. Y no, no estuve leyendo a Osho. De hecho pienso que si uno no nace oriental, es bastante inútil querer entender un estilo de vida, cultura y filosofia milenaria. Una aspiración tremendamente pretenciosa eso de volverse "zen" con unas clases de yoga... Nacimos occidentales. Neuróticos, impredecibles, irascibles, fastidiosos, nerviosos, acelerados... Bánquensela.




De todos modos, y volviendo al tema, he decidido dejar de correr detrás de "otros". No tiene sentido. Porque cuanto más corrés, más te alejás. Es así. Si uno quiere acercarse a alguien y ese alguien no nos quiere cerca, entonces, ¿qué mas da? Y no me dan ganas de seguir intentando nada con alguien que no me valora. Que ni siquiera me escucha. 


Evidentemente, de tanto correr me olvidé para qué corría. O mejor dicho, la visión se fue deteriorando, probablemente por tanto sol de frente. Que no me dejaba ver la verdadera sombra que perseguía. Esto es así, no se puede ser políticamente correcto todo el tiempo. La vida nos planta elecciones permanentemente y es en el campo de batalla donde se ven los verdaderos aliados. Y también, las jugadas sucias. Y los enemigos. 


Por eso es importante saber detrás de qué corremos. O de quien. 


Y la mejor opción siempre es, definitivamente, correr sólo detrás de uno. Ni siquiera detrás, sino delante. Siempre por uno y para uno.


Así que hoy me despido de todas las carreras que no me llevaron a nada. 


Me llevo desilusiones y tragos amargos, imágenes que idealicé y resultaron ser frágiles piezas maleables. Que se rompieron. Me guardo los cristales en una caja para tenerla a mano siempre y mirarla cuando se forme alguna otra nube con formato humano, y esté tentada de correr detrás de ella. Para recordar que no todo lo que reluce es oro. Y que no se puede correr detrás de formaciones de humo... 


Porque se desintegran...


Y en su lugar queda lo que siempre fue: la nada.





domingo, 28 de agosto de 2011

Enroscada

Así soy, enroscada. Eso quiere decir que le doy demasiada vuelta a todo. Que me engancho a pensar en  cuestiones que obviamente después de un rato pasan a tener muy poco sentido y que me genero sentimientos en respuesta: odio, asco, compasión, etc.

Los enrosques vienen acompañados, o mejor dicho, nacen, con aquellas personas o situaciones que no tolero. O que me molestan. O que me intoxican el aire que intento respirar.

Vamos con algunos ejemplos:

- Los inadaptados sociales que tienen la música a todo volumen y nos obligan a todos a escuchar lo que ellos quieren cuando ellos quieren. Me vibran los vidrios de casa al ritmo de selecciones musicales espantosas y de pésimo gusto. Mi enrosque llega a tal punto que soy capaz de ir y tocarles el timbre, hacerles pasar el peor rato de su vida y luego volver a mi departamento. O llamar al 911. O al administrador.

- Los otros inadaptados sociales que se la pasan haciendo ruidos a horarios inapropiados. Domingo, 4 pm. Cuando uno intenta hacerse una siestita, deciden taladrar, martillar, correr muebles, o, en el peor de los casos, hacerse una escena hot auditiva. Más contaminación mental, más enrosque, más ganas de hacer justicia por mano propia.

- Los que estudiaron carreras universitarias sin sentido práctico alguno y se creen que tienen un doctorado en Oxford en Física Cuántica. Puedo prescindir tranquilamente de esas "profesiones" fantasmas, Google todo lo sabe; y para lo que saben esos "expertos", me quedo con el buscador. No voy a mencionar con detalles a lo que me refiero, pero es un hecho: no solo estudiaron contenidos inútiles, sino que está plagado, PLAGADO de "profesionales" como ustedes. Mi enrosque hace que los desprecie, porque quieren hacernos creer a todos aquellos que tenemos una pizca más de gracia que ustedes, que somos unos fracasados. Jaja, si todo fuera una carrera universitaria "plástica", ¡que fácil sería la vida!.

- Los que se piensan que se las saben todas y les falta comer más galletitas y tomar más leche que a un niño de 3 años. A ver si nos entendemos: mi enrosque es furioso pero ustedes son patéticos. Con sus chismecitos y sus actitudes de adolescentes en colegio secundario me tienen harta. Muy harta. ¿Realmente se piensan que yo no me doy cuenta, que soy tan inocente, que soy tan buena? Con sus caritas de "soy super buena onda" y sus cuchillos afilados listos para asesinarme por la espalda, los conozco más que Mary Shelley a Frankestein.

Bueno, esos fueron solamente algunos ejemplos para que conozcan mejor mi enrosque.

Y para que aquellos que se ajustan a mis descripciones anteriores y colaboran con mis furias poco contenidas y mis enredados pensamientos, sepan que los conozco y ni siquiera se atrevan a respirar cerca mío.

Soy enroscada y genialmente inteligente.

Linda combinación, ¿no?

Sospechosamente segura de mí

Hace días que me siento superpoderosa. Algo no está bien. Me da miedo, porque cada vez que estoy en la cima del Everest, en algún momento me resbalo y caigo estrepitosamente y sin amortiguador. De cabeza a la nieve, no pudiendo evitar un traumatismo de cráneo severo que me deja con menos ideas que antes. Bueno, con ideas de las buenas, porque las sin sentido se me ocurren con o sin traumatismo. Y se renuevan.

La cuestión es que voy terminando agosto a toda velocidad, en quinta non stop. Y me siento demasiado feliz últimamente, algo que no es característico en nosotros, los personajes oscuros y tristes que caminan por las calles pensando en los problemas de la vida y con una nube de lluvia sobre la cabeza. Sigo asustada, este cambio que está produciéndose en mí, ¿será sedentario o nómade?

