martes, 4 de octubre de 2011

Octubre rojo - The weekend

Rojo sangre. Así voy a quedar yo después de este mes, que parece viene con ganas de arruinar mi poca cordura disponible.

Pasé un fin de semana patético. Bah, ya venía acumulando pateticidad durante la semana, pero llegué al punto máximo durante el sábado y el domingo.

Luego de sobrevivir a un sábado plagado de llanto, discusiones y enfrentamientos, me dispuse a descansar el domingo, considerando que el lunes debía regresar a trabajar y necesitaba algo de energía disponible. Claro que cada vez que planeo algo mi "destino", "realidad", "suerte", "karma" o llámese como se llame, se encarga de remarcarme que apenas soy un insecto sin decisión en este mundo y que todo saldrá al revés.

Así fue como luego de dormir varias horas, creo que abrí los ojos a eso de las 3 de la tarde, decidí no levantarme sino para colocar un DVD en la lectora y mirar una peli desde la cama, tapada con muchas frazadas hasta la nariz (el domingo estaba bastante fresco el clima, creo. O era yo y mi pereza que me hacía sentir terriblemente confortable en el calorcito). Y no miré solo 1, sino 2. Casi 3, pero a mitad de la tercera me poseyó la culpa de estar en estado larval a las 7 de la tarde, con toda mi casa desarreglada, así que me decidí a bajar los pies al mundo.

Mundo cruel, si los hay. No hay nada más terrible para una glam girl que limpiar. En realidad, algo lo disfruto, es un tanto terapeutico. Pero nah, yo soy una diva. Nada de trapos de piso, detergente o limpia muebles.

Pero bueno, limpié los pisos, saqué la basura que ya estaba casi por sacarme a mí del depto, limpié los muebles y lavé el baño. Y ese fue el error más grande de mi vida. Nono, no el más grande, cometí otros peores. Pero cuando quise cerrar la canilla del agua de la bañadera, oh-oh, no cerraba. Y no es que no cerraba porque perdía un poquito. No cerraba y quedó completamente abierta.

Desesperación. Ya me imaginaba con el agua hasta las rodillas y explicándole a la dueña del depto que todo había comenzado por la culpa de ser una morsa enredada en frazadas... Es cierto, la desesperación obnubila el pensamiento. Asi que en lugar de pensar soluciones prácticas a mi problema concreto, recurrí a las ya conocidas estrategias mágicas que me caracterizan. La primera, llorar. Que no soluciona nada, pero hace pasar el tiempo, evitando analizar la situación. Luego de un rato, la segunda: llamar a todo el mundo para contarle mi problema. Qué pretendia que hicieran? Ni idea. Un domingo a las 7 de la tarde, escuchándome por teléfono pidiendo cueritos, una llave inglesa y una pinza. Obviamente, me enojé con todos y saqué mi carta maestra: "yo sola puedo, yo me las arreglo". Mentira. No soy superwoman. Pero la imito bastante bien.

Decido entonces ir al súper que tiene productos de plomería. Bajo el ascensor y escucho al portero. Le pregunto si me puede colaborar, y entonces se produce el milagro: me da un tupper con cueritos y herramientas. Genial.

Voy a la bañera, cambio el cuerito del agua caliente. En 3 minutos estaba listo. Alivio.

Voy a la cocina a lavarme las manos en la pileta, abro la canilla del agua fría, comienza a salir agua copiosamente. Oh no! Esto es una pesadilla! Bueno, aprovecho el 2 x 1 y me dispongo a cambiar otro cuerito. Sin calcular que cuando quité la pieza de la canilla, el chorro de agua fue estilo géiser. Y directo a mi rostro. Ok, dónde está la maldita llave de paso? No la encuentro. Ok, la encontré. No funciona, no cierra. Ok, genial, voy a hacerme sopa. Listo, decidida a enfrentar las circunstancias y luchando con la llave pico de loro, haciendo más fuerza que los egipcios arrastrando las piedras de las pirámides, finalmente no puedo cambiar el cuerito. Ni tampoco colocar nuevamente el vástago de la canilla. O sea, estoy frita.

Lucho vehementemente contra el agua, que no es bendita para nada, y luego de unos rápidos pases exorcistas, domino la situación y rearmo el set. Sin haber cambiado el cuerito, con los jeans, la musculosa, el cabello, el rostro y las zapatillas empapadas y mi cocina inundada. Pero, el volcán de agua controlado.

Escucho al portero sacando la basura, lo llamo y le cuento mi hazaña. Me dice, querés que veamos la canilla de la cocina? Ok. "Ah!, pero tenes que cerrar la llave de paso!.""Nono, yo ya probé y no anda""La giraste al revés seguro" Oh my god. Cierto. La había girado al revés.

En 5 minutos el buen hombre me había arreglado la canilla. Y yo en mi interior aprendí a insultar en muchos idiomas.

Aguarden. Ahí no termina. Mi muela también se sublevó. Y terminé en la guardia odontológica amenazando de muerte al dentista "mirá que soy fóbica, así que poneme mucha anestecia porque me voy a desmayar". Así nomás.

Resultado: 3 inyecciones en la encía de anestecia, limpieza, relleno y un dolor de la hostia. Con proyecciones de un tratamiento de conducto para dentro de 15 días.

Amo los fines de semana.

Octubre 1 - Jimena 0.

Ya te voy a volver bueno, reventadito.

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