viernes, 30 de septiembre de 2011

Soledades


Ellos tienen razón
esa felicidad
al menos con mayúscula
                                  no existe
ah pero si existiera con minúscula
sería semejante a nuestra breve
                                             presoledad

después de la alegría viene la soledad
después de la plenitud viene la soledad
después del amor viene la soledad

ya sé que es una pobre deformación
pero lo cierto es que en ese durable minuto
uno se siente
                  solo en el mundo

sin asideros
sin pretextos
sin abrazos
sin rencores
sin las cosas que unen o separan

y en esa sola manera de estar solo
ni siquiera uno se apiada de uno mismo

los datos objetivos son como sigue
hay diez centímetros de silencio
         entre tus manos y mis manos
una frontera de palabras no dichas
         entre tus labios y mis labios
y algo que brilla así de triste
         entre tus ojos y mis ojos

claro que la soledad no viene sola

si se mira por sobre el hombro mustio
de nuestras soledades
se verá un largo y compacto imposible
un sencillo respeto por terceros o cuartos
ese percance de ser buena gente

después de la alegría
después de la plenitud
después del amor
                        viene la soledad

conforme
               pero
qué vendrá después
de la soledad

a veces no me siento
                             tan solo

si imagino
mejor dicho si sé
que más allá de mi soledad
                                      y de la tuya

otra vez estás vos
aunque sea preguntándote a solas
qué vendrá después
                            de la soledad.


Mario Benedetti

Somewhere over the rainbow... En algún lugar sobre el arco iris

Dicen que hay un pote de oro. Que un duende verde nos concede deseos. Que los sueños se cumplen.

Hay un camino de lozas amarillas que llevan hacia él. Y uno tiene que usar zapatos mágicos para llegar. El viaje no se emprende solo, sino acompañado de amigos incondicionales que también buscan alcanzar sus anhelos.

No estamos en Oz, pero es parecido. Esta vida es un viaje difícil, y nos subimos a la aventura de vivirla.

Yo estoy segura que en algún lugar, algún día, voy a encontrar aquello que busco. Que por ahora no sé bien qué es. Que no tiene forma ni nombre. Pero que existe en mi corazón. Lo puedo sentir.

Y si no es hoy, si ahora no puede ser, yo sé que en algún momento será. Somehow. Someway. De alguna manera.

Porque este sexto sentido que maldigo tantas veces y que tantas otras me ha salvado y guiado, no me falla. Porque puedo ver las cosas antes de que sucedan. Puedo sentirlo, lo sé y no me equivoco.

Esta vez tampoco.

Y más allá del arco iris, en algún lugar... aquellos sueños que me atreva a cumplir, se harán realidad.


jueves, 29 de septiembre de 2011

Mi tristeza y mi desvelo

Mi tristeza y mi desvelo,
mis ganas de llorar que no contengo,
mis manos vacías,
mi corazón ardiendo

Otra noche eterna, otro sueño herido
sin versos que aplaquen
la pena,
el hastío

No hay nada que pueda hacer yo
o hacer alguien
que cambie el destino,
el curso de esta vía

Y si no hay casualidad sino destino,
si la ley de atracción se verifica,
si se me quema el alma y mis manos tiemblan,
¿por qué he de entonces creer que es imposible?

Y huir bien lejos, escapar sin dudar
dejar de lado el aire que me permite respirar,
dejar de lado el casi tenerte,
el casi desearte
el casi querer quedarme acá

Dar media vuelta y no mirar atrás,
y no arrepentirme,
o al menos tratar

Dejarme elevar por el viento,
o caerme profundo en el mar,

Y seguir sin dormir, sin descanso
pidiéndole a mi mente
que deje de pensar...


Tiempos de cambio

Ya era hora. Y si, es así. Todo lo que comienza, tiene su fin.

Y aunque duela, aunque sea difícil acostumbrarse al nuevo estilo, la vida va girando y los cambios se producen.

Yo siempre le tuve miedo a los cambios. Me generan un sentimiento enorme de falta de seguridad, de incertidumbre, de reticencia. Aún cuando presiento que serán buenos.

Este es el momento de hacer algo distinto. Este es el momento de hacerme fuerte y cortar con aquello que me hace mal, para dar comienzo a una nueva etapa, a nuevos aires, a nueva gente.

Y lloro. Lloro porque estoy un poco perdida, porque me duele despegarme, porque me va a costar el corazón seguir por un camino que no sé si es el que quiero. Pero el problema está en que el que yo sí quiero, no es posible. Es muy difícil, y está destinado al fracaso.

Entonces tengo que respirar hondo, contar hasta 1000, poner mi mejor cara de póker y darle para adelante. Total, las heridas del corazón siempre se curan, y sólo quedan cicatrices. Más o menos profundas, pero cicatrices al fin.