Hace ya muchos años que intento analizar mis estados de ánimo y de encontrar explicaciones a mis cambios de humor, a mi realidad y a mi fantasía. Todo acompañado con una dosis soberbia de dramatismo y extremos  imposibles de reconciliar, puntos límites lejanos. Y unos toques de pesimismo y mala suerte...

Ahora que lo pienso, no sé si de tantas caídas de la cima y tantos traumatismos, con la última (que me dejó enterrada bajo más de 8 pies de nieve, frío, lágrimas y pañuelos descartables) finalmente llegó la iluminación.

"Jimena: no pienses más de más. Basta de analizar todos los discursos, basta de querer entender. ¿Cuál es el caso igual?" - el mensaje se hizo claro en mí, como una señal divina tangible de Zeus.

No hay ninguna realidad sustentable, es absolutamente irracional. Ni siquiera sé si esta realidad que veo es realmente real: ¿mi realidad se configura a partir de los que otros creen que también es su realidad? Entonces estoy complicada, porque mi realidad la voy armando muchas veces para mi conveniencia, y así es como seguramente estarán actuando el resto de los que me rodean. Entonces ¿hay 1 realidad? ¿o hay varias? Que se yo, no tengo idea. Pero acá lo importante es que si de querer entenderla y analizarla surgen en mí aún más dudas e inseguridad, más desatinos....entonces es preferible dejar de lado esa técnica.

Y no estoy diciendo, "ignoremos la realidad, vivamos en nubelandia". No no. Simplemente estoy diciendo: vivamos la realidad sin querer entenderla todo el tiempo, simplifiquemos en vez de complicar. Si hoy leo un mensaje tuyo que dice "No tengo ganas", ¿para qué voy a estar pensando el por qué?. Listo, tomo las frases literales, como vienen, y no me hago problema. Si hubieses tenido ganas de decirme el por qué, lo hubieras hecho. Si elegiste esas tres palabras y las combinaste en esa oración enigmática, por algo será. Y yo no rompo códigos para la CIA así que ¿para qué intentar descubrir un mensaje subliminal en donde quizás no exista?

A eso me refiero cuando digo que empecé a pensar menos. Y por alguna extraña razón, este movimiento de estrategia me trajo una capa de seguridad mucho más útil que la de invisibilidad de Harry Potter. Seguridad en mí, en mis decisiones, mis palabras y mis pensamientos. Como si el miedo se hubiese retirado. Unos metros.

Igual, estoy con la bandera roja de aguas peligrosas. No me voy a convencer de la veracidad de este estado hasta que no lo vea prolongarse y sostenerse en el tiempo.

Por ahora, disfruto de esta etapa. Con precaución...


Pese a que estés seguro, muéstrate dudoso.
Philip Dormer Stanhope





jueves, 25 de agosto de 2011

La inconstancia me mata

La propia y la ajena. La del mundo que me rodea, tambien.
No soy ejemplo para hablar de ser constante, pero vamos!, es la regla de oro "haz lo q digo pero no lo q hago".
En fin, la cuestion es que como nada es estable, nada sigue un ritmo levemente predecible, la freuencia con la que piensa mi cerebro se sobreexige permanentemente y termino burnt out. O sea, quemada. Si alguien hace una caricatura de mi, haganla con humito saliendome de las orejas. Porque asi estoy.
Quizas el problema radica en querer encontrar explicacion a todos los eventos que me rodean. O a los que me pasan de costado. O a los que me pasan por encima. O mucho peor, a querer desentrañar la rarez de la especie humana, descomplejizar la enmarañada trama de personalidades y armar un identikit o perfil criminal de aquellos que, quiera o no, existen y me hablan.
Siempre lo supe, pensar demasiado esta bueno, pero tambien es una sobredosis de imagenes a colores de alta definicion que puede matarme. O dejarme ameboide.
La inconstancia es, creo yo, una caracteristica del tiempo en el que vivo. No hay promesas que resistan, ni pactos de sangre ni juramentos de lealtad. Ya no. Si no esta por escrito, no existe. Si no lo firme, no tiene validez. Si no lo veo, no lo creo.
Y si puedo negarlo, mucho mejor. Una, dos, tres, las veces que sean necesarias. Al final, Judas era un pobre tipo. Y un visionario.
La tierra tiembla con cada paso que estos conjuntos de genes, carne y huesos dan, me incluyo.
Espero que cuando me caiga a una cienaga, algun Judas se apiade de mi y me tire una soga para salir...
Y sino, que la inconstancia me mate.

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martes, 23 de agosto de 2011

Fanática de todo (bueno, casi todo...)

Es increíble cómo me fanatizo rápido con todo. Bah, con todo no, pero hay cosas que me entusiasman y una vez que comienzo a tomarles gustito, ya no puedo detenerme.

Prueba viviente: mi blog. Comencé escribiendo sólo para comentar mis libros favoritos, y acá estoy, contando mi vida día a día y con cientos de seguidores que me quieren, me escriben y comparten sus experiencias conmigo. Y como descubrí que escribir es una pasión y una terapia, ya tengo tres capítulos redactados de mi libro, aquel que prometí esbozar hace tiempo y fui postergando hasta este fin de semana. Wow, me asombro de mi misma. Un "postergado" menos. Una batalla ganada.

Me asombro también de cómo hay días en los cuales estoy más hundida que el Titanic y cómo hay otros en los cuales son Tinkerbell, pero morocha. Brillo y brillo sin parar, soy creadora de obras de arte propias, y en mi estilo tan peculiar. A esta altura pienso que esto de los cambios drásticos de humor-estado anímico tiene que ver con mi búsqueda permanente de la estabilidad emocional.

