martes, 1 de mayo de 2012

Buscando al Judas de mi vida

Luego de varios meses, de experiencias y muestras irrefutables, ya es un hábito seguir los mensajes del Oráculo.

Es una guía experta para cada uno de los momentos de esta nueva vida mía, y si trato de ignorarlo, igual con su poder sobrecogedor vuela, acecha y, cuando los resultados se muestran, me mira a los ojos sonriendo burlonamente, y me grita: "te lo mostré y no hiciste nada".

Por eso me dejo llevar a su mundo mágico, y no discuto. Sólo presto atención, escribo y analizo mi alrededor. Y me preparo para lo que se viene.

Cocodrilos y gatos. No son animalitos con los que uno desea estar involucrado en un asunto profético... Denotan traición. Amistades falsas que tan sólo intentan un acercamiento forzado para obtener algún beneficio que satisfaga sus egos. Engaños.

¿Quién se convertirá en el Judas que nos cuenta la iglesia, y hará que la traición me visite?

Claro que los cocodrilos no me pueden morder, ni los gatos tampoco atacarme. Porque de mi parte les espera la compasión. Y el dejarlos absortos en su propio plan malicioso al no encontrar eco en mí.

Porque aunque me rodeen, no me pueden hacer daño.

Porque dentro mío hay luz, felicidad y amor.

Y, sobre todo, porque el Oráculo soy yo.


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