sábado, 24 de diciembre de 2011

En recuperación: Día 8

No me acuerdo si es el día 8 o 9. Creo que es el 8. La noción del tiempo-espacio no es algo que maneje últimamente. Puf, esto de vivir así encerrada en mi casa y haciendo reposo en la cama no está para nada bueno.

De hecho, creo que estoy enloqueciendo.

Bah, o mejor dicho, empeorando la locura preexistente. Porque tampoco me voy a hacer la cuerda, echándole la culpa a la cirugía de mi falta de salud mental... Estoy acumulando una interesante cantidad de stress, que deriva en pensamientos tortuosos innecesarios.

Porque una cosa es sufrir por amor y otra cosa muy distinta es sufrir por ser medio nabo. O nabo entero. O sea, ¿para qué sufrir cuando no hay necesidad de sufrir? - Ni idea. Debería profundizar un poquito más en esto, porque creo que aquí está el quid de la cuestión: si no tengo motivos para sufrir, me los invento. Esa tendencia al masoquismo algún origen tiene, y cuando cae sobre mí, es tan arrasadora como el Tsunami del 2004. Después voy a buscar en Google algunos consejos.

Estoy distraída. No se bien si es tanta pastilla contra el dolor, o yo que estoy muy aburrida, pero me cuesta concentrarme. Y me diversifico demasiado en mis puntos de atención. Abro como 7 ventanas de Chrome con cosas distintas y quiero hacer todo junto, pero por supuesto termino no haciendo nada.

Hoy es 24 de diciembre. Otro 24 de diciembre más. Parezco una pesimista, pero la verdad es que últimamente mis navidades se han dado bien raras. Quizás es un tema de programación mental, y como dice El Secreto, yo no creo realmente en lo que deseo, no lo pido realmente con todas mis fuerzas, no lo visualizo, y es por eso que mi presente apesta parcialmente. O será que todo esto que me está pasando es una preparación espiritual intensa, una prueba de resistencia a mi misma. Creo que por ahora voy bien.

Bueno, al menos todavía respiro.

Y por momentos veo las cosas no tan dramáticas. Y por momentos me clavo todos los puñales juntos, imaginándome situaciones que para qué las pienso no sé, pero son imágenes que vienen a mi mente que no me hacen bien, que no me traen paz. Ciertamente, esto de no salir a la calle me debe estar afectando.

Y también creo que se está acercando el día de mirar al Minotauro a los ojos, de enfrentarlo y cuestionarle por qué me da miedo. Lo presiento. Y como ya saben, no es la primera vez que presiento cosas que después terminan apareciendo en escena.

Que terrible.

Mejor me voy a hacer nada un rato más, a ver si me duermo. Que mañana es Navidad.

Que genial.




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