miércoles, 26 de octubre de 2011

Ni

"Ni" equivale a un gris. Ni feliz, ni triste. Ni segura, ni insegura. Ni convencida, ni desalentada. Ni cobarde, ni valiente.

Estoy "ni". Y ese "ni" tampoco es estable. Por momentos hasta deja de ser "ni". Ya no sé que es. Sólo se que puedo durante algunas horas del día (muy pocas por cierto) aclarar un tanto más el pensamiento y ver desde otra perspectiva este caos que me rodea. Pero el 80% del tiempo, es desolador.

No sé si existe sentimiento tan desorientador como la incertidumbre. Carcome, mata. Y acompañado de la ansiedad, la soledad y el miedo, es como vivir presa de mis propias emociones descontroladas.

Me cuesta mucho aceptar aquello que no puedo cambiar. Y no es capricho.

Encontré algo muy fácil de leer y que expresa exactamente lo que siento en este instante.

Dice así:

"Pero ¿cómo aceptarlo? ¿Así de sencillo? ¿No hacer nada? Sí, eso mismo. Confiar en el flujo de la vida. Admitir que tú no lo sabes todo ni tampoco puedes controlarlo todo. Tener la seguridad de que nada sucede por casualidad y que no siempre logramos comprender por qué determinadas cosas ocurren, principalmente cuando nos parecen tan injustas.

Tus sentimientos son absolutamente comprensibles y ciertamente debes acogerlos. Pero no actuar mientras te encuentres sometido a ellos. Puedes, claro, irte a tu casa y aporrear la almohada, o llorar, o conversar con alguien en quien confíes y desahogarte.

En fin, puedes y debes arrojar fuera esa angustia que sientes. Pero no puedes salir por ahí descargando tu ira sobre quien se atreva a cruzarse en tu camino. Y ¿sabes lo peor? Desgraciadamente, la mayor parte de las veces, es exactamente esto lo que hace la mayoría de la gente: descarga su frustración en aquellos que más ama, como hijos, esposa, madre, padre y hermano.

Y, sobre todo, no puedes transformar tus próximos días en verdaderos martirios, consumiéndote con pensamientos autodestructivos, culpabilizándote por lo que consideras que deberías haber hecho, o incluso sintiéndote incompetente. Esta sería la más nefasta de las opciones: ¡Rebelarse contra sí mismo! ¡Definitivamente no ayudaría en nada! Muy por el contrario...

Por fin, concédete un baño prolongado, quizá un té calentito y respira profundamente, sintiendo relajarse tu cuerpo entero. ¡Entrégate al día siguiente y a la vida con la seguridad de que lo que haya de ser tuyo, lo será! ¡Y continúa haciendo lo mejor que puedas!

Inténtalo. Tan solo inténtalo y descubre que vivir no necesita ser tan complicado y dolorido..." (Leia Também: Rebelar-se, mudar ou simplesmente aceitar?)


Eso es exactamente lo que mi "ni" representa. Una absoluta falta de ganas de largarme a esperar que la vida de todas las vueltas que tenga que dar solita. De entregarme al "lo que pase, pasará". Soy una luchadora compulsiva. Y creo que no sé colocar límites a mis expectativas o deseos vs. la famosa "realidad". O al menos la "realidad" del momento.

Estoy en esta lucha contra mi misma sin ser capaz de apartarme, retirarme y preservarme para otra batalla. Es que no quiero. Porque tengo miedo de soltarme y dejar que el tiempo pase y decida, y acomode y me de las explicaciones que ahora no veo.

¿Cómo me las voy a arreglar? No se.

Siento que si me entrego, me traiciono a mi misma.

Siento que si continúo, me obsesiono imprudentemente.

Siento que si me detengo, voy a salir perdiendo...

Siento que ya no hay nada más por hacer.

Pero algo dentro de mí grita estridentemente, que siga insistiendo...



De pronto recordé que había soñado con eso: Un laberinto asfixiante en el que por más que caminara siempre estaba en el mismo lugar. Algo me atrajo, quizá la incertidumbre o mi propio miedo, y me largué a correr hacia cualquier parte.

Osvaldo Soriano




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