Hubiese preferido que el terreno en el que me muevo continuara manteniéndose como está hoy, mejorando aún más. Pero ¡qué va!, uno no puede seguir alimentándose de fantasías... 

Ha llegado el momento de irse.

Y parte de mí se irá en este cierre. 

Y parte de mí siempre se quedará en aquellos rincones de la ciudad donde fui feliz.

martes, 27 de septiembre de 2011

El primer día del resto de mis días llegó con una muela rebelde

Tanto control mental que hice ayer, tanto STOP, basta, go away.... Todo para no poder controlar a mi maldita muela del lado derecho que está encaprichada en hacerme la vida dolorosa.

Me desperté con la cara lo más parecida a la de un hámster que encontrarán en la especie humana (hmm.. no no, estoy mintiendo. Yo conocí a una chica que tenía cara de ardilla.). Y si me habrá dolido que me levanté y me fui al dentista de guardia. ESO para mí ya es un cambio. Tengo fobia al odontólogo. No al pobre hombre que en vez de estudiar arqueología decidió estudiar esa tortuosa carrera, sino a los métodos obsoletos que utilizan. Aunque cierta culpa tiene el sujeto también, alguna patología relacionada al infringir dolor a otros seres ha de existir en su consciente.

No entiendo. La ciencia y la tecnología han avanzado a ritmos impensado; podemos tener clones, congelar nuestras células para utilizarlas luego incluso de morir, separar a siameses unidos por el cráneo... pero nadie puede hacer un maldito torno silencioso, o cambiar el aroma de los productos que utilizan, o inventar algo que no sea un gancho de metal que se inscrusta entre los dientes... Terrible. Medieval.

Hay ciertas profesiones que deberían seriamente rever sus metodologías y aplicaciones prácticas. No podemos seguir sufriendo la falta de actualización de determinadas disciplinas, y definitivamente, no es correcto enseñar conceptos abstraídos de la realidad. Si no funciona, no funciona. Get over it. Asúmanlo y cámbienlo.

En fin, la cuestión es que mi primer día con 31 años me lo estoy pasando drogada con una pastilla contra la inflamación y a la espera de que la reencarnación de Gengis Kan me "arregle" la muela dolorida en los próximos días. O mejor dicho, me la "arranque". No quiero ni pensar.

Creo que la culpa la tienen las bolitas de cereal de chocolate. Ayer mordí un par que seguramente fueron las que atacaron a mi muela. Bueno si, me las comi cuando estaba acostada estilo morsa en la cama y no me lavé los dientes después. Sorry, ¿ustedes SIEMPRE se lavan los dientes después de cada cosa que comen? Y bueno, yo no. Aunque lo que ocurrió es positivo, porque así no como más de esas bolitas.

Y no, no me crean. Ya lo saben; yo soy partidaria de quemarme con fuego 2 mil veces, ver la vaca y no llorar y tropezar 500 veces con la misma piedra, así que en cuanto vaya al supermercado voy a apropiarme de varias cajas del cereal asesino. Es un hecho.

No aprendo más. Con nada. Insisto, sigo y sigo. Toda golpeada, toda quemada. Debo haber sido un monje Shaolin en otra vida. Hiper tolerante al dolor y persistente.

Bah, ni tanto.

Me voy a leer un rato.






Hago todo al reves, y eso no es nuevo

Llegaron los 31 y yo sigo haciendo todo al revés. No ocurrió nada mágico por lo cual de repente mis acciones se convirtieron en coherentes, es más, estoy casi segura de estar más loca.

Un ejemplo: hoy mientras caminaba a tomar el 152 de regreso a mi casa, confundí a una señora con una sandía. Así es. Es que estaba apoyada contra una pared, de costado, y tenía una remera verde y amarilla. Yo, por alguna extraña razón, pensé que era una sandía.

Ahora que lo pienso, me acuerdo del libro de Oliver Sacks, "El hombre que confundió a su mujer con un sombrero". Resulta que el Sr. P no podía emitir juicios personales. Podía ver, sentir y escuchar perfectamente, pero no era capaz de ver la totalidad de las cosas, sólo veía detalles. Podía identificar esquemas, pero sin captar en absoluto la realidad. El neurólogo Sacks estudió a sus pacientes desde el interior; llegando así a la conclusión de que la pérdida, la diferencia, la enfermedad, los posiciona frente a la necesidad de construir una nueva realidad, un nuevo juicio.

Algo de eso creo que hay en mi confusión de la señora con la sandía. No al extremo de ser un caso de Sacks, pero me quedé pensando en eso de "construir una nueva realidad". Eso sí lo hago todo el tiempo. Y creo que es lo que me mantiene viva y activa aún.