¿Qué es "la" estabilidad emocional? Para mí es justamente eso: no vivir en una montaña rusa, sino más bien en  un autito chocador. Prefiero darme unos cuantos golpes de frente, de costado o de atrás, pero no seguir subiendo y bajando en picada, porque aparte, le hace mal a mi estómago.

Claro que no sé si en algún momento esa ansiada estabilidad llegará a mi vida. Ni siquiera sé si llega a la vida de alguien alguna vez. Es que nada es perenne, todo se termina. Y todo cambia, todo se transforma. Ya no hay palabras ni acciones definitivas, lo que hoy amamos, mañana lo odiamos y lo que nos provocaba placer, ahora sólo nos genera repulsión. Rompemos tan rápido aquellos cristales que pagamos tan caros, en una fracción de segundo la escultura de diamantes se rompe y nosotros bailamos sobre ella, con los pies ensangrentados y el corazón saliéndonos del pecho, desencajados, enajenados... pero felices, sintiéndonos eufóricos, llorando luego... lágrimas derramadas por sensaciones que ya no existen, brazos fríos sin receptores, ojos perdidos, sueños rotos... Nuevos amaneceres con rostros renovados, sabores atractivos, nuevos planes, nueva vida... Todo lo que conocemos hoy, puede cambiar.

Entonces no sé bien qué es la estabilidad. Pero estable o no, soy una fanática apasionada de aquello que voy descubriendo me sienta bien y me da satisfacción.

Otro ejemplo: mis uñas. Todos los fines de semana mi madre se encarga de esculpirme un nuevo diseño, y cada vez me animo a algo más y más extravagante. Como yo. Va con mi personalidad. Brillos, diseños con  esmalte, con polvos, con acrilicos, con apliques... Me hacen sentir aún más única.

Y sí, la gente me mira en el colectivo. Mira mis uñas, me mira a mí. Mira mis uñas de nuevo, me vuelven a mirar. No me miren más señores, esto es así: tengo uñas super largas esculpidas, adornadas y brillantes. Llevo el cabello semi corto, planchado o con bucles, con mechas blancas, que no son canas, son mechas. Los ojos delineados arriba y abajo con negro bien dark, estilo egipcio, párpados dorados-cobrizos y mucha máscara de pestañas. Labios color durazno con glitter natural. Iluminador facial, iluminador de ojos. Aros argollas plateados. Anillo enorme negro en una mano, anillo de ojo de Horus en la otra. Calzas negras con medias hindi, botitas con reborde escocés, remerón gris, top debajo negro. Cardigan, bufanda, montgomery y boina. Y guantes cortados. Cartera negra o mochila. Ipod shuffle violeta. Windows phone en la mano.

Hola, si qué tal, soy yo.

Fanática de la moda, de la música, de las uñas, de escribir, de Egipto, de la historia, de Internet, del maquillaje, de Jared Leto, de los tatuajes, del canal SyFy, de los documentales del History Channel, de mi Mini HP pink, de dormir, de New York, de bailar música electrónica, de Lady Gaga, de tomar Nesquik con Zucaritas, de Jurasic Park, del poker, de la Pepsi Light, de viajar, de Game of Thrones....

Y principalmente, fanática de mí.




sábado, 20 de agosto de 2011

Basta, se terminó

Ya es hora de dejar la fantasía de lado y asumir la realidad. Basta de creerme historias inventadas, preciosas y muy comprables, pero irreales. Basta de someterme a pensamientos que bordean el atentar contra mi misma y mi vida, tanto física como mental. Basta de tolerar situaciones que me rebajan, que me quitan mi lugar único en esta vida, que me desintegran y carcomen el alma. Basta de vos, basta de esto, basta de todo lo que me hace mal.

Hoy me arriesgué, porque sigo siendo una débil muchas veces, a preguntarte si me extrañabas. Me dijiste que sí. Que no extrañabas mis locuras, pero que el resto sí.  Entonces fui un poco más allá y te pregunté, siendo doblemente frágil y en un día en el cual la soledad me pesa y veo fantasmas, si alguna vez íbamos a estar juntos de nuevo o si nos íbamos a quedar así separados. Me contestaste que no sabías.

Entonces, me extrañas a medias y no sabés si querés estar conmigo. Soy malísima para analizar discursos, pero creo que ya está. No tenés más nada que ver conmigo. Eso ya lo sabía, la decisión habia sido tomada por mí hace un tiempo ya. Pero escucharte decirlo, es raro. Y hoy por hoy, con todos los acontecimientos que me están sacudiendo desde estas últimas semanas, otro motivo para sentirme herida.

Se acerca el domingo y yo estoy con las defensas por el piso. No solo por la tos, sino porque tengo 3 flechas clavadas en mis alas, que me impiden despegar. Esto me preocupa, pero sólo levemente. Ya me las voy a arrancar y volar bien lejos.

Pero tiempo al tiempo. Primero, pienso cuál quito primero. Luego, me encargo de sanar la herida abierta y de que no se infecte. La cuido. Un tiempo me va a llevar. Hasta que comience a cicatrizar. Cuando vea que estoy totalmente curada, no habrá impedimentos para saborear el cielo. Por ahora estoy en el proceso de curación.

Y me animo a pararme y decir basta. Basta de revolverme en una batidora de crema de chocolate donde todo es dulce e inocente. Vos no me querés, punto. O me querés, pero no hacés nada por tenerme. No te importo tanto. Ya no. Vos no me elegís, no me sentís más. Punto. Eso es realidad.

