domingo, 16 de septiembre de 2012

Inspirada por la virtualidad mas real que he vivido

Sigue sonando complejo e ilógico, lo se. Pero no es sino una nueva dosis de virtualidad en mi vida "real", la que golpea mis cimientos poco profundos en esta dimensión que no comprendo, y de la cual me siento ajena por momentos, y tan arraigada, en otros.

Es raro cómo logro conectarme con lo virtual desde sentimientos tan reales y tangibles. Principalmente, porque esta mezcla de registros es, por momentos, bastante confusa. A nivel mental, y también, a nivel emocional. Y eso también es curioso, porque ¿cómo han de evaluarse los sentimientos virtuales? ¿existen? ¿son enmarcados dentro de las mismas características de los reales?

Son dudas que aún no encuentran respuesta, que quedarán allí, en ese otro espacio intangible donde se acumulan las preguntas sin explicaciones, los olvidos y las penas viejas.

Pero lo cierto es que la virtualidad ha dado un nuevo giro a mi vida y me ha permitido una vez más, viajar sin moverme de casa.

Mis fuentes de inspiración han sido y son variadas