Igual, ejemplos de cosas que hago al revés me sobran. Hoy fui a la farmacia y me pesé. Que ni se les pase por la cabeza la pregunta ¿y cuánto pesás? porque es secreto de estado y se encuentra sellado con 8 candados, 15 lacres y lo custodian 2 perros de 4 cabezas cada uno, 1 diente de sable y 1 velocirraptor (entre ellos se llevan bien, no se preocupen). Aquí lo interesante es que dije: "ok, no como más una maldita cosa". Para que, ni bien crucé la puerta de mi departamento, corriera a prepararme un Nesquick con unas 5 tostadas con queso untado y mermelada de naranja. Y por si fuera poco, bolitas de chocolate de cereal de postre. No tengo disciplina. O es un problema severo de memoria.

Tengo más: llegué terriblemente cansada. Y patéticamente, en el día de mi cumpleaños, me acosté a dormir a las 8 de la noche. Ocurrió lo obvio: es casi la 1 de la mañana y estoy despierta e insomne. Y todavía tengo el pelo mojado, así que mañana voy a parecer un león africano con una melena indomable.... y si hay humedad, listo. Afro style o muerte.

No entiendo nada.

Lo bueno es que se me pasó levemente el ataque de emo que tuve todo el día. Tristeza, nostalgia, abatimiento... cada año que cumplo me pega más duro. Menos mal que pude recuperarme y ya estoy en mi anormalidad habitual.

Mañana (mejor dicho hoy martes, pero para mí es mañana, ya les expliqué) empiezo a poner en práctica el STOP. Así con mayúsculas. STOP a todo lo que me hace mal y a los pensamientos enredados. Y a los enganches patéticos, y al desgaste por seres minúsculos que hablan envenenadamente. STOP. Go away. Váyanse. Salgan de mi vista. No pienso darles más atención. A ninguno.

Mis 31 serán brillantes.

Mañana es el primer día del resto de mis días.

Y el principio del fin.


lunes, 26 de septiembre de 2011

Lunes 26 de septiembre

1.30 pm. Y hace calor, parece un dia de verano.
Aparte, es mi cumpleaños.
Deberia estar feliz, o al menos un tanto animada por la fecha. Pero no. La verdad es que me siento bastante mal. No se que tipo de tristeza se apodero de mi, pero aqui esta y aunque quiera luchar contra ella, me esta ganando.
Igual, es una estupidez eso de que el cumpleaños de uno es significativo y hay que recibirlo con bombos y platillos. Si no tengo ganas de celebrar, que hay? Esta mal?
Sinceramente, poco me importa lo que piensen de mi. Ya bastantes dosis de realidad tuve estos ultimos dias, y estoy aun desenredandome de tanto enrosque inutil.
Y quizas sea por culpa del enrosque que hoy me sienta asi desganada. Porque no puedo despegarme del todo. O porque estoy aburrida. Aunque si fuera esto ultimo haria algo para dejar de estarlo, y lo unico que estoy haciendo es dormir. Tapo mi vacio con sueño.
Sigo, igual, intentando adivinar de que se trata este vacio que siento. Falta de que?
Aun no lo se.
Quizas para el final del dia tenga un poquito mas claro que es lo que me pasa. O no. Quizas mejor decida dejar de pensar y solo dejarme llevar por el viento . A cualquier lado.
Necesito sentir algo de tranquilidad, algo de placer, algo de paz.
Quien sabe, el dia aun no termina.
Y siempre hay un mañana.

votar

Envoye avec Windows Mobile d Movistar

sábado, 24 de septiembre de 2011

Crisis de llanto

Inexplicablemente, hoy, luego de recibir dos regalos de cumpleaños, enfrenté una crisis de llanto terrible. Aún estoy intentando sobreponerme.

¿Qué fue lo que me pasó? ¿Por qué no pude contener este sentimiento que aún recorre mi cuerpo y me ocasiona escalofrío?

No lo sé, no puedo explicarlo. No entiendo qué representación se generó en mi mente al recibir dos libros que me gustaron, al recibir dos regalos para mi cumpleaños número 31. Quizás sea el mismo hecho de cumplir años lo que me tenga así de mal. O tantos acontecimientos ocurridos en este mes. La velocidad con la que se sucedieron, uno tras otro, la totalidad de eventos que me han dejado en este estado lamentable.

Y no quiero escribir un discurso de lástima o de auto-compasión. No me sirve para nada, no es esa mi intención.

Estoy solamente tratando de acomodar mis ideas, de darle sentido a estos indefinidos pensamientos y sensaciones que no me dejan estar tranquila.

Soy una persona fuerte, siempre he encarado la vida desde una posición de lucha y no de entrega. Siempre he sido la forjadora de mis caminos y quien ha tomado las decisiones más erradas y más acertadas durante las distintas etapas de esta vida que me ha tocado enfrentar.

Y siempre me visualicé a mi misma sola. Es decir, existieron y existen muchas personas a mi alrededor que me quieren y que hacen cantidad de cosas para que yo esté bien. Pero por alguna razón, tan inexplicable como mi llanto de ahora, sigo sintiéndome sola.