Y también es realidad que digo basta a esta parte de mí que se muestra como una pobre víctima de las circunstancias y que llora desconsoladamente por los rincones. Que sin Prozac no existe, que no duerme ni come. Basta de lamentarme por lo que no fue, por lo que no es ni será. Basta de pensar compulsivamente en algo que no tengo ni tendré. Basta de sacar conclusiones, de sentir presiones, de hecharme culpas, de dejar de hacer lo que me gusta y quiero, cuando quiero y lo siento. Basta de privarme palabras y de vivir controlada por el miedo.

Es hora de tomar las riendas de mi vida, antes de mis 31 años. Es hora de demostrarme a mí misma que sí puedo, que sí soy fuerte y que sí soy una gran mujer.

Basta, se terminó.

Hoy me niego a continuar en este sucio y lamentable lugar en el que me escondo desde hace unos días.

A partir de hoy, acostúmbrense.

Aquella que era yo, la que daba lástima, no está mas. Se cansó. No está más.

Traten con esta otra parte de mí. Puede no gustarles, lo sé. Ahí está la puerta. Sigan su camino si ese es el caso.







jueves, 18 de agosto de 2011

Paria de mi misma

En las castas menores hindúes, un "paria" es una persona sin derechos. Lo mas bajo a lo que se puede llegar en la escala social. Un indigente, un sin lugar, un desarraigado. Sin destino ni sueños. Un intocable, por representar una persona impura y vil. Alguien que seguramente de niño anhelaba ser un héroe, o un gran doctor, o un gurú al que todos seguirían como líder espiritual... Alguien que por nacer en una determinada casta social, terminó no teniendo su propio lugar en el mundo, sin siquiera pensar en la posibilidad de aspirar a pasar a otra suerte en el transcurso de su vida...

Lo mio no es tan grave, pero por momentos siento que soy una paria de mi misma. Alguien desarraigada de mi propio ser, sin un camino claro, con sueños mezclados y necesidades a medias.

Creo que a medida que van pasando los años este sentimiento se intensifica y refuerza en mi. Estoy a punto de cumplir 31 años y siento cómo la lucha entre establecerme en mis creencias y girar armónicamente en mi centro se desata y arremete contra mis arranques de locura, rebeldía y manías.

Sigo siendo tan distinta a todos y todas... por más que lo intento, no encajo. Intento disfrutar de cuestiones más "normales", de charlas, de reuniones... pero no puedo, no me sale. O sea, lo hago. Pero me encuentro a mi misma autoanalizando mi postura en el momento, como si mi cuerpo estuviera ahí, sentado o parado, charlando con alguien de lo más natural, pero mi mente se encontrara ausente, observando críticamente y desde una postura de lejanía total. No logro conectarme plenamente y hasta podría decirles que hay muchos momentos en los cuales estoy incómoda.

La pregunta es ¿por qué? ¿Por qué me incomodo cuando me toca "mezclarme" con el resto de la humanidad? ¿Por qué me cuesta tanto ceder? ¿Realmente soy una eremita? ¿O tengo un trastorno esquizoide de personalidad?

Por suerte no soy socióloga, ni médico ni psiquiatra. Pero tengo Google a mano siempre, y me puedo autodiagnosticar con miles de patologías distintas. Algo que por supuesto no está bien, pero mata la curiosidad. O la incrementa. O la inquieta.

Sigo sintiéndome lejos de mí.

"Cuando crezcas, descubrirás que ya defendiste mentiras, te engañaste a ti mismo o sufriste por tonterías. Si eres un buen guerrero, no te culparás por ello, pero tampoco dejarás que tus errores se repitan" Paulo Coehlo



martes, 16 de agosto de 2011

Buenos Aires tiene ese qué se yo...

Así es mi ciudad. Tiene sus calles alborotadas de gente que corre contra el reloj, placitas llenas de bancos dispuestos a escuchar las más divertidas o tristes conversaciones... Bares en cada esquina, llenos de aromas e historias de amores perros y berretines. Taxistas con  creencias políticas extremas y consejos de psicología barata... Todo en Buenos Aires tiene un toque mágico, especial. Encantador.

No hay rincón de la ciudad que yo haya pisado en el cual no haya también dejado un recuerdo. Mientras camino, o desde el colectivo; voy trayendo a mi memoria aquellos momentos en los cuales estuve en esas calles, esquinas, negocios, paradas de bus, rincones perdidos; y se asoma en mi rostro una sonrisa, o se me escapa una lágrima, o destilo un poquito de bronca... Puedo cerrar los ojos y volver el tiempo atrás y reproducir exactamente aquella escena que marcó parte de mi vida. Y ahí se queda. Y ahí se quedará.

No habrá tiempo ni distancia que impidan que cada vez que pase por aquellos sitios, vea una foto o una postal, automáticamente los relacione con aquellas experiencias vividas. Que son las que arman mi vida. Esta vida que por momentos no entiendo, que me pasa por encima y me deja casi muerta, que se muestra complicada, que me confunde, me sacude, me llena de alegría o me hace fumar como un escuerzo bajo la lluvia y el frío, con el corazón desolado pidiendo amor a gritos...

Buenos Aires y yo tenemos secretos, hay parajes que solo nosotros conocemos, que construímos y buscamos, que son nuestros, que son refugios señalados para esconderme del resto de los porteños... donde nadie me conoce, donde nadie me encuentra.

