lunes, 12 de diciembre de 2011

Cold Case (O: caso cerrado ... )

Los investigadores de homicidios, cuando no llegan a resolver un caso, guardan todas las pistas, las pruebas, los interrogatorios y resultados de pericias en una caja (o dos, o tres, bueno, dependiendo de la cantidad que tengan...), le pegan una etiqueta con el nombre o seudónimo de la víctima, el año en que comenzó el caso y el año en que se decide cerrarlo, y un número identificatorio. O al menos eso es lo que me enseñó el Warner Channel.

Porque, aunque se tengan detectives disponibles 24/7, con experiencia y herramientas suficientes, si el caso no avanza, no avanza. Seguramente hay otros factores que influyen, como aquellos seres que se encargan de ensuciar el terreno plantando pistas falsas o comprando testigos, los que con dinero ocultan la verdad, o los que tienen a todos engañados y hacen que pongan las manos en el fuego por ellos. Igual, con o sin ayuda oscura, el resultado es el mismo: caso cerrado por falta de pruebas para la acusación.

Ok, así estoy yo ahora. Soy una graduada de la Harvard University of Resolución Engorrosa de Asuntos Internos, con mucha experiencia y conocimientos, disponible 24/7, entregada a mi misión y hábil para juntar material inflamable; pero en esta cuestión que me acosa últimamente y me perturba, he salido perdiendo. Voy derecho al archivo.

Lo que pasa es que de tanto intentarlo, a veces me canso. No me ocurre muy a menudo, porque soy lo más terca, obstinada y caprichosa que podrán conocer. Tampoco me resigno. Es que me encanta la adrenalina: cuanto más difícil, más rebuscado y más traumático sea el evento, mejor. Más me convenzo de seguir y seguir hasta que: a) me explote la cabeza y requiera de un transplante cerebral que nunca antes se ha hecho en el mundo b) me rompa la nariz contra la pared y requiera de una rinoplastia (que por suerte sí se hicieron muchisimas ya en el mundo) c) me aburra y me desinterese totalmente por el objetivo, que ya a esa altura me olvidé de qué se trataba.

Por algún extraño motivo caí en c), y eso que venía en quinta, como el tren bala a la hora pico. Pero algo sucedió por lo cual esta historia me agotó. Y, ojo, sigue siendo divertida. Pero desde otro lugar.

Quizás sea eso, mi cambio de perspectiva. Y no voy a estar alardeando por méritos que no merezco: no fue un cambio de perspectiva analizado y premeditado. Para nada. Fue totalmente espontáneo. Es más, ocurrió de un minuto para el otro. Como un crimen pasional, un arrebato de emoción violenta.

Y tampoco me voy a hacer la canchera diciendo, "Ah, que bien. Ha llegado la iluminación, ya no sufriré más con esta nueva visión de la situación". Porque aparte de obstinada, soy masoquista. Que en realidad no se une con un conector como "aparte", sino más bien con un "encima". Combinación extraña si las hay. O no tanto, y la simple explicación es que soy una adicta a mi masoquismo. Que también es probable. Y por eso también es probable que mañana ya no piense ni el 30% de lo que pienso hoy, y esté totalmente en desacuerdo con todo lo dicho. Porque "adicionalmente", mi memoria es pésima y selectiva. Me acuerdo lo que quiero y cuando quiero y si y sólo si es conveniente.

Bah, al diablo.

"Jimena, 2010-20111, folio 21.12.12"

Cold Case.

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