jueves, 27 de octubre de 2011

Un canasto de supermercado que cambió mi día

Hoy fui al supermercado. Era necesario. Mi heladera estaba más vacía que mi mente cansada.

Como siempre, tomo un canasto para ir guardando mis compras allí. Claro que con la mano derecha vendada (ah, no les conté que tengo dos dedos esguinzados, y uno con una uña volada...), no es tan fácil manejar al indómito canasto. Seguramente hubiese sido más difícil controlar un changuito, porque soy de esas que agarran el de la rueda loca que ni el de Rápido y Furioso podría pilotear. Pero bueno, la cuestión es que ahí iba yo, con mi mano vendada, la cartera del brazo izquierdo, el canasto y los productos que iba colocando estratégicamente en él, para que el peso estuviese repartido equitativamente en relación derecha-izquierda.

Llego a la caja, estoy detrás de un señor que se compró medio super. Que fastidio me da esa gente que se piensa que todos tenemos 8 horas para esperar que el cajero contabilice los 700 artículos que decidieron comprar todos juntos, como si fuese el fin del mundo y tuviesen la imperiosa necesidad de almacenar de a 20 cajas de puré de tomate, fideos y botellas de agua. Ni que fuese el 2012.

En fin, ahí estaba yo (que había dejado el canasto en el piso) y una señora atrás mío me pide que le cuide su lugar (no había nadie detrás de ella, pero es común eso de que cuando uno se va de la fila en la cual ganó su sitio, aunque sea por un microsegundo, no quiere perder ese derecho natural adquirido de estar ahí en ese espacio conseguido, y pide a extraños que se lo "cuiden"... algo así como cuidar al aire vendría a ser, un aire representativo de un otro al que no conozco, pero me confía su "puesto") porque se olvidó de pesar las manzanas. OK, no hay problema, vaya tranquila.

Cuando vuelve, yo ya estaba colocando mis mercancías sobre la cinta transportadora (mientras el señor previsor enrollaba el ticket de 2 metros de la lista de su compra y se alejaba de la caja...), y la señora me dice "ay!, te ayudo?, no me di cuenta que tenías la mano vendada! que te paso?". Yo maleducada no soy, así que le contesto con una amplia sonrisa y muy escuetamente lo acontecido. Me dice: "y... ¿por qué agarraste un canasto en lugar de un changuito con ruedas?, cuidate esa mano, y de paso, te cuidas la cintura también desde ahora que sos joven".

Yo en ese momento pensé "estemmm", pero enseguida reflexioné y llegué a varias conclusiones, que paso a enumerar:

- La señora evidentemente con sólo observarme 2 minutos advirtió mi problema y encontró un alivio al posible dolor que me auto-ocasionaría, casi de forma inmediata. Algo que yo evito hacer consuetudinariamente: causarme bienestar
- La señora tiene un pensamiento práctico de la hostia. Yo, en cambio, vivo complicada.
- La señora me ofreció su ayuda y yo le dije que no se molestara, que tenía que acostumbrarme a manejarme así unos días. Típico de mí. Superwoman todo lo puede.

Entonces:

- Sigo siendo una emo disfrazada de Avatar Glam.
- Pienso demasiado
- Tengo complejo de superhéroe.

Y agrego:

- Sí, estoy triste y se me nota. Y sentirme mejor es difícil.
- Sí, no paro un minuto de pensar. A tanta velocidad que mis ideas colisionan y me lastiman sin piedad.
- Si, siento que tengo que poder con todo

O sea:

- Estoy jodida
- Estoy perturbada
- Estoy herida

Todo por culpa del supermercado.

Ya no puedo ni comprar tranquila...


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