Y esta soledad, que ahora es elegida, me trae comodidad, pero ciertamente también representa muchas veces todo lo contrario. A veces se disfraza de verdugo, y me abraza hasta asfixiarme. Mi soledad me consume, y hoy creo que es así como la siento.

Entonces me hace dudar. Me hace replanteos que de otra forma no estaría analizando. Me quita la luz y en medio de las sombras se generan figuras que me parecen reales, pero que sólo pertenecen al plano de la irrealidad.

Me pregunto ¿Qué hago? ¿Sigo sosteniendo mis decisiones, por más dolorosas que sean, o cedo ante los primeros síntomas? ¿Soy paciente y espero que los días transcurran y el destino se encargue de acomodar mis fichas, o mejor sigo empujando, sigo combatiendo, sigo generando situaciones para posicionarme en el lugar en el cual quiero estar? ¿Tomo tranquilizantes para pasar el rato anesteciada o mejor me mantego lo más lúcida posible y arremeto contra el dolor como pueda? ¿Me pongo el chaleco antibalas y salgo a la lluvia de fuego, o me dejo matar? ¿Me encierro en mi postura ermitaña o dejo un espacio para que el sol caliente mis pies y me acaricie?

Creo que tengo mucho miedo. Porque no sé que va a pasar, porque no sé ni qué estoy haciendo. Ni cuánto va a durar lo que hago, ni si estoy realmente haciendo algo. No entiendo dónde estoy parada, no sé distinguir el camino.

Me siento firme en ciertas partes del terreno, pero en cuanto me muevo dos centímetros, me hundo en una ciénaga. Y me quedo pensando si me hundo porque la ciénaga es real, y está ahí delante y yo no la veo, si la veo y me paro sobre ella igual o si la genero con mi mente, y en realidad no existe. Si la ciénaga que representa mi muerte mental es generada únicamente por mis letales pensamientos destructivos e hirientes, que atentan contra mi felicidad, contra mi bienestar, contra mi misma.

¿Es posible que esté saboteando mi tranquilidad? ¿Qué me esté negando a fuerza de puñaladas al corazón y electroshocks, a mi felicidad? Me resulta extraño pensar que quizás sea 1 en 1 millón de personas a quienes no les gusta estar bien. Me resisto a creer que me invento siempre las mejores excusas para evitar posicionarme en el lugar que sé, me merezco.

Es que no las invento. Existen. Yo las genero, las atraigo, las busco. Juego con ellas, soy una manipuladora de excelencia.

Pero cuando llega el momento de enfrentar las consecuencias, no soy tan hábil. Me desarmo, me volatilizo.

Y ahí no termina el tema. Con cada re-armado, con cada re-generación, me vuelvo más fuerte. Más reacia a creer en romanticismos, más arisca a los otros, más ausente, más alejada, más solitaria.

Es un círculo vicioso del cual no puedo salir.

Porque no quiero. 

Desahogo

Hoy a sido un día dificil. Nada nuevo en mi vida, donde los momentos de tranquilidad y felicidad son escasos, y disfrutar de paz mental es casi una utopía.

En parte, es culpa mía. Por hacerme demasiado problema siempre por todo y no darme lugar para respirar.

Soy una jodida. Y no una jodida simpática, sino una gran buscadora incesante de sufrimiento. Y es raro, porque en ese insistente camino de espinas, por momentos recobro la lucidez y decido alejarme de aquello que me lastima. Solo para volver a caer en la misma trampa, esta vez, unos cuantos metros más profundo; al borde de mi límite.

Me gusta jugar con mi resistencia, sin adrenalina no vivo. Y parezco disfrutarlo, con cada nuevo golpe en lugar de ceder y cambiar de curso, me hago más fuerte y más me empecino en seguir adelante.

Es ridículo. Y hasta barato. Una reacción mediocre. Una limitación de mi visión a un punto que parece maravilloso y absoluto, cuando no deja de ser tan sólo una pequeña porción del todo que me rodea.

Cuando la desesperación se apodera de mis venas y cambia mi sangre por una letal mezcla de sentimientos descontrolados, el absolutismo más oscuro me hace pensar que si decido hacer otra cosa, voy a derrumbarme. Que si el curso de mi cotidianeidad cambia, estoy perdida. Que si me animo a saltar, voy a morir.

Aún sabiendo que así no soy yo. Teniendo la plena certeza de que la mujer que soy la construí a mi medida y en base a tantas experiencias que me tatuaron el cuerpo y moldearon mi mente.

Puedo morir hoy, pero siempre habrá un mañana. Y a esta altura ya debería saber que no todo lo que se ve es lo que realmente es, que los gestos no significan nada y que las palabras son sólo construcciones para llenar el espacio y recordarnos que la atmósfera existe y permite la acústica.

Que debería de importarme un bledo ver imágenes tan falsas como sus actores.

Corta este viaje acá Jimena.

