sábado, 24 de septiembre de 2011

Crisis de llanto

Inexplicablemente, hoy, luego de recibir dos regalos de cumpleaños, enfrenté una crisis de llanto terrible. Aún estoy intentando sobreponerme.

¿Qué fue lo que me pasó? ¿Por qué no pude contener este sentimiento que aún recorre mi cuerpo y me ocasiona escalofrío?

No lo sé, no puedo explicarlo. No entiendo qué representación se generó en mi mente al recibir dos libros que me gustaron, al recibir dos regalos para mi cumpleaños número 31. Quizás sea el mismo hecho de cumplir años lo que me tenga así de mal. O tantos acontecimientos ocurridos en este mes. La velocidad con la que se sucedieron, uno tras otro, la totalidad de eventos que me han dejado en este estado lamentable.

Y no quiero escribir un discurso de lástima o de auto-compasión. No me sirve para nada, no es esa mi intención.

Estoy solamente tratando de acomodar mis ideas, de darle sentido a estos indefinidos pensamientos y sensaciones que no me dejan estar tranquila.

Soy una persona fuerte, siempre he encarado la vida desde una posición de lucha y no de entrega. Siempre he sido la forjadora de mis caminos y quien ha tomado las decisiones más erradas y más acertadas durante las distintas etapas de esta vida que me ha tocado enfrentar.

Y siempre me visualicé a mi misma sola. Es decir, existieron y existen muchas personas a mi alrededor que me quieren y que hacen cantidad de cosas para que yo esté bien. Pero por alguna razón, tan inexplicable como mi llanto de ahora, sigo sintiéndome sola.

Y esta soledad, que ahora es elegida, me trae comodidad, pero ciertamente también representa muchas veces todo lo contrario. A veces se disfraza de verdugo, y me abraza hasta asfixiarme. Mi soledad me consume, y hoy creo que es así como la siento.

Entonces me hace dudar. Me hace replanteos que de otra forma no estaría analizando. Me quita la luz y en medio de las sombras se generan figuras que me parecen reales, pero que sólo pertenecen al plano de la irrealidad.

Me pregunto ¿Qué hago? ¿Sigo sosteniendo mis decisiones, por más dolorosas que sean, o cedo ante los primeros síntomas? ¿Soy paciente y espero que los días transcurran y el destino se encargue de acomodar mis fichas, o mejor sigo empujando, sigo combatiendo, sigo generando situaciones para posicionarme en el lugar en el cual quiero estar? ¿Tomo tranquilizantes para pasar el rato anesteciada o mejor me mantego lo más lúcida posible y arremeto contra el dolor como pueda? ¿Me pongo el chaleco antibalas y salgo a la lluvia de fuego, o me dejo matar? ¿Me encierro en mi postura ermitaña o dejo un espacio para que el sol caliente mis pies y me acaricie?

Creo que tengo mucho miedo. Porque no sé que va a pasar, porque no sé ni qué estoy haciendo. Ni cuánto va a durar lo que hago, ni si estoy realmente haciendo algo. No entiendo dónde estoy parada, no sé distinguir el camino.

Me siento firme en ciertas partes del terreno, pero en cuanto me muevo dos centímetros, me hundo en una ciénaga. Y me quedo pensando si me hundo porque la ciénaga es real, y está ahí delante y yo no la veo, si la veo y me paro sobre ella igual o si la genero con mi mente, y en realidad no existe. Si la ciénaga que representa mi muerte mental es generada únicamente por mis letales pensamientos destructivos e hirientes, que atentan contra mi felicidad, contra mi bienestar, contra mi misma.

¿Es posible que esté saboteando mi tranquilidad? ¿Qué me esté negando a fuerza de puñaladas al corazón y electroshocks, a mi felicidad? Me resulta extraño pensar que quizás sea 1 en 1 millón de personas a quienes no les gusta estar bien. Me resisto a creer que me invento siempre las mejores excusas para evitar posicionarme en el lugar que sé, me merezco.

Es que no las invento. Existen. Yo las genero, las atraigo, las busco. Juego con ellas, soy una manipuladora de excelencia.

Pero cuando llega el momento de enfrentar las consecuencias, no soy tan hábil. Me desarmo, me volatilizo.

Y ahí no termina el tema. Con cada re-armado, con cada re-generación, me vuelvo más fuerte. Más reacia a creer en romanticismos, más arisca a los otros, más ausente, más alejada, más solitaria.

Es un círculo vicioso del cual no puedo salir.

Porque no quiero. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me he sentido totalmente identificada con tu entrada, como si la hubiera escrito yo misma. Lo has plasmado perfectamente. Un saludo.