Si pudiera volver el tiempo atrás y tener la posibilidad de elegir nuevamente los pasos a seguir en mi vida, no sé, creo que no cambiaría nada. Porque si hoy estoy en la situación que estoy es porque se han ido acomodando las fichas en mi tablero de juego de esta forma, porque hay caminos que se abrieron y otros que se formaron. Otros que se están uniendo. Porque se armaron estrategias inconscientes y otras que conscientemente modificaron la dinámica por completo y me hicieron patear todo y volver a empezar.

Y no me quejo de mi presente. Me gusta. Estoy cómoda. Mejor dicho, estoy acomodándome.

Y definitivamente, esta ciudad me ayuda a hacerlo. Sí, de acuerdo, muchas veces la maldigo. La critico, la juzgo, la comparo despiadadamente con el "primer mundo", la desprecio y la niego. Pero la amo. Y cuando estoy lejos de ella, no puedo evitar llorar. No importa si me voy una semana, un mes o un año. Cuando en el avión veo la pantalla que me muestra la ruta de vuelo, y estoy de nuevo sobrevolando Argentina, esa sensación de seguridad, de estar en casa, de tranquilidad; es inmensa. Y no importa cuán cansada esté, vuelvo a sonreír y a llenarme de energía.

Sí, me gustaría vivir en New York. Sí, fui feliz allá y seguramente lo sea siendo parte de la ciudad que nunca duerme. Es mi sueño y lucho por concretarlo día a día.

Pero mi ciudad es mi ciudad. Y sus rincones estarán para siempre en mí. Me llevo sus fotos silenciosas en mi corazón, las capturo en mi álbum de vida. Y lo ojeo siempre que quiero, siempre que lo necesito. Sólo tengo que abrir la puerta de casa y comenzar el viaje hacia mis recuerdos, hacia mis momentos más preciosos y mas temidos.

Esta es mi vida, esta soy yo. Esta es mi configuración social, mi sentido de pertenencia y mi individualidad compartida. Mis mensajes implícitos y mis complicidades. Mis anhelos y mis tardes de deseos pedidos frente a fuentes repletas de monedas y a tréboles arrancados por pasión o por reprobación. Mis lágrimas derramadas, secadas con servilletas de bares en los que dejé parte de mi alma y mis pies cansados de bailar noches enteras al ritmo de música pagana en tantas guaridas y recitales. Mi voz ronca de gritarle a mi suerte, con el viento en contra, frente al río, y la boca seca de besos y llena de temores.

Nuestras tardes de invierno, congelados pero vivos, tan vivos y felices, tantas sonrisas, tantos abrazos. Nuestras mañanas de verano, bajo el sol de un día distinto, conociéndonos, disfrutando de nuestra mutua compañía.
Nuestra primavera que no fue y nuestro otoño largo y enrevesado. Donde nos odiamos y perdimos, nos separamos, nos dejamos. Donde corrimos a buscarnos, nos entregamos, nos rendimos. Nos hablamos, nos consolamos. Nos cuidamos. Nos queremos.

Bajo la mirada atenta de mi Buenos Aires querido.

Donde algún día no habrá mas penas...

Ni olvidos...

domingo, 14 de agosto de 2011

Disfrutando mi irreverencia

Hace rato que los domingos dejaron de ser días tortuosos. Que bueno. Se nota que voy evolucionando con el paso del tiempo y logro controlar con el poder de mi mente los bajones depresivos (?). O quizás sea el Prozac. O ambos.

La cuestión es que ya no los sufro. Y no quiero ser optimista, pero creo que comienzo a disfrutarlos. Estoy cediendo a los días de aire, sol, amigos y actividades varias. Ojo, no dejo de ser una ermitaña. Me encanta estar en mi casa con la tele, la compu y mis libros. Pero de a poco me animo a salir "a la vida", a admitir que "allá afuera" pasan cosas aparte de la oficina.

Igual soy dura. No me entrego con facilidad. Sigue siendo un esfuerzo esto de sociabilizar. ¿Me faltará algún componente básico en mi cuerpo? ¿Será una cuestión genética?

Google dice que la genética de la conducta dice que aquellas personas con coeficientes intelectuales elevados tienen personalidades más complejas. OK, alguna vez me dijeron que soy muy inteligente. Por ende, soy una persona compleja.

Que bueno. Porque lo disfruto.

Mi forma de pensar y de actuar no se parece a la de muchos. Por momentos parece que no soy una sola, sino una multitud de Jimenas. Y mis extremos son contradictorios: puedo ser agresiva y competitiva, pero también cooperativa y comprensiva. Seguramente estarán preguntándose ¿y? ¿qué tiene esto de especial? "todos somos así". Pues no.

Habitualmente estamos educados para desarrollar sólo un polo de la lógica: "ser ordenados" y luchar internamente contra el anhelo de "ser espontáneos", "ser sumisos" y desear "ser dominantes, rebeldes". Yo no. Yo puedo experimentar un extremo y otro con la misma intensidad, no siento temor a enfrentarme a mis "polos sombríos". No hay un polo bueno y uno malo dentro de mi mundo. No me interesa vivir conforme a una imagen que desfigure mi verdadero ser.

Puedo concentrar mi energía rápidamente, o aletargarla fuera del control calendario o temporal. Soy una vívida imagen de Eros, cargada de líbido, pero también una célibe espartana que contiene sus impulsos para entregarlos únicamente en formatos exquisitamente superiores. Me muestro despierta y vivaz, y tantas veces ingenua y sorprendida ante situaciones y reacciones... Soy flexible a la hora de generar ideas, capaz de cambiar de una perspectiva a otra y también original cuando combino estrategias.

Pero muchas veces mi sentido de la imaginación y la fantasía se confunde con la realidad. Eso me hace única: mi realidad es polifacética. Después de todo, ¿qué es la realidad?.

