sábado, 20 de agosto de 2011

Basta, se terminó

Ya es hora de dejar la fantasía de lado y asumir la realidad. Basta de creerme historias inventadas, preciosas y muy comprables, pero irreales. Basta de someterme a pensamientos que bordean el atentar contra mi misma y mi vida, tanto física como mental. Basta de tolerar situaciones que me rebajan, que me quitan mi lugar único en esta vida, que me desintegran y carcomen el alma. Basta de vos, basta de esto, basta de todo lo que me hace mal.

Hoy me arriesgué, porque sigo siendo una débil muchas veces, a preguntarte si me extrañabas. Me dijiste que sí. Que no extrañabas mis locuras, pero que el resto sí.  Entonces fui un poco más allá y te pregunté, siendo doblemente frágil y en un día en el cual la soledad me pesa y veo fantasmas, si alguna vez íbamos a estar juntos de nuevo o si nos íbamos a quedar así separados. Me contestaste que no sabías.

Entonces, me extrañas a medias y no sabés si querés estar conmigo. Soy malísima para analizar discursos, pero creo que ya está. No tenés más nada que ver conmigo. Eso ya lo sabía, la decisión habia sido tomada por mí hace un tiempo ya. Pero escucharte decirlo, es raro. Y hoy por hoy, con todos los acontecimientos que me están sacudiendo desde estas últimas semanas, otro motivo para sentirme herida.

Se acerca el domingo y yo estoy con las defensas por el piso. No solo por la tos, sino porque tengo 3 flechas clavadas en mis alas, que me impiden despegar. Esto me preocupa, pero sólo levemente. Ya me las voy a arrancar y volar bien lejos.

Pero tiempo al tiempo. Primero, pienso cuál quito primero. Luego, me encargo de sanar la herida abierta y de que no se infecte. La cuido. Un tiempo me va a llevar. Hasta que comience a cicatrizar. Cuando vea que estoy totalmente curada, no habrá impedimentos para saborear el cielo. Por ahora estoy en el proceso de curación.

Y me animo a pararme y decir basta. Basta de revolverme en una batidora de crema de chocolate donde todo es dulce e inocente. Vos no me querés, punto. O me querés, pero no hacés nada por tenerme. No te importo tanto. Ya no. Vos no me elegís, no me sentís más. Punto. Eso es realidad.

Y también es realidad que digo basta a esta parte de mí que se muestra como una pobre víctima de las circunstancias y que llora desconsoladamente por los rincones. Que sin Prozac no existe, que no duerme ni come. Basta de lamentarme por lo que no fue, por lo que no es ni será. Basta de pensar compulsivamente en algo que no tengo ni tendré. Basta de sacar conclusiones, de sentir presiones, de hecharme culpas, de dejar de hacer lo que me gusta y quiero, cuando quiero y lo siento. Basta de privarme palabras y de vivir controlada por el miedo.

Es hora de tomar las riendas de mi vida, antes de mis 31 años. Es hora de demostrarme a mí misma que sí puedo, que sí soy fuerte y que sí soy una gran mujer.

Basta, se terminó.

Hoy me niego a continuar en este sucio y lamentable lugar en el que me escondo desde hace unos días.

A partir de hoy, acostúmbrense.

Aquella que era yo, la que daba lástima, no está mas. Se cansó. No está más.

Traten con esta otra parte de mí. Puede no gustarles, lo sé. Ahí está la puerta. Sigan su camino si ese es el caso.







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