martes, 27 de diciembre de 2011

En recuperación: ya perdí la cuenta de los días

Parece que hace 10 años que estoy en convalecencia, pero creo que van 12 días.

Ya estoy mejor. Mucho mejor. El dolor va disminuyendo y no hace falta que tome tantos analgésicos. Los que siguen acompañándome cada 12 horas son los antibióticos, que fueron los que me revivieron.

La cuestión es que se pasó la Navidad, y estamos tan sólo a 3 días del fin del 2011. Se termina el año del conejo, ya lo podemos hacer asado, o mejor, tirarlo por ahí, ya que fue bastante reventado. No lo podría digerir ni con Uvasal...

Estos han sido días movilizadores. Demás está decir que lloré bastante, porque ahora que tengo tanto tiempo para pensar en tantas cosas inútiles, los escenarios se multiplican por millones y yo voy tomando distintos roles en mis películas taquilleras, que me dejan agotada. Mentalmente agotada.

Estoy leyendo un libro que habla acerca del control que la mente ejerce sobre nosotros. Que es quien nos domina y a quien nos cuesta controlar a nuestro favor, porque la asociamos con el factor tiempo y es una dupla mortal. El autor menciona que en realidad, no existe ni el ayer ni el futuro, pero que esa tendencia masoquista de la mente de pensar siempre en las culpas del pasado y en la ansiedad de los resultados del futuro, es la que básicamente, nos arruina la vida. El único tiempo existente es el hoy. Y el pasado es un conjunto de "hoy" de otros momentos, guardados en nuestra memoria celular. Tiene sentido. Todo lo que pasó, en el momento en que pasó era un "hoy". Y si lo traemos nuevamente al presente, vuelve a ser "hoy". Mi problema es que me la paso trayendo al "hoy" los recuerdos del "pasado", y eso aturde mi "futuro". Qué difícil...

Bueno, depende de cómo se lo mire. Como siempre, todo depende. Depende de qué es lo que elija pensar. Porque si elijo pensar en positivo, me siento bien y con energías suficientes para enfrentar cualquier contrariedad, pero si elijo pensar en negativo, una ameba es mucho más vistosa que yo. Y ahí viene donde lloro y me siento miserable.

Innecesariamente, porque de miserable no tengo un pelo. Pero de vez en cuando, el papel de víctima me sale muy profesional. Y yo me compro todas las entradas a la Avant Premier. Divina.

Hoy ví en Discovery un documental acerca del futuro. No lo escribo entre comillas porque este se supone que es el futuro futuro, o sea, el futuro captado desde la perspectiva temporal. Hablo del 2111. Me dió un poco de miedo ver que ya existen algunas cuestiones tecnológicas sobre-avanzadas, que juegan al límite entre lo humano y lo artificial. No sé por qué la sensación fue de miedo, bah, yo a veces le tengo miedo a cosas que otras personas no encuentran como amenazantes. Por ejemplo: si la puerta del placard está abierta, no puedo dormir. Tengo miedo de que salga algo y me salte encima. Eso no es algo que muchos piensen. O, por ejemplo, los marcianos. ¡Si habré pasado noches enteras despierta, aterrada pensando que vendrían a secuestrarme!. En fin, que en el documental mostraron un holograma estilo manga japonés, que canta y baila, y ya ha realizado shows en estadios y teatros, colmados de fanáticos. Esperen, ¡¡que?! Si, si, leyeron bien. Y no estoy hablando de ninguna película (Sam se llama la película que trata sobre este tema). En Japón existe.

Es que en Japón existen muchas otras cosas. Otra vez ví un documental de un bosque muy grande que queda a los pies del volcán Fuji Yama, donde mucha gente decide internarse para dejarse morir. Estremecedor. También tienen robots ultra inteligentes que mantienen conversaciones coherentes con humanos. Y también el escritor Haruki Murakami dice que en el metro viven los tinieblos, pero eso es otro tema.

Si lo pienso más en profundidad, es probable que un robot mantenga un diálogo más coherente que un ser humano. Hay tantos seres humanos que no pueden mantener ni un milímetro de coherencia... Ya me veo comprando 2x1 de robots en el supermercado chino de acá unas cuadras...

En fin, cuando me saquen los puntos (que seguro son de algún hilo japonés instruído....) voy a ser más feliz. Porque me tiran y me pongo nerviosa.

Y cuando me pongo nerviosa, quiero lanzar veneno por los ojos. Y todavía no aprendí esa habilidad, así que por ahora, mientras me entreno, voy a seguir leyendo.

Haya paz!


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