martes, 27 de septiembre de 2011

El primer día del resto de mis días llegó con una muela rebelde

Tanto control mental que hice ayer, tanto STOP, basta, go away.... Todo para no poder controlar a mi maldita muela del lado derecho que está encaprichada en hacerme la vida dolorosa.

Me desperté con la cara lo más parecida a la de un hámster que encontrarán en la especie humana (hmm.. no no, estoy mintiendo. Yo conocí a una chica que tenía cara de ardilla.). Y si me habrá dolido que me levanté y me fui al dentista de guardia. ESO para mí ya es un cambio. Tengo fobia al odontólogo. No al pobre hombre que en vez de estudiar arqueología decidió estudiar esa tortuosa carrera, sino a los métodos obsoletos que utilizan. Aunque cierta culpa tiene el sujeto también, alguna patología relacionada al infringir dolor a otros seres ha de existir en su consciente.

No entiendo. La ciencia y la tecnología han avanzado a ritmos impensado; podemos tener clones, congelar nuestras células para utilizarlas luego incluso de morir, separar a siameses unidos por el cráneo... pero nadie puede hacer un maldito torno silencioso, o cambiar el aroma de los productos que utilizan, o inventar algo que no sea un gancho de metal que se inscrusta entre los dientes... Terrible. Medieval.

Hay ciertas profesiones que deberían seriamente rever sus metodologías y aplicaciones prácticas. No podemos seguir sufriendo la falta de actualización de determinadas disciplinas, y definitivamente, no es correcto enseñar conceptos abstraídos de la realidad. Si no funciona, no funciona. Get over it. Asúmanlo y cámbienlo.

En fin, la cuestión es que mi primer día con 31 años me lo estoy pasando drogada con una pastilla contra la inflamación y a la espera de que la reencarnación de Gengis Kan me "arregle" la muela dolorida en los próximos días. O mejor dicho, me la "arranque". No quiero ni pensar.

Creo que la culpa la tienen las bolitas de cereal de chocolate. Ayer mordí un par que seguramente fueron las que atacaron a mi muela. Bueno si, me las comi cuando estaba acostada estilo morsa en la cama y no me lavé los dientes después. Sorry, ¿ustedes SIEMPRE se lavan los dientes después de cada cosa que comen? Y bueno, yo no. Aunque lo que ocurrió es positivo, porque así no como más de esas bolitas.

Y no, no me crean. Ya lo saben; yo soy partidaria de quemarme con fuego 2 mil veces, ver la vaca y no llorar y tropezar 500 veces con la misma piedra, así que en cuanto vaya al supermercado voy a apropiarme de varias cajas del cereal asesino. Es un hecho.

No aprendo más. Con nada. Insisto, sigo y sigo. Toda golpeada, toda quemada. Debo haber sido un monje Shaolin en otra vida. Hiper tolerante al dolor y persistente.

Bah, ni tanto.

Me voy a leer un rato.






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