domingo, 22 de enero de 2012

Del todo a la nada, y viceversa

Pasé 3 días patéticos. La combinación de llanto con sentimientos cruzados y confusos más el insomnio hicieron de mí una caja de Pandora viviente. En un minuto, hábil para expresar mis deseos y pensamientos. Al siguiente, una pila de escenas enredadas e incoherentes se liberan y verbalizan en un discurso melodramático. Casi terminal. Casi inexorable.

O sea, me la pasé lamentándome durante 3 días por algo que no tiene ningún sentido. Ni práctico, ni teórico ni nada. Me desgasté, me rebajé, dejé de lado mi orgullo para plantear una situación desde el corazón, solamente para quedar hoy, al cuarto día, más cerca de sentir nada que de sentir todo. O algo.

Es increíble como la mente nos domina absolutamente cuando la escuchamos demasiado. Y cuando logramos acallarla, el Universo se encarga de acomodar las piezas para que encajen de forma perfecta.

Eso fue lo que pasó hoy. Logré disfrutar del silencio luego de haber cerrado una puerta. No puedo hacer nada si no se me permite hacerlo. No puedo quedarme en vigilia con la puerta entreabierta, esperando vaya uno a saber qué... ¿un milagro? ¿un cambio radical de mentalidad? ¿un poco de apertura al mundo? ¿la hoguera de los dogmas? Y mientras yo espero, ¿que? Del otro lado de la puerta, el mundo sigue girando. Mientras que de mi lado está congelado esperando algo que no sucede. Pues vale, la era de hielo se terminó.

No hay mucho que pensar tampoco, la ecuación es muy simple: yo no puedo pedirle a nadie que me quiera como quiero que me quiera, ni nadie puede hacerlo conmigo. Aún cuando lo haya intentado, aún cuando haya, hasta puede decirse, realizado un "pseudo-ruego" de comprensión y empatía, aún cuando haya manifestado mi verdad con el alma.... aún así....

Creo que lo más penoso de todos los días que perdí fue el desgaste energético y el desenfoque.

Yo me merezco algo mejor que este fúnebre drama. Yo me merezco ser elegida y ser feliz.

Mi potencial es feroz, cualquier cosa que quiero, la consigo. Y aunque parezca que en este caso no me resultó, es mentira. Porque mi huella quedará y porque parte de mi corazón también se quedará allí. Y me animo a decir que quizás esto no salió como yo quería porque en realidad NO ES lo que yo quería.  Porque si realmente lo fuese, lo tendría.

Es probable que mi ceguera temporaria me impidiese ver lo que veo hoy de forma clara. No necesito de nadie para recomponer mis penas. No me hace falta la compasión ni la lástima. Es cierto que sí necesito la compañía y las palabras, la escucha y el aliento de quienes me quieren. Quizás lo que pedía era demasiado compromiso, demasiada entrega incondicional. Y una vez más descubrí que eso no es una cualidad común en las personas, que es "demasiado pedir", que es un acto de amor casi tan grande como el de dar la vida por un amigo.

Entonces, cierro la puerta. Cierro la puerta con llave y abro todas las ventanas para que entre el sol. Y el aire puro.

Por alguna de esas ventanas, alguien que no tenga miedo, alguien que me pueda dar lo que necesito, alguien que me acompañe sin peros, alguien que se entregue a mí, entrará.

Y entonces yo dejaré de sentir todo por nada, para sentir todo por todo. Y en ese momento la nada se convertirá en todo.

Mientras tanto, mientras a mi alrededor las personas siguen viviendo como si nada e intentar llenar de felicidad sus vidas (quizás inclusive arrastrando infelicidad ajena...), yo hago lo mismo.

Y que el amor Universal nos ilumine.



1 comentario:

Yésica Isabel dijo...

Me siento tan identificada con esto que escribes.

Quizá aún no, pero llegará... llegará esa persona que será la respuesta a todas tus preguntas y, cuando menos lo esperes, en su imperfección te iluminará!


Gracias por escribirme hoy!!!

Me tomó por sorpresa!!!

Que el amor Universal nos ilumine!!!

Muaaaa

Yésica