martes, 1 de mayo de 2012

Historias de mujeres comunes

Comparto estos primeros escritos, allá por el año 2009, cuando comenzaba a dedicarme a escribir.


Amanda

¡Cuanto hace que no practico mi francés! - pensó Amanda mientras regresaba de enseñar a sus alumnos de nivel 1 cómo conjugar el verbo etre.
Je suis, tu es, IL est... Pero que estoy diciendo! ¡Hablo en francés todos los días! Sí, claro, bueno… es una forma de decir, supongo…
Por ahora mis alumnos no están en un nivel de conversación avanzado… Creo que necesito un curso de mi nivel para no perder mi vocabulario…
Una vez en casa, luego de dejar la pila de libros sobre el sillón y de tomar un baño caliente, Amanda enciende su laptop.
“A ver cuántos emails tengo hoy” - pensó mientras abría una segunda ventana en su explorador y leía las noticias del día.
“0 emails” - el buzón de entrada estaba vacío. “Bueno, nada nuevo. Pero... ¿qué es esto? ¿Conoce gente por chat y comunícate con el mundo? … Hmm… ¿Habrá algún chat en francés?

LukeC: Hola
PrincessAmanda: Hola
LukeC: Lindo nick
PrincessAmanda: Gracias
LukeC: ¿Puedes hablar en francés?
PrincessAmanda: Claro, ¡es el idioma que enseño desde hace 3 años!

Fueron las primeras palabras en francés que Amanda y Luke intercambiaron esa noche.
Pero algo en ella le decía que no serían las últimas, había algo en aquel nombre que llamaba su atención.
Que la atraía.

¿Qué estoy haciendo? ¡Estoy hablando con un extraño!
Amanda estaba confundida.
Era la primera vez que entraba en una sala de chat y a pesar de ser una persona muy capaz con las computadoras y alguien que comprendía de software, de internet y de redes, esto no estaba registrado en ningún sector de su disco interno.

LukeC: ¿De qué parte de Argentina eres?
PrincessAmanda: Buenos Aires
LukeC: Dicen que es una bella ciudad. Yo vivo en Paris.
PrincessAmanda: Paris es definitivamente hermoso.
LukeC: ¿Siempre entras a este chat a hablar?
PrincessAmanda: No, de hecho es mi primera vez aquí.
LukeC: ¿Sabes por qué comencé a hablarte?
PrincessAmanda: No
LukeC: Me gustó mucho tu apodo.

Una hora y media había pasado desde el primer hola.
Amanda y Luke hablaron de sus vidas, de sus hobbies y de sus ciudades.
Como si ya se conocieran de antes.
Como si se hubieran reencontrado.

PrincessAmanda: “La despedida es una pena tan dulce que estaría diciendo buenas noches hasta que amaneciese”
LukeC: Romeo y Julieta. Uno de mis preferidos…” ¿Qué hay en un nombre? Si la rosa fuese llamada por otro nombre, igualmente su aroma sería tan deliciosamente dulce…
PrincessAmanda: Me tengo que ir. Mañana tengo una clase temprano. Si tenes mail, puedo escribirte.
¡Acabo de pedirle el mail! ¡Y él ni siquiera había mencionado el tema! Amanda, ¿qué estás haciendo?

LukeC: Mi mail es lukec@mail.com Me gustaría que me escribas.
PrincessAmanda: Buenas noches Luke
LukeC: Buenas noches Julieta. Dulces sueños.


