martes, 27 de septiembre de 2011

Hago todo al reves, y eso no es nuevo

Llegaron los 31 y yo sigo haciendo todo al revés. No ocurrió nada mágico por lo cual de repente mis acciones se convirtieron en coherentes, es más, estoy casi segura de estar más loca.

Un ejemplo: hoy mientras caminaba a tomar el 152 de regreso a mi casa, confundí a una señora con una sandía. Así es. Es que estaba apoyada contra una pared, de costado, y tenía una remera verde y amarilla. Yo, por alguna extraña razón, pensé que era una sandía.

Ahora que lo pienso, me acuerdo del libro de Oliver Sacks, "El hombre que confundió a su mujer con un sombrero". Resulta que el Sr. P no podía emitir juicios personales. Podía ver, sentir y escuchar perfectamente, pero no era capaz de ver la totalidad de las cosas, sólo veía detalles. Podía identificar esquemas, pero sin captar en absoluto la realidad. El neurólogo Sacks estudió a sus pacientes desde el interior; llegando así a la conclusión de que la pérdida, la diferencia, la enfermedad, los posiciona frente a la necesidad de construir una nueva realidad, un nuevo juicio.

Algo de eso creo que hay en mi confusión de la señora con la sandía. No al extremo de ser un caso de Sacks, pero me quedé pensando en eso de "construir una nueva realidad". Eso sí lo hago todo el tiempo. Y creo que es lo que me mantiene viva y activa aún.

Igual, ejemplos de cosas que hago al revés me sobran. Hoy fui a la farmacia y me pesé. Que ni se les pase por la cabeza la pregunta ¿y cuánto pesás? porque es secreto de estado y se encuentra sellado con 8 candados, 15 lacres y lo custodian 2 perros de 4 cabezas cada uno, 1 diente de sable y 1 velocirraptor (entre ellos se llevan bien, no se preocupen). Aquí lo interesante es que dije: "ok, no como más una maldita cosa". Para que, ni bien crucé la puerta de mi departamento, corriera a prepararme un Nesquick con unas 5 tostadas con queso untado y mermelada de naranja. Y por si fuera poco, bolitas de chocolate de cereal de postre. No tengo disciplina. O es un problema severo de memoria.

Tengo más: llegué terriblemente cansada. Y patéticamente, en el día de mi cumpleaños, me acosté a dormir a las 8 de la noche. Ocurrió lo obvio: es casi la 1 de la mañana y estoy despierta e insomne. Y todavía tengo el pelo mojado, así que mañana voy a parecer un león africano con una melena indomable.... y si hay humedad, listo. Afro style o muerte.

No entiendo nada.

Lo bueno es que se me pasó levemente el ataque de emo que tuve todo el día. Tristeza, nostalgia, abatimiento... cada año que cumplo me pega más duro. Menos mal que pude recuperarme y ya estoy en mi anormalidad habitual.

Mañana (mejor dicho hoy martes, pero para mí es mañana, ya les expliqué) empiezo a poner en práctica el STOP. Así con mayúsculas. STOP a todo lo que me hace mal y a los pensamientos enredados. Y a los enganches patéticos, y al desgaste por seres minúsculos que hablan envenenadamente. STOP. Go away. Váyanse. Salgan de mi vista. No pienso darles más atención. A ninguno.

Mis 31 serán brillantes.

Mañana es el primer día del resto de mis días.

Y el principio del fin.


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