lunes, 5 de diciembre de 2011

Mi luz y mi oscuridad

A veces, en equilibrio. Y muchas otras; sintiendo el prevalecer de una de mis dos mitades.

Mi mitad iluminada es hermosa. Me trae inspiración, paz, amor. Me hace tocar el cielo con las manos y brillar hermosa, valiente, decidida. Mi luz es intensa, y todo lo que toca lo convierte en oro. Es poderosa, encanta con sus energías y atrae hasta aquello que parece imposible.

Mi mitad oscura también es hermosa. Me trae sobrecogimiento, introspección y misterio. Me hace caer en un profundo vacío, solo para hacerme ver que puedo salir cuando quiero. Me otorga palabras mágicas secretas para realizar conjuros ancestrales, llamando a mis guías, quienes acuden en mi auxilio con sus dones  infalibles y reparan mi desespero. 

Soy compasiva y despiadada. Decidida y apocada. Tenaz e inconstante. Sensible y cerebral. 

Y en esta incesante dualidad alternante, me autocompleto. Soy mi propia alma dividida en dos, soy mi propio Yin y mi propio Yang. Un alma sola, que busca su compañera aún sabiendo que ya existe en sí misma. 

¿Como he de completar este vacío inexistente? ¿Cómo he de abrazar y conciliar mis antagónicas esencias? ¿Existirá un alma que se fusione en la mía y brinde cobijo a mi estable inestabilidad cíclica? 

Quizás continúe inclinando mis días hacia mi lado oscuro... o deje que la luz brille por momentos. 

O comprenda que siempre cuando baja el sol, prevalece la noche...

Hasta el nuevo amanecer de Ra.


Esta imagen capturada por el satélite EUMETSTAT nos permite dimensionar esta simetría a 36 mil km de altura y apreciar el sublime momento yin-yang espacial (Ometeotl  sideral) que corona este acontecimiento.
Aunque por otra parte también nos hace entender que pese a que individualmente y localmente existe casi siempre una mayor cantidad de luz o de oscuridad, globalmente, la luz y la oscuridad siempre se equilibran (en esa danza polar), anulando la dualidad en la suma de las partes.


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