sábado, 21 de enero de 2012

Hoy se terminó todo

Todo lo que se dice todo.

Hace unas 7 horas atrás pedí a mis divinidades egipcias que me mostraran la verdad. Que sólo pusieran en mi boca y en mis gestos, en mi pensamiento y en mis acciones la verdad.

Y la verdad llegó.

Hoy sábado 21 de enero de 2012, la verdad llegó. Y de forma cruel, sin vueltas ni caricias. Se mostró tal cual es, sin rodeos. Se cayeron todos los telones y las falsas esperanzas. Los falsos presentimientos y las absurdas hipótesis completamente erradas. El cielo se abrió y cayó un golpe de verdad casi fatal sobre mí.

Mejor.

Porque fue liberador.

Mis liberaciones a lo largo de mi vida fueron así, estrepitosas. Cada vez que tuve que enfrentarme a mi misma con la verdad para volverme libre, las situaciones explotaron y en su mayoría, no terminaron bien.

Hoy no fue la excepción.

Mi mente no terminó bien. Y mis ojos de tanto llorar, tampoco. Los tengo irritados y casi cerrados. El insomnio se hizo presente de nuevo y la herida tiene más ganas de abrirse que de cicatrizarse.

En pocas palabras: estoy deshecha. Los motivos por los cuales esto sucede son variados. Pero el principal motivo es porque yo me lo permito. Yo permito que me destruyan. Yo me expongo a una situación poco feliz para mí. Yo soy quien mendigo amor a quien no me elije y quien ruego lástima y oportunidades.

Hasta hoy. Hoy se terminó.

Y se terminó porque necesito estar bien y recuperarme, porque no tengo más ganas de sentirme mal y porque si no me quieren, no puedo obligar a nadie a hacerlo. Si es mejor así, si esto es lo correcto, entonces así será de ahora en más.

Y cada vez que piense que no es lo que realmente quiero, voy a recordar las palabras dichas hoy, esas mencionadas sin piedad,  clarificadoras de mi posición y mi destino.

Hoy se terminó todo.

El fin del mundo conocido para mí, llegó.




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