Responsablemente irresponsable, humildemente orgullosa, ambiciosamente desinteresada y apasionadamente objetiva.

Y también, psicológicamente andrógina: cuento con las fuerzas de mi género y las del otro. Esto hace que sea terriblemente sensible, y que muchas veces me exponga al dolor y al sufrimiento. A ansiedad descontrolada y a desaires asesinos. Yo no juego a ser segura, tengo el coraje de aceptar que a veces me siento desprotegida y vulnerable.

A mí no me interesa hacer lo que todos hacen. No soy sabia ni científica. Todo saber no es definitivo, totalizante o universal.

Soy Jimena. Y estoy en constante aprendizaje.



viernes, 12 de agosto de 2011

El zoologico de mi vida, o dedicado a todos aquellos que me tienen harta.

No del todo, pero algo se me pasó el bajón de los últimos días. Es más, cada día estoy un poquito más feliz.

Pero por supuesto, hay que mantenerlo en secreto y parecer deprimido y débil, porque conozco a unos cuantos que con la felicidad ajena se vuelven mas destructores que "aquel-a-quien-no-ha-de-nombrarse". La mala onda circula y se percibe.

Sin embargo, la luz se abre paso en mi vida y yo voy cual Dorita por el camino amarillo. Pero sin ganas de llegar a Oz a ver a ningún mago, sino más bien, a cortarle la cabeza y comérmela en sushi.

Vamos a largar un poquito de veneno, porque esos seres cuasi-humanos que se creen evolucionados, pero que en realidad si los pasamos por un Scan son puro pelo y grasa, se lo merecen. El zoológico este que me rodea ni divertido es. Es una mezcla de tren fantasma con un safari por África, donde estoy solita y rodeada de depredadores. Aterrador, pero cargado de adrenalina.

Que bueno que la genética me favoreció y gozo de una inteligencia exquisita. Que malo para ellos, que ni con el mejor biotecnólogo podrían esperanzarse en conseguir una combinación de A-T, C-G más benévola. Se creen gacelas pero nacieron babosas...

Voluminoso oso mandamás, tranquilo, un día de estos te va a dar un infarto. Pará un poquito de creerte que sos Michael Douglas en Wall Street, aflojá con los anabólicos y dale más duro al arroz integral. Tus caras de Rey Leon, son de lo más parecido a Chatrán. Tu poco sentido común asusta hasta a un perrito lazarillo y tu excesiva necesidad de aprobación, agota. ¿Probaste con terapia? O podés grabarte unos mensajes aduladores y pasártelos todo el día en el Ipod, para sentirte un poquito más seguro de vos mismo. Ojo, a ver si explotás de tanto inflarte con aire. No servís, no te dá la cabeza. Inventás y mentís. Te desesperás. Y sos una nena quejosa enojada por trivialidades, que le va con el chisme a la maestra. Patético. ¿Te puedo sacar una foto? Te ganaste el premio al imbécil del año.

Ahora te toca a vos, experta en reventar sillas de carey, ¿te miraste al espejo últimamente? No sos la mejor de todas, no sabés todo ni mucho menos hacés todo bien. Sos una especie de ser humano muy joven, que se cree apta para volar alto, pero que en realidad si no la tienen con una soguita o un control remoto, no tiene ni la más mínima idea de cómo hacerlo sola. No aguanto tus modales, sos grosera, grotesca, me irrita escucharte. Y mirarte me da miedo. Sos fea. Bien fea. ¿No pensaste en invertir un dinero para hacerte algunos retoques? Porque si tu capacidad de ahorro es tan eficiente como tu ego, la gran hostia, podés hacerte nueva. Mal no te vendría...

A ese monito guapo que se piensa que está en la jaula de los mandriles paseándose como el Gran Semental le voy a dedicar unas líneas cortitas, porque seguro no va a entender un texto largo. Dudo que sepa leer. No te tengo miedo. Seguí entrenando tu paciencia, porque a mí me dicen Penélope. Y a vos cuando te agachás se te ve el trasero pelado y rojo, mandril descerebrado.

Al mono mayor tampoco le dedicaré muchas palabras porque solamente sabe rascarse la cabeza, forwardear mails y golpearse el pecho como señal de machismo, a ver si alguna mona lo mira y le hace el favor. Claro, como tu mona tiene más kilómetros que la Muralla China, se ve que tenés un rencor interesante contra el género femenino y no te bancás que una mujer sea hermosa, inteligente y estratega. Que pena que estoy en tu camino. Te puedo recomendar unos libros. Leelos. Porque cuando me termine de cansar de vos, levanto el teléfono y te destruyo.

Felinos abundan. Más peligrosos. Menos peligrosos. Deambulan. Tiran zarpazos y de vez en cuando consiguen comerse algún hueso con carne putrefacta que les tiran. No pasa nada. Con una buena escopeta y unos cuantos dardos tranquilizadores, pasan a ser Hello Kitty.

Y ni hablar de las hienas. Jaja, hienas junior que corren detrás de hienas maduras para aprender a cazar en manada. Y que se ríen socarronamente, olvidándose cuál es su papel fundamental en la naturaleza: limpiar los lugares comiéndose los restos de los animales muertos. Cobardes, no cazan si no están en grupos, y cuando lo hacen, apresan animales indefensos. Yo tengo una manada de perros pastores. Menos mal que al menos ustedes corren rápido. Les voy a dar ventaja para que huyan...

Que feliz que estoy últimamente.

¿Quieren ver fotos del zoológico?

Quien sabe, quizás pronto postee algunas...




lunes, 8 de agosto de 2011

28 horas sin dormir

No duermo desde hace exactamente 31 horas. Podría haber dormido, sí. Pero no pude. A pesar del cansancio, no pude conciliar el sueño en ningún momento.

