miércoles, 19 de octubre de 2011

No me pasa nada y me pasa de todo

Por ejemplo, hoy es el cuarto día que no duermo. Cada uno de ellos solamente pude hacerlo durante unas 4 horas. Incomodidad. Pesadillas. Golpes de calor. Golpes de frío. Tampoco como. Vivo a leche con Nesquick y pan untado con queso crema y mermelada. Un tanto porque no sé cocinar y el otro día casi muero intoxicada con un pollo crudo. Otro tanto porque no tengo hambre, y si me obligo a comer, después me duele la panza.

Estoy hecha una pila de cosas que me pasan. Ya sé que a muchos y muchas les molesta mi vida plagada de escenarios caóticos. No les pido que me ayuden, ni siquiera que me escuchen. Está todo bien, yo puedo con mis demonios. O eso creo. Pero ciertamente, estoy obligándome a enfrentar situaciones incómodas vs. recurrir a mi solución preferida: escapar, salir corriendo. Y eso, para mí que soy una cobarde que le tiene miedo al odontólogo, es una cruzada inmensurable.

Estuve pensando por demás estos días, es probable que me haya enredado demasiado en esa interminable asociación de eventos que se confabulan para mostrarse todos lastimosos para mí. Ni tanto. Lo bueno es que existen espacios de lucidez, en los cuales puedo ver con otros ojos lo que veo sin ver, y eso me trae una relativa calma.

O una explosión de ira. Como la de hoy a la tarde. Cuando me pasaba de todo. La ira es un sentimiento horrendo, y yo rara vez lo dejo avanzar. Pero cuando me supera, tengo que largarlo. Sin agredir a nadie, pero sacándolo urgentemente de mis humores.

Tampoco todo lo que me pasa es malo. De hecho, he sacado de este desorden arrasador algún producto rescatable, algún facilitador de alivio. O será un placebo al dolor que intento enfrentar, pero bueno, funciona parcialmente.

¿A qué dolor me enfrento? No lo sé, de hecho estoy segura de que no soy protagonista de un drama. Ni una víctima, ni una merecedora de lástima. Por el contrario, yo no perdí nada, ni fui dejada, ni abandonada, ni humillada.

Y si me aparto, me elevo, y me observo, puedo ver quien realmente soy y todo lo bueno que tengo, mis virtudes y habilidades, mis fortalezas y destrezas. No hay lágrimas que derramar, no hay penas, no hay glorias ni guiones teatrales. No hay dolor en el cambio. Y aunque no haya tampoco aceptación, detengo el trauma.

No me pasa nada en concreto, y sin embargo sigo sintiendo que me pasa de todo.

O quizás me pase de todo y yo crea que está todo bien y no me pasa nada.

O me pase algo y yo crea que es de todo....

Por ahora decido cambiar la estrategia.

Y regalarme tranquilidad.


Es mejor retirarse y dejar un bonito recuerdo, que insistir y convertirse en molestia. No se pierde lo que no tuviste.. no se mantiene lo que no es tuyo  y no puedes aferrarte a algo que no se quiere quedar, dejalo ir... continua tu vida y espera a ver con que te sorprende...


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