sábado, 11 de febrero de 2012

12 días por ahí

He vuelto. Después de 12 días especiales.

La no-inspiración me absorbió vorazmente. Estaba inhabilitada de escribir. Como si alguien hubiese arrebatado mi espíritu creativo y ahí hubiese quedado, sola y desamparada en un mundo lleno de letras que se veían como extraños símbolos inentendibles.

Creo que más que haber sido desprovista de mi habilidad de redacción, fui presa de la distracción. De la más hermosa distracción de todos los tiempos: el enamoramiento.

Sí, ya se. Dije una y mil veces que el amor era un absurdo, maldije en mil idiomas y sostuve agresivamente mis despiadados puntos de vista. Sigo haciéndolo, pero he de reconocer que el amor verdadero cambió gran parte de mi vida.

Estoy enamorada y me estoy dando el permiso de disfrutarlo. De probar ser feliz.

Mal no me está yendo.

Creo que cuando se dejan de lado los miedos, cuando uno suelta aquello que parecía que hacía bien pero que en realidad lo único que hacía era enterrarme debajo de capas y capas de arena, cuando uno puede dar ese gran paso liberador; la magia ocurre. El torbellino de energía divina se apodera de nuestros sentidos y el mundo gira a una velocidad deliciosa, re-acomodándose sobre su eje para brindarnos el calor y la luz más intensa y protectora que conozcamos. Las ventanas y las puertas se abren, y dejamos de ser presos de nosotros mismos. Las telarañas se van, el aire puro entra y nos abraza una intensa corriente de bienestar.

Y entonces todo aquello que era gris, se colorea. Los sonidos de antes ya no son iguales, las melodías cambian. Mis ojos ven distinto, mi piel muta.

Todo lo que fui, todo lo que aprendí, todo aquello ha pasado. Esas etapas de preparación concluyeron.

Porque el vacío es forma y la forma es el vacío. Porque mi espíritu conoce la realidad inexistente, tan sólo creada por nuestros sentidos.

Porque ya estoy lista para iluminarme, para abandonar mi ego, para dejar de lado todo aquello que es parte del dolor y entonces pasar al no-tiempo, la no-distancia, la totalidad del amor.

Porque no hay principio ni fin.

Y porque mi mente está libre de obstáculos, no tengo más miedo.






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