Es aburrido.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Estoy molesta, incómodamente molesta

A tan solo 4 días de mi cumpleaños número 31, estoy trastornadísima.

No se ni que quiero. Ni si quiero algo. Ni si lo que tengo es lo que quiero. O si tengo algo. O si quiero tener otra cosa. O no tener lo que tengo.

Hoy me levanté con todos los dioses del Olimpo en mi contra, encarnada en Ares.

No puedo creer cómo me enveneno tanto pensando en "otros" que no merecen pero ni un minuto de mi atención y cómo me quedo enganchada en esas vueltas, enroscada y enfurecida, haciéndome problema por sus acciones incoherentes. ¿Para qué? ¿Con qué finalidad?

"Bajate de algunas batallas" me dice siempre una de mis mejores amigas. "Dejá de darle tanta bola a eso, de hacerte tanto problema, porque vas a terminar alejando a los que te quieren de verdad", me dice otra de mis amigas. Tienen razón.

Desde ayer que estoy pensando en si algo de todo lo que estoy haciendo tiene sentido. O si me estoy equivocando y no me doy cuenta. O si me doy cuenta y no me importa, cosa que sería aún más grave.

Últimamente, duermo muy poco, y lo poco que duermo, no descanso. Quizás por eso esté bastante susceptible.

Supongo que de a poco, y a medida que voy madurando, comienzo a ver las cosas desde otro ángulo. Es difícil dejar la mirada egocéntrica, esa actitud constante de creer que todo gira alrededor de mi existencia, y que todo es o ha de ser como yo quiero.

Es hora de ampliar mi mirada y mirar con atención a quienes me rodean. Y compartir más tiempo con aquellos que me quieren de verdad, afianzar lazos, construir sólidas amistades.

Seguramente esto de adaptarme a mi vida independiente también está influyendo en mis cambios drásticos de humor.

Será cuestión de ir sintiéndome cada día un pequeño porcentaje más segura de mi misma, y dejar de sentir culpas, para dar lugar al disfrute pleno de mis decisiones y mi nuevo ritmo diario.

Sigo molesta.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Una fantasía vale más que una realidad

Mi dolor lo cubro con imágenes inventadas. Hay muchos recuerdos que he bloqueado para que no perturben mi dia a dia. Pero están ahí.

Mis reacciones de estar a la defensiva en forma permanente para evitar un golpe de puño o palabras hirientes se remontan a la época en la cual me veo sentada tomándome las rodillas en un rincón, contra la pared, llorando y pidiendo por favor que se calle. Que deje de decirme cosas, que deje de torturarme con decir verdades que terminaba inventando para satisfacerlo, de preguntarme detalles morbosos de si me gustaba que me tratasen como una cualquiera, que si había gozado cuando me “revolcaba” con esos. A cada negativa mía de responder, sufría una quemadura de cigarrillo en mis manos, todavía conservo las cicatrices. O en mi cara. O mi cabello.

Le obsesionaba mi pasado sentimental, me obligaba a contarle con quiénes había estado involucrada y qué había hecho con cada uno. Si me gustaba, si eran mejores que él. Me insultaba, me decía que estaba gorda, que era fea, que nunca nadie se fijaría en mí. Que si él me dejaba, nadie me iba a mirar.

Una noche conducía alocadamente su auto, con su cinturón de seguridad puesto, y me prohibió a mí abrocharme el mío. Doblaba en las esquinas a punto del vuelco, tenía que sujetarme muy fuerte para evitar salir despedida por el vidrio delantero. Me preguntaba si me quería morir. Si me gustaba estar al borde de la muerte.

O me rozaba la piel con un cuchillo. De mi abdomen y mis pechos. De mis brazos y mis piernas. Me susurraba al oído si estaba disfrutando el sentir miedo. Para luego excitarse hasta llegar al punto máximo de su placer, viéndome llorar, con los ojos llenos de terror y sin respirar.

En mi fantasía nada de eso existió. Esos recuerdos se fueron, no están. No me pueden lastimar. Los enfrento y los elimino.

En mi realidad, me quedan tantas marcas de guerra como en aquel entonces cicatrices. Soy un animal salvaje siempre a la defensiva, necesito atacar primero para luego entrar en confianza y bajar la guardia.

Estoy un poco cansada de ser así.

No quiero herir a quienes más me quieren. 

No quiero alejarlos ni quedarme sola.

Necesito poder superarlo.

Necesito dejar ir todo aquello y respirar tranquila.

Miedo a la realidad

Soy consciente de lo que ocurre a mi alrededor. Soy lo suficientemente inteligente para darme cuenta de los eventos que ocurren mientras yo camino en este mundo que me desconcierta. Pero, por algun extraño motivo, el 90% del tiempo decido ignorarlos e imaginar una realidad paralela.