Supongo que será porque una vez que pasé el límite de lo admitido sin dormir, ya está, estoy pasada de rosca y luchando contra mi organismo. Algo típico de mí también. Ir en contra de la naturaleza que quiere conservarme sana y feliz. Me empeño en hacer todo lo posible por desobedecerle y llevar mi mente a límites extremos. Roces con la locura, enfrentamientos con verdades que no quiero ver, sobreexigencia a resistir cuando no quiero.

La máquina esta que me enchufaron a mis neuronas que me impide dejar de pensar, hoy a funcionado a la perfección. Siniestra y aceleradamente.

Pregunta: ¿por qué miércoles no pateo el tacho y mando todo al mismísimo Hades de una vez? No se. Y ahora con tantas horas en continuado encima, sé menos. Aunque hay algo que sí se, no tengo más ganas de escuchar pavadas. "Escuchar" es un verbo que no se adapta demasiado a mi situación, mejor digamos "leer".

Soy tan buena que sigo dando oportunidades a quien no las merece. Una vez y otra vez y otra vez. Bueno ya, basta. Palabras vacias, sonoramente y conceptualmente. No te entiendo mas. Desde hace rato no te entiendo, así que ahora el porcentaje bajó a 3%. O será que ya me negué a intentar escucharte, prestarte atención y esforzarme por unir frases en mi cabeza que tengan algún sentido lógico. Esa palabra con vos no existe, ni sé para qué me explayo en el análisis.

Lo peor es que por tu culpa, y por la culpa de todos los que alguna vez ocuparon tu lugar antes, yo ahora estoy hecha una empedernida solitaria, convencida de que mejor es morir con la armadura puesta que con el corazón atravesado por las malditas lanzas envenenadas de pasión. Stop. No hay más sentimientos involucrados, ni ganas de princesas, ni sapos que me conmuevan, ni películas con promesas vacías, ni ternura, ni un cuerno. Soy un iceberg. Y de los grandes, de esos que pueden hacer hundir un Titanic.

Mis experiencias me hicieron así. Ahora el tema es, ¿qué hago?

Estoy parada justo en el caminito de piedras en medio del río que divide dos posibles tierras a habitar: a la izquierda mi vida glamorosa y profesional, donde soy yo sin restricciones, donde soy ermitaña y fría, donde no me engancho con nadie ni necesito ser amada para estar completa. Donde disfruto de mis placeres en soledad, donde recreo mis deseos, donde hago lo que quiero, cuando quiero y como quiero. Donde vivo en NYC y soy exitosa. Independiente, fuerte, imparable. Del lado derecho me espera lo tradicional, la rutina de una pareja, volverme "normal". Seguir los mandatos sociales conjuntamente aprobados y legitimados, resignar mi estrella interior a una ama de casa que puede trabajar o no, ser profesional o no, pero no deja de ser una foto en ojotas, cambiando pañales, planchando camisas y cebando mate. Pero acompañada por alguien que supuestamente es un compañero de ruta. Alguien con quien compartir responsabilidades y tomar decisiones. Alguien con quien no estar solo. Algo "propio", algo "construido". Alguien que me vea la cara de sueño a la mañana y se quiera quedar, que soporte mis delirios, que se divierta con pequeñas cosas cotidianas.

Estoy confundida.

Por ahora voy saltando piedra a piedra por el caminito. Ni loca me muevo a un lado o a otro.

Debo confesar que prefiero el izquierdo. 99% de las veces.

El dilema se plantea hoy, luego de no dormir por 28 horas y teniendo justamente uno de esos días que representan el 1% del total, en los cuales me cuestiono si no mejor dejar de creerme Lady Gaga y saltar a la derecha, convirtiéndome así en una figurita femenina más, como esas que están en los toilets de mujeres. Un poco más arreglada, con el pelo planchado y carteras de diseñador, pero prototipada igual.

No me termina de convencer.

Mejor me duermo. O al menos lo intento.

Y a ver si mañana sigo saltando o empecé a armar mi carpa en alguna orilla. (Ojo, siempre se puede levantar campamento y salir corriendo bien bien rápido...)

Sweet dreams!

Des-templada, des-asociada

3.40 a.m. Sin temple. Asi quede. X eso lo de destemplada. O sea, el temple de acero quedo enterrado bajo mil pies de tierra, casi llegando al centro de la misma. Pero no seme nota, eso es lo bueno. Que parece que estoy inmutada, pero en realidad, estoy sorprendida. De mi misma y mi capacidad de actuacion. De mi no-temple que se parece tanto al gran-temple.
Tambien tengo frio. No puedo templarme. No hay cobijo suficiente para esta sensacion.
No es un estado negativo, es un estado distinto. Indefinido. Desasociado.
No se conecta con nada que siento ni con nada que no siento. Pero esta presente y me molesta.
Soy rara, muy rara. Una tipa de lo mas atipica.
Tengo apariencia de buena, de suave, de divertida, de sociable. Pero le tengo alergia a muchos estados de normalidad. Quiero alejarme lo mas que pueda de lo que todos hacen, de ser comun.
Aunque por momentos, me divierto. Es curioso pensar que estoy disfrutando de algo que en el fondo se no es algo disfrutable. Al menos no para mi.
Creo que soy una ermitaña incurable. Y contradictoria. Porque en este alejado y particular sub mundo en el cual vivo, hay veces en las cuales grito por compañia. Puede ser un grito desesperado, o lamentoso, o resignado. Pero grito al fin.
El problema surje en la falta de asociacion de estos estados. Me desconciertan. No logro templarlos. Ni mucho menos coordinarlos.
Estoy intentando dia a dia reubicarme en mi misma, encontrarme conmigo.
No es facil, no se como hacer para no doblegarme. Para no rendirme.
Sigo adelante.
Sigo pensando en salir corriendo.
Sigo pensando en quedarme.
Sigo destemplada.
Desasociada.
Sigo...
Envoye avec Windows Mobile d Movistar

miércoles, 3 de agosto de 2011

Mejor me voy

Mejor me voy despacito por la misma puerta por la que entre. Hace ya un tiempo que debería haberlo hecho.

