jueves, 1 de diciembre de 2011

9 días por el mundo

Desde mi muerte simbólica, que ocurrió el día 23 de noviembre cuando pensé que estaba jodidamente bien jodida, mi espíritu se dedicó a vagar por el mundo, intentando reconectarse con mi cuerpo.

Durante las primeras horas deambulé en la oscuridad. Maltraté mi mente, la llené de recuerdos vacíos y de sensaciones devastadoras de soledad y temor. Grité con voz ahogada desde el fondo de mi sepulcro implorando por una mano liberadora que me salvara. Experimenté la ansiedad del futuro, del evitar el camino que se estaba abriendo delante mío. Y derramé lágrimas de furia, de incomprensión, de necesidad.

Entonces fue cuando recité las palabras mágicas que me libraron de los demonios y me ayudaron a abrir la puerta hacia el próximo paso. Fue cuando decidí enfrentarme conmigo misma, silenciar mi mente y mis pensamientos. No me gustó lo que ví. No me sentí cómoda.

Pero pasé.

Dejé que mis sombras me devoraran, que no dejaran ni un mínimo rastro de aquella que fui. Me dejé caer, me rendí ante el brutal golpe de los acontecimientos.

Luego hubo un tiempo en el cual me ausenté. De mí, de mi vida, de mi cotidianidad. Me escapé de la rutina, di vuelta el reloj ferozmente, obligando a sus agujas a circular en el sentido opuesto. Frené el tiempo, lo congelé.

Ahí fue cuando decidí soltarte la mano. Dejarte ir.

Ahí fue cuando decidí liberarme. Sanarme.

Ahora es el tiempo en el cual soy libre. En el cual las viejas estructuras fueron desarmadas y mis nuevos esquemas son más piadosos. Donde no hace falta sufrir, donde no hay dolores físicos ni emocionales. Donde aprendí cómo vivir conmigo misma.

Ahora que han pasado 9 días, me miro al espejo y me veo. La diosa interior ha despertado. Y es poderosa.

Maga del fuego, guerrera de la luz; se ilumina cuando baja el sol y renace permanentemente con cada amanecer.

Ahora que han pasado 9 días he regresado.

Bienvenida a tu nueva vida.

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