miércoles, 14 de septiembre de 2011

Una fantasía vale más que una realidad

Mi dolor lo cubro con imágenes inventadas. Hay muchos recuerdos que he bloqueado para que no perturben mi dia a dia. Pero están ahí.

Mis reacciones de estar a la defensiva en forma permanente para evitar un golpe de puño o palabras hirientes se remontan a la época en la cual me veo sentada tomándome las rodillas en un rincón, contra la pared, llorando y pidiendo por favor que se calle. Que deje de decirme cosas, que deje de torturarme con decir verdades que terminaba inventando para satisfacerlo, de preguntarme detalles morbosos de si me gustaba que me tratasen como una cualquiera, que si había gozado cuando me “revolcaba” con esos. A cada negativa mía de responder, sufría una quemadura de cigarrillo en mis manos, todavía conservo las cicatrices. O en mi cara. O mi cabello.

Le obsesionaba mi pasado sentimental, me obligaba a contarle con quiénes había estado involucrada y qué había hecho con cada uno. Si me gustaba, si eran mejores que él. Me insultaba, me decía que estaba gorda, que era fea, que nunca nadie se fijaría en mí. Que si él me dejaba, nadie me iba a mirar.

Una noche conducía alocadamente su auto, con su cinturón de seguridad puesto, y me prohibió a mí abrocharme el mío. Doblaba en las esquinas a punto del vuelco, tenía que sujetarme muy fuerte para evitar salir despedida por el vidrio delantero. Me preguntaba si me quería morir. Si me gustaba estar al borde de la muerte.

O me rozaba la piel con un cuchillo. De mi abdomen y mis pechos. De mis brazos y mis piernas. Me susurraba al oído si estaba disfrutando el sentir miedo. Para luego excitarse hasta llegar al punto máximo de su placer, viéndome llorar, con los ojos llenos de terror y sin respirar.

En mi fantasía nada de eso existió. Esos recuerdos se fueron, no están. No me pueden lastimar. Los enfrento y los elimino.

En mi realidad, me quedan tantas marcas de guerra como en aquel entonces cicatrices. Soy un animal salvaje siempre a la defensiva, necesito atacar primero para luego entrar en confianza y bajar la guardia.

Estoy un poco cansada de ser así.

No quiero herir a quienes más me quieren. 

No quiero alejarlos ni quedarme sola.

Necesito poder superarlo.

Necesito dejar ir todo aquello y respirar tranquila.

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