Es un poco triste pensar en lo que "debería haber hecho", porque eso ya está y no se puede cambiar, y lamentándome no voy a lograr nada en mi presente, no voy a mejorar mi situación. Mi situación únicamente se cambia si empiezo a tomar decisiones. Pero decisiones reales, decisiones definitivas, no a medias.

No puedo seguir sometiéndome a mis fantasmas, a esos torturadores invisibles que complican mi existencia y me hacen tocar fondo al menos una vez por mes. No puedo dejarme vencer por el miedo, no puedo acorralarme en escenarios montados y dialogos de ira contra el mundo. Esa no soy yo, no soy asi. Yo ya soy una mujer. Crecí.

Yo siempre fui fuerte. Cuando tenía 10 años vi a mi tio salir enfermo de mi casa, y esa fue la última vez que lo ví. Me sonrió. Lo recuerdo. Yo lo amaba. 3 meses antes se había ido mi "abuela viejita", que era la mamá de mi abuela, o sea, mi bisabuela, con la que compartía mis tardes de té imaginario, jugaba a las cartas y a las muñecas. Pero fui fuerte y no lloré. Estuve fuerte para mi abuela, quien me crió y me hizo quien soy hoy. Dormí durante meses a su lado, mirando si respiraba, si estaba bien. Tenía terror de que algo le pasara. Y salimos adelante. Después, mi abuelo tuvo su primer infarto. A los 2 años, el segundo. Que terminó con él luego de 6 largos años de cuidados extremos. Estuvimos juntas a su lado. Yo fui y vine. En el medio sostuve crisis terribles con "amores" turbios y atentados contra mi misma, escapadas de mi casa y negación de la realidad. Traté de sostener todo ese mundo que me rodeaba como pude, creo que no me salió tan mal. Seguramente pude haber hecho mas. Seguro. Pero estamos de nuevo hablando de lo que "podría haber hecho". Hice lo que pude. Siempre se puede más. Pero también pudo haber sido peor. Mucho peor.

Siempre fui fuerte, aprendí a serlo. Aprendí a salir adelante de las situaciones adversas y también a mantenerme de pie. A luchar por el bienestar de mi familia, a trabajar y a ayudar. No soy ninguna heroína, hay miles de personas en el mundo que hacen lo mismo, o aún más sacrificado. Este es el cuerpo y la vida que me tocaron.

Quizás el haber pasado por tantos momentos difíciles me han hecho así como estoy ahora, sensible, demasiado sensible y susceptible a este mundo. Soy una jodida. Tengo una mezcla de angustia contenida con ira, reacciones de nena malcriada con deseos de salir corriendo lejos de todos. Siempre fui una negadora de la realidad, para evitar sufrir aún más.

Cuando ví la película Precious, me sentí un tanto identificada. No con la terrible trama que vive la protagonista, sino en cómo ella arma ese mundo mágico de fantasía para evitar traer a su mente los recuerdos traumáticos de su pasado, para "tapar" el dolor y seguir adelante. Yo hago eso también. Me creo personajes todo el tiempo, los recreo y me subo a ellos. Necesito esconderme del mundo porque no quiero que me lastimen, tengo miedo. No quiero que nadie sepa realmente quien soy debajo de todos esos disfraces. No quiero entregarme completa.

Por eso tampoco tomo decisiones. Porque tengo miedo. Miedo a qué puede pasar si tomo una decisión definitiva. Miedo a volverme real, a manejarme dentro del registro normal que todos manejan, miedo a aceptar que soy un ser humano más y que soy muy parecida al resto. Miedo a enfrentar mis miserias de soledad, a las noches frías sin abrazos y a los días vacíos sin conversaciones. Pero miedo también a compartirme con alguien, a que tenga acceso a mi más sagrada intimidad, a mi vulnerabilidad, a mis puntos débiles, a mis heridas que aún sangran.

Por eso me aferro a medias a quienes quiero. Por eso los tapo con mis inseguridades. Por eso me cuesta tener amigos, porque soy de alto mantenimiento, difícil de manejar, insoportable, hasta difícil de tratar y de hablar. Porque por momentos tengo que ponerme a la defensiva, porque no quiero involucrarme. No me quiero volver a caer.

Por eso creo que lo mejor, es irse. Irme de acá, irme de todo lo que conozco. Alejarme, perderme por ahí lejos de todos aquellos a quienes pueda herir. Lejos de todos aquellos a quienes no puedo entregarme. No quiero ser esta Jimena que soy hoy, perdida y apagada. No quiero estar dando lástima, ni reaccionando violentamente, ni nerviosa, ni apática. O con brotes de ira momentáneos, con reacciones inexplicables.

Ya no quiero estar más así, quiero irme de mí por un tiempo. A algún lugar donde todo sea mejor, donde pueda respirar sin este dolor en el pecho y donde cuando abra mis brazos el sol me pegue completamente y me de calor.

Mejor me voy, mejor me alejo.

Mejor dejo de estar, dejo de no estar, dejo de llorar y de hablar.

Mejor me voy. A alguna parte...