domingo, 4 de septiembre de 2011

Valijas, bolsos, libros, un dedo fracturado, un señor con zapatos de mujer y mucha acidez

Ese es el resumen de mi fin de semana.

Me mudé sola.

Acá es la parte donde ustedes me aplauden y me dicen ¡te felicito!. Y yo digo ¡gracias, gracias!. Tremendo.

Ya saben que soy una emo encubierta, así que este gran evento en mi vida no podía pasar sino con sentimientos encontrados. Una mezcla de alegría con tristeza. Y si. Hace 30 años que vivo con mi abuela. Desde que nací, bah. Nuestro lazo es más que un simple apego. Pero sí, ya es momento.

Es momento de volar.

Y un poco lloro, de vez en cuando me azota la nostalgia y se me caen unas lágrimas. No es que me mude a la China, de hecho estoy a unos 40 minutos de casa. Pero no puedo evitarlo.

Mientras guardaba mis pertenencias en las valijas y bolsos, pensaba en si realmente quería irme o no, en si estaba tomando la decisión correcta o no. Aparte de las preocupaciones básicas que trae cualquier mudanza (quedarme sin un centavo extra para todo el mes, proyectándome tomar té y comer arroz hasta mi próximo sueldo, dejar cosas sin pagar y pedir dinero prestado...), tengo las agregadas: miedo a que le pase algo y yo no esté, miedo a que le falten cosas, a que se sienta sola... que se yo. Ya sé que no soy imprescindible ni el ombligo del mundo. Pero qué quieren que haga... no puedo evitar ser sentimental.

En fin, ayer estuve con mi prima llevando mis bártulos y limpiando el depto. La pobre tiene un dedo del pie a la miseria, es probable que esté fracturado, se ve bien feo. Pero así y todo, me dio una mano terrible, y nos tomamos unos ricos mates mientras charlamos y nos reimos. Agradezco infinitamente su compañía y ayuda, de verdad. Está bueno saber que uno tiene gente aliada que sale con las espadas de punta cuando me tiro al lodo y me revuelco en mis miserias, protegiéndome. Está bueno saber que siempre existen los llamados telefónicos y mensajitos de texto dándome fuerza y alentándome a seguir adelante. Que están los que me prestan plata y me dicen "tranqui, devolveme de a poco". Que están los que me ofrecen su oído durante 45 minutos o más, escuchando mis viajes ridículos y mis fantasías Spielbergianas. Que están los que me dan cariño, los que me abrazan y me dicen que todo está bien.

Gracias a todos.

Y como la rarez me sigue persiguiendo, cuando volvía del depto en el 152 (oh si, sigo viajando en el 152, qué creían, que lo iba a abandonar?) subió un joven bastante buenmozo que llamó mi atención. Todo muy armónico, estaba hasta bien vestido. Claro que cuando llegué a sus pies... oh-oh. Así es, están en lo cierto. Llevaba zapatos de mujer. De esos con taco de unos 3 cm, con la puntera abierta. Y medio con brillos, no supe distinguir si eran lentejuelas o charol. Entonces estuve tentada de sacarle una foto, pero nah. Pobre, que sea feliz como quiera.

Hoy domingo me la pasé comiendo. Bueno, es una forma de decir, tampoco me comí una vaca, pero sí comí mas de lo habitual en mí. Resultado: tengo una acidez que en cualquier momento me provoca un agujero en el estómago estilo Goldie Hawn en "La muerte le sienta bien". Ya tomé buscapina, sertal y Uvasal. Y un vaso de leche fría. Y un vaso de agua fría con limón. Y un vaso de Coca-Cola. Y nada funcionó. Tengo PMS también. Eso, definitivamente, no está ayudando. Ni los nervios.

Puff...  Faltan 22 días para mi cumple número 31. Cuando falten 20 empiezo con la cuenta regresiva en mi blog.

Ah! Y tengo mucho para estudiar.

Jaja, amo la vida. Al menos la mía, está cada día más emocionante.




Solo tan alto a donde alcanzo puedo crecer, solo tan lejos a donde exploro puedo llegar, solo en la profundidad en la que miro puedo ver, solo en la medida en la que sueño puedo ser.
Karen Ravn



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