miércoles, 3 de agosto de 2011

Mejor me voy

Mejor me voy despacito por la misma puerta por la que entre. Hace ya un tiempo que debería haberlo hecho.

Es un poco triste pensar en lo que "debería haber hecho", porque eso ya está y no se puede cambiar, y lamentándome no voy a lograr nada en mi presente, no voy a mejorar mi situación. Mi situación únicamente se cambia si empiezo a tomar decisiones. Pero decisiones reales, decisiones definitivas, no a medias.

No puedo seguir sometiéndome a mis fantasmas, a esos torturadores invisibles que complican mi existencia y me hacen tocar fondo al menos una vez por mes. No puedo dejarme vencer por el miedo, no puedo acorralarme en escenarios montados y dialogos de ira contra el mundo. Esa no soy yo, no soy asi. Yo ya soy una mujer. Crecí.

Yo siempre fui fuerte. Cuando tenía 10 años vi a mi tio salir enfermo de mi casa, y esa fue la última vez que lo ví. Me sonrió. Lo recuerdo. Yo lo amaba. 3 meses antes se había ido mi "abuela viejita", que era la mamá de mi abuela, o sea, mi bisabuela, con la que compartía mis tardes de té imaginario, jugaba a las cartas y a las muñecas. Pero fui fuerte y no lloré. Estuve fuerte para mi abuela, quien me crió y me hizo quien soy hoy. Dormí durante meses a su lado, mirando si respiraba, si estaba bien. Tenía terror de que algo le pasara. Y salimos adelante. Después, mi abuelo tuvo su primer infarto. A los 2 años, el segundo. Que terminó con él luego de 6 largos años de cuidados extremos. Estuvimos juntas a su lado. Yo fui y vine. En el medio sostuve crisis terribles con "amores" turbios y atentados contra mi misma, escapadas de mi casa y negación de la realidad. Traté de sostener todo ese mundo que me rodeaba como pude, creo que no me salió tan mal. Seguramente pude haber hecho mas. Seguro. Pero estamos de nuevo hablando de lo que "podría haber hecho". Hice lo que pude. Siempre se puede más. Pero también pudo haber sido peor. Mucho peor.

Siempre fui fuerte, aprendí a serlo. Aprendí a salir adelante de las situaciones adversas y también a mantenerme de pie. A luchar por el bienestar de mi familia, a trabajar y a ayudar. No soy ninguna heroína, hay miles de personas en el mundo que hacen lo mismo, o aún más sacrificado. Este es el cuerpo y la vida que me tocaron.

Quizás el haber pasado por tantos momentos difíciles me han hecho así como estoy ahora, sensible, demasiado sensible y susceptible a este mundo. Soy una jodida. Tengo una mezcla de angustia contenida con ira, reacciones de nena malcriada con deseos de salir corriendo lejos de todos. Siempre fui una negadora de la realidad, para evitar sufrir aún más.

Cuando ví la película Precious, me sentí un tanto identificada. No con la terrible trama que vive la protagonista, sino en cómo ella arma ese mundo mágico de fantasía para evitar traer a su mente los recuerdos traumáticos de su pasado, para "tapar" el dolor y seguir adelante. Yo hago eso también. Me creo personajes todo el tiempo, los recreo y me subo a ellos. Necesito esconderme del mundo porque no quiero que me lastimen, tengo miedo. No quiero que nadie sepa realmente quien soy debajo de todos esos disfraces. No quiero entregarme completa.

Por eso tampoco tomo decisiones. Porque tengo miedo. Miedo a qué puede pasar si tomo una decisión definitiva. Miedo a volverme real, a manejarme dentro del registro normal que todos manejan, miedo a aceptar que soy un ser humano más y que soy muy parecida al resto. Miedo a enfrentar mis miserias de soledad, a las noches frías sin abrazos y a los días vacíos sin conversaciones. Pero miedo también a compartirme con alguien, a que tenga acceso a mi más sagrada intimidad, a mi vulnerabilidad, a mis puntos débiles, a mis heridas que aún sangran.

Por eso me aferro a medias a quienes quiero. Por eso los tapo con mis inseguridades. Por eso me cuesta tener amigos, porque soy de alto mantenimiento, difícil de manejar, insoportable, hasta difícil de tratar y de hablar. Porque por momentos tengo que ponerme a la defensiva, porque no quiero involucrarme. No me quiero volver a caer.

Por eso creo que lo mejor, es irse. Irme de acá, irme de todo lo que conozco. Alejarme, perderme por ahí lejos de todos aquellos a quienes pueda herir. Lejos de todos aquellos a quienes no puedo entregarme. No quiero ser esta Jimena que soy hoy, perdida y apagada. No quiero estar dando lástima, ni reaccionando violentamente, ni nerviosa, ni apática. O con brotes de ira momentáneos, con reacciones inexplicables.

Ya no quiero estar más así, quiero irme de mí por un tiempo. A algún lugar donde todo sea mejor, donde pueda respirar sin este dolor en el pecho y donde cuando abra mis brazos el sol me pegue completamente y me de calor.

Mejor me voy, mejor me alejo.

Mejor dejo de estar, dejo de no estar, dejo de llorar y de hablar.

Mejor me voy. A alguna parte...

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