En la que soy yo, pero no soy yo. En la que me muevo con gracia y destreza, pero que no deja de ser un escenario montado en caballetes de  madera poco sólidos. Soy una actriz de múltiples personalidades, que se perdió entre tantos personajes. No se quien soy.

Me da miedo soltar lo que ya conozco, tengo poca tolerancia al cambio. Me parece algo negativo, lo vivo como una pérdida, como un abandono.

Sí, tiene que ver conmigo. Tiene que ver con cómo configuré mi realidad para evitar pensar en situaciones que no me trajeron satisfacción. Reemplacé sectores de mi película con parches de otras películas menos sufridas, con aquellas que me hubieran gustado sean mías, y me perdí en esa trama ficticia. 

Me imagino en paisajes que no condicen con mi actualidad y recreo momentos que no existen más que en mi mente. Idealizo personas, idolatro otras, aborrezco a muchas. Me creo enemigos a los cuales tengo que destruir y soy impasible ante las tomas que no se ajustan a mis arreglos.

Me desespero. Necesito arreglar cada detalle, cada mínimo decorado, cada escena tiene que salir perfecta, de acuerdo a mi guión. Y cuando eso no pasa, me frustro.

No me gusta aceptar la verdad como es. No me gusta aceptar que hay cosas que no puedo cambiar, quiero tener todo organizado, arreglado y estructurado para sentirme segura. La espontaneidad del destino me da terror. 

Necesito forzar y empujar más para sentirme segura. No sé esperar.

Y este constante ir y venir de mis dos mundos me agota, me está dejando sin energía.

Mi mundo y mi otro mundo. Soy yo o no soy yo.

¿Podré detenerlo?

A veces puedo, otras no

Por lo general soy bastante valiente. De hecho, me he enfrentado a situaciones adversas en el pasado, y aún sigo aquí, viviendo día a día con intensidad.

Quizás debería comenzar este relato pensando en aquellos momentos que me hicieron llegar hasta donde estoy hoy. ¿Qué me pasó? ¿Por qué hoy veo todo tan triste, tan dramático? ¿Por qué siento que mi mundo se termina o renace con una palabra o un gesto? ¿Por qué soy tan extremista siempre?

Podría practicar con hacer un ejercicio de repaso de mis últimos 15 años de vida e intentar dejar ir todos los recuerdos que me lastiman. Y pensar en cuáles fueron los miedos, los pensamientos, los hábitos que me acompañaron durante tanto tiempo y todavía hoy siguen perturbándome.

En algún momento tengo que salir de este permanente huracán en el que estoy y encontrar mi paz. Y tengo que hacerlo sola, sólo por mí.

O quizás debería ir aún más atrás y recuperar sensaciones de mi infancia que me dejaron estigmas que intento curar, pero que me empujan a tener reacciones descontroladas. A actuar por impulso, casi de manera infantil
.
El no pensar, el no querer enfrentar la realidad y mentirme a mí misma hacen que cuando todos los telones se caen, me quede así, vacía y al borde del abismo.

Pero no salto. No tengo el valor para hacerlo ni tampoco quiero.

Yo quiero vivir. Quiero vivir mi vida, empezar a caminar mi propio camino. Sin sentir presión en mi pecho, sin cargar esta mochila de piedras que llevo a todos lados. Estas ojeras en mi cara y estos miles de años que parece que tengo.

A veces veo con más claridad mental y puedo distinguir lo que tengo que hacer de aquello que no, lo que me lastima de lo que me trae felicidad. A veces soy fuerte y brillo y puedo seguir. Y a veces no.

Hoy no pude. Ni puedo.

Hoy se me cayo toda la angustia de mi propia existencia encima y veo todo oscuro. Ya sé que es extremo. Y que probablemente mañana vea todo mejor.

Pero no se trata de eso.

Se trata de vencer mis miedos y equilibrarme.

Se trata de tener confianza en mí.

domingo, 4 de septiembre de 2011

¿Necesito no tomar gaseosa y comer lechuga?

Harta. Hoy terminé de darme cuenta que definitivamente estás a 1 mm de ser completamente eliminado.

Tengo que escribir acerca de esto porque sino me queda en el sistema y me va a dar más acidez.

A ver si te queda claro de una maldita vez:

-Si me saludás y me preguntás como estoy, tratá de demostrar tolerancia a la respuesta. Si no podés, no me preguntes ni me hables.
- Si te digo que me duele la panza, no me digas "que raro, vos siempre lo mismo". ¿Será porque algún paisano extraño se encargó de generarme una pila de nervios durante más de 8 meses sin parar y ahora tengo una catarata de fuego revuelto entre hernias y úlceras? ¿O será que me encanta decir que me duele la panza?
- Si me preguntas qué comí y qué tomé, te voy a decir la verdad. No es mi estilo mentir. Ahora, si vos vas a aprovechar esa virtud que tengo para darme un discurso patético acerca de cómo mi vida está arruinada por tomar Coca-Cola y comer milanesas con ketchup, en lugar de ensaladas todo el tiempo, y por cómo debería hacer ejercicio para tonificarme y, adicionalmente enfatizás que lo decis por mi bien y porque me querés... ¿sabés que? Tenés razón, yo voy a hacer algo por mi bien.

