jueves, 27 de octubre de 2011

Que pena contigo!



Asi dicen mis conocidos colombianos, con su rico acento, cuando quieren expresar que se sienten apenados por molestar a alguien con algo que ellos necesitan: una pregunta, una ayuda, un favor.


Si lo argentinizamos, este dicho parece ser mas apropiado para situaciones del tipo: ahora ya es tarde para que lo lamentes, que pena con vos! O sea, el famoso "jodete".


Algo asi siento yo ahora. Desde una extraña posicion, por supuesto. Pero si, mientras recorro este mismo trayecto que tantas veces hice, pienso y vienen a mi mente recuerdos, convertidos en postales perennes. Por ejemplo, yo estuve ahi parada en ese lugar. Yo estuve ahi, compartiendo mis minutos, hablando de sueños, sintiendome acompañada. Yo le saque una foto a la vista que tenia delante, para inmortalizar el momento.


Maldita mente, ¿por qué no arderás como Troya?


Asi te llevas esta sensacion de sentirme una imbécil. Y esta patética y persistente idea de pensar sin pausa en explicaciones y sentidos que no encuentro.


Que pena conmigo.


Pero no solo conmigo. Supongo que no soy la única que siente el "jodete". 


Los días van pasando y con ellos, me voy endureciendo. Mis emociones se congelan ante la frialdad del camino. La peligrosidad de caminar sobre el hielo me hace detenerme. Porque si intento caminar, voy a patinar. Y si patino, voy a caerme. Y si me caigo, voy a lastimarme. Otra vez. 


Y la verdad es que soy valiosa como para verme tirada en el piso, revolcándome de dolor por el trauma. Sé bien quién soy, qué tengo para ofrecer y qué puedo lograr para mí y para quien quiera acompañarme. 


Afortunadamente, tengo muy buenos dones para el éxito. Propio, y para llevar hacia la cima a otros también. 


Desafortunadamente, tengo en mi haber un interesante número de defectos. Entre los que se encuentra el no conformarme fácil.


La balanza?


Secreto.


A quien le interese, que lo descubra. Y decida.

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