Andrea

- Basta ¡ya no puedo más! ¡Así no voy a seguir! - Andrea gritaba y lloraba en su celular. Laura la escuchaba.
¡12 años! ¡12 años de casada! ¡Y así es como estoy! Yo soy su mujer, ¡él no puede ignorarme así! Si quería que sus compañeros de trabajo conocieran al bebé, ¡entonces que organice una cena en casa! Pero claro, ¡el tipo se lleva al bebé y a Nicolás al trabajo! Y yo ¿qué? ¿Yo no existo? ¡Esa gente me odia!
- Calmate Andrea por favor y explicame qué paso
- Se fue. Hoy se fue a la oficina con el bebé y Nicolás. Me dijo que iba a llevarlos a pasear. ¡Pero se fue a presentarlos a sus compañeros! ¡Y a mi esa gente no me quiere!
- ¿Por qué decís que no te quieren?
- ¿No te acordas de Fernanda, la recepcionista? Como olvidarme que ella hablaba con otra en el toilette de mujeres en la fiesta de la empresa, ¡hablaba de mí mientras yo estaba dentro de uno de los baños! Yo se lo dije a Juan ¡y él no hizo nada! ¡No me dignificó nunca! ¡Y ahora esto!
- ¿Dignificarte? ¿De qué hablas? Nadie tiene que dignificarte nada. La dignidad es algo tuyo  ¿por qué queres que te dignifiquen? ¿Dónde estás ahora?
- Me fui Laura. Me fui de casa. Hice los bolsos y me fui.  Estoy en la casa de mi prima Lucía. No voy a volver. Para colmo me llamó Nicolás. Me dijo que lo que yo había hecho no se hacía. Y que Juan estaba llorando. Y que cómo podía hacerle esto. ¿Te das cuenta? ¡Ahora la culpable soy yo!
- Lo que vos hiciste no está bien. Si tenés problemas con Juan, lo hablás con él. Te separás, te arreglás, llegan a un acuerdo, no sé. Pero vos tenés que pensar en el bebé y en Nicolás. Ellos son los que te importan.
- Ya sé
- ¿Llevaste el auto?
- No, me tomé un taxi.
- Decime la dirección de Lucía. Te paso a buscar y te llevo a tu casa. Llamalo a Juan y decile que en una hora estás ahí y que vas a hablar con él.
- Gracias Laura
- De nada. Para eso están las amigas.

Gabriela

3 a.m. Me despierto. La cama está fría. Y caigo en mi realidad: estoy sola.
Empiezo a llorar.
Tengo 35 años y estoy sola. Me despierto sola y me voy a dormir sola.
Los hombres solo quieren un poco de diversión y nada más. Porque no es que no tenga suerte cuando salgo, se me acercan muchos. Pero ninguno quiere nada serio. Yo quiero encontrar el amor de mi vida. Quiero casarme y tener hijos.
Sigo llorando.
Voy a llamar a Dolores.
Ella va a entender que esta noche tengo “el síntoma de las sábanas frías”
Ahora que lo pienso, Dolores tampoco está mejor que yo. O Patricia. O Ana. Y ella tiene 24.
¿Será que así es como estamos viviendo hoy?
Pero con ellas me divierto. La pasamos bien y nos reímos mucho. Nos apoyamos.
Dejo de llorar.
Creo que me voy a hacer un té.
Todavía tengo 3 horas antes de levantarme para ir a trabajar.

Daniela

Son las 11 de la noche. Hoy me pregunto ¿Quién soy? ¿Por qué? ¿Quizás habras encendido mi pensamiento con algún recuerdo tuyo que ahora está acá frente a mí?
No
Estas lejos
Miro por la ventana y puedo ver el cielo oscuro, casi sin estrellas. ¿Estarás observando las mismas que elegí yo? No lo sé. Tampoco se quién soy.
Hace un tiempo me sentía desolada. Incompleta.
Desolación. Que palabra tan vacía y tan llena de sentimientos.
Pero de repente estás ahí. O acá a veces. A veces ya no estoy tan incompleta.
Aunque solo por momentos la seguridad es absoluta y aparezco bajo las estrellas como alguien más que podría ser un todo completo.
¿Será este el momento en el que estás acá, con tu recuerdo frente a mí, enfrentándome con mi desolación de entonces? No. Seguís lejos.

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