Borrarte del messenger.

No hablarte mas.

Y hacerme una cita en un club de strippers para que me den un poco de acción. Así cuando termine, como voy a estar famélica, paso por un Mc Donalds y me como un riquísimo combo XL con gaseosas y papas grandes por 2 pesos más. Y helado de postre.

Y a casa me voy en taxi.

Ni por casualidad camino.

Que te vaya lindo, ignorante.

La lista del hartazgo (post no apto para personas intolerantes a la verdad según Jimena)

Harta de:

1) Tod@s l@s imbéciles que creen que yendo a una secta que les roba el dinero y les lava el cerebro gozan de verdades universales, derechos divinos y obligaciones morales, que se ven como perfectos ejemplos a seguir y osan dar consejos a otros (esto es culpa del NatGeo, que insiste en sumar calamidades a mi vida).
2) Los que se creen que se las saben todas y son pobres liebres indefensas corridas por perros de caza.
3) Los machistas asquerosos que desprestigian y condenan a las mujeres lindas, inteligentes y capaces (ah si, pero para mirarme el atributo posterior que tengo, no tienen ningún prejuicio)
4) Mi vecino del 12 E, el eyaculador precoz, actor porno frustrado porque es feo (lo ví ayer, subí con él en el ascensor y, felicítenme, me contuve de decirle cualquier barbaridad) y debe tener un maní, por sus innecesarios y exagerados gritos y sus desubicadas risas y ruidos a horarios insólitos.
5) Que las películas que me gustan estén dobladas en español en lugar de dejarlas en inglés y agregar subtítulos.
6) No disponer de más tiempo para dedicarme a aprender sobre NailArt.
7) Leer los apuntes de la facultad a las corridas porque son tan largos que ni Cortocircuito podría leerlos con la profundidad y concentración que ameritan en el poco tiempo asignado.
8) Los discursos a medias y los enredos. Las complicaciones y sus autores.
9) Que ningún shampoo me deje el cabello bien limpio, sino que me lo engrase. Pruebo con al menos 4 por mes y ninguno logra el efecto deseado... Tanto dinero invertido en investigaciones en belleza para qué...
10) Tener que esperar hasta el año que viene para la segunda temporada de Game of Thrones.
11) Poner cara de simpática frente a las personas que no soporto y hacer de cuenta que está todo genial y que la estoy pasando de primera a su lado.
12) Que la panza me duela todo el tiempo y de la acidez. Y de que los famosos antiácidos no sirvan para nada.
13) Estar harta de todo, todo el tiempo
14) El PMS. Quiero que me llegue la menopausia ya. O quitarme todo el aparato reproductor entero. Total, no tengo ni quiero tener ningún Adán que me fecunde. Para eso la ciencia y la biotecnología permitieron la in-vitro y los vientres alquilados. Y también tengo por supuesto la opción de adoptar.
15) Trabajar. Quiero jubilarme ya. O al menos pasar los próximos 30 años laborables de mi existencia desarrollando alguna actividad que me entretenga más.
16) No poder ir a vivir a NYC aún.
17) Todos los fenómenos meteorológicos descontrolados que están colapsando los medios de comunicación, ya que sólo me confirman más y más que el 2012 está cerca y se nos viene la noche.
18) Pensar que nos pueden invadir los marcianos en algún momento y yo les tengo mucho miedo.
19) Tener que tragarme palabras muchas veces para no herir susceptibilidades ni ocasionar guerras.
20) Bancarme a jóvenes maleducados y que creen que son muy inteligentes, callarme ante sus caritas zorras y maliciosas y hacerme pasar por la más tonta de todas, para no asesinarlos con cianuro en el café que se preparan por la tarde.
21) La envidia y la mala onda que emanan muchos seres oscuros que me rodean.
22) Todos los dolores físicos propios y ajenos, exijo curación ya, como sea y de donde sea que venga: divina, intergaláctica, tradicional, oriental....
23) Que todo el maldito mundo recomiende qué comer y qué tomar. Supérenlo: a la gente le gusta tomar Coca Cola, Pepsi, Sprite y demás asquerosidades químicas que anden por ahí. Comer Mc Donald´s y Burguer King y Subway. Y chocolates y helados. Y cremas y pastas. Y todo lo que les traiga placer. No nací vaca, no voy a comer pasto. Así que no me hablen más pavadas de qué es lo que debería dejar de comer o qué es lo que me hace mal, porque uno elije hacer de su vida lo que quiere. Y los modernos restó light-vegetarianos-paz y amor, son carísimos y malos.
24) Que las casas de moda sólo hagan talles pequeños y me hagan sentir mal sólo porque ellos no son lo suficientemente open-minded, es decir, de mente abierta, para aceptar la diversidad de cuerpos y formas en los seres humanos. No todos somos insectos palo ni queremos serlo.
25) Que la bateria de la NetBook sólo dure 1 hora. Estamos en el siglo XXI, ¿pueden por favor, señores de HP crear una batería de duración prolongada que soporte unas mínimas 8 horas sin enchufe?
26) El invierno. Basta. Primavera ya. Sol, clima cálido, alegría.
27) Las oraciones sin sentido de aquellos que hablan por hablar y tienen muy poca memoria.

