viernes, 23 de septiembre de 2011

Estoy molesta, incómodamente molesta

A tan solo 4 días de mi cumpleaños número 31, estoy trastornadísima.

No se ni que quiero. Ni si quiero algo. Ni si lo que tengo es lo que quiero. O si tengo algo. O si quiero tener otra cosa. O no tener lo que tengo.

Hoy me levanté con todos los dioses del Olimpo en mi contra, encarnada en Ares.

No puedo creer cómo me enveneno tanto pensando en "otros" que no merecen pero ni un minuto de mi atención y cómo me quedo enganchada en esas vueltas, enroscada y enfurecida, haciéndome problema por sus acciones incoherentes. ¿Para qué? ¿Con qué finalidad?

"Bajate de algunas batallas" me dice siempre una de mis mejores amigas. "Dejá de darle tanta bola a eso, de hacerte tanto problema, porque vas a terminar alejando a los que te quieren de verdad", me dice otra de mis amigas. Tienen razón.

Desde ayer que estoy pensando en si algo de todo lo que estoy haciendo tiene sentido. O si me estoy equivocando y no me doy cuenta. O si me doy cuenta y no me importa, cosa que sería aún más grave.

Últimamente, duermo muy poco, y lo poco que duermo, no descanso. Quizás por eso esté bastante susceptible.

Supongo que de a poco, y a medida que voy madurando, comienzo a ver las cosas desde otro ángulo. Es difícil dejar la mirada egocéntrica, esa actitud constante de creer que todo gira alrededor de mi existencia, y que todo es o ha de ser como yo quiero.

Es hora de ampliar mi mirada y mirar con atención a quienes me rodean. Y compartir más tiempo con aquellos que me quieren de verdad, afianzar lazos, construir sólidas amistades.

Seguramente esto de adaptarme a mi vida independiente también está influyendo en mis cambios drásticos de humor.

Será cuestión de ir sintiéndome cada día un pequeño porcentaje más segura de mi misma, y dejar de sentir culpas, para dar lugar al disfrute pleno de mis decisiones y mi nuevo ritmo diario.

Sigo molesta.

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