Podría seguir escribiendo.

Pero ya estoy harta de tipear.

Quien sabe, quizás en algún momento la completo...




Valijas, bolsos, libros, un dedo fracturado, un señor con zapatos de mujer y mucha acidez

Ese es el resumen de mi fin de semana.

Me mudé sola.

Acá es la parte donde ustedes me aplauden y me dicen ¡te felicito!. Y yo digo ¡gracias, gracias!. Tremendo.

Ya saben que soy una emo encubierta, así que este gran evento en mi vida no podía pasar sino con sentimientos encontrados. Una mezcla de alegría con tristeza. Y si. Hace 30 años que vivo con mi abuela. Desde que nací, bah. Nuestro lazo es más que un simple apego. Pero sí, ya es momento.

Es momento de volar.

Y un poco lloro, de vez en cuando me azota la nostalgia y se me caen unas lágrimas. No es que me mude a la China, de hecho estoy a unos 40 minutos de casa. Pero no puedo evitarlo.

Mientras guardaba mis pertenencias en las valijas y bolsos, pensaba en si realmente quería irme o no, en si estaba tomando la decisión correcta o no. Aparte de las preocupaciones básicas que trae cualquier mudanza (quedarme sin un centavo extra para todo el mes, proyectándome tomar té y comer arroz hasta mi próximo sueldo, dejar cosas sin pagar y pedir dinero prestado...), tengo las agregadas: miedo a que le pase algo y yo no esté, miedo a que le falten cosas, a que se sienta sola... que se yo. Ya sé que no soy imprescindible ni el ombligo del mundo. Pero qué quieren que haga... no puedo evitar ser sentimental.

En fin, ayer estuve con mi prima llevando mis bártulos y limpiando el depto. La pobre tiene un dedo del pie a la miseria, es probable que esté fracturado, se ve bien feo. Pero así y todo, me dio una mano terrible, y nos tomamos unos ricos mates mientras charlamos y nos reimos. Agradezco infinitamente su compañía y ayuda, de verdad. Está bueno saber que uno tiene gente aliada que sale con las espadas de punta cuando me tiro al lodo y me revuelco en mis miserias, protegiéndome. Está bueno saber que siempre existen los llamados telefónicos y mensajitos de texto dándome fuerza y alentándome a seguir adelante. Que están los que me prestan plata y me dicen "tranqui, devolveme de a poco". Que están los que me ofrecen su oído durante 45 minutos o más, escuchando mis viajes ridículos y mis fantasías Spielbergianas. Que están los que me dan cariño, los que me abrazan y me dicen que todo está bien.

Gracias a todos.

Y como la rarez me sigue persiguiendo, cuando volvía del depto en el 152 (oh si, sigo viajando en el 152, qué creían, que lo iba a abandonar?) subió un joven bastante buenmozo que llamó mi atención. Todo muy armónico, estaba hasta bien vestido. Claro que cuando llegué a sus pies... oh-oh. Así es, están en lo cierto. Llevaba zapatos de mujer. De esos con taco de unos 3 cm, con la puntera abierta. Y medio con brillos, no supe distinguir si eran lentejuelas o charol. Entonces estuve tentada de sacarle una foto, pero nah. Pobre, que sea feliz como quiera.

Hoy domingo me la pasé comiendo. Bueno, es una forma de decir, tampoco me comí una vaca, pero sí comí mas de lo habitual en mí. Resultado: tengo una acidez que en cualquier momento me provoca un agujero en el estómago estilo Goldie Hawn en "La muerte le sienta bien". Ya tomé buscapina, sertal y Uvasal. Y un vaso de leche fría. Y un vaso de agua fría con limón. Y un vaso de Coca-Cola. Y nada funcionó. Tengo PMS también. Eso, definitivamente, no está ayudando. Ni los nervios.

Puff...  Faltan 22 días para mi cumple número 31. Cuando falten 20 empiezo con la cuenta regresiva en mi blog.

Ah! Y tengo mucho para estudiar.

Jaja, amo la vida. Al menos la mía, está cada día más emocionante.




Solo tan alto a donde alcanzo puedo crecer, solo tan lejos a donde exploro puedo llegar, solo en la profundidad en la que miro puedo ver, solo en la medida en la que sueño puedo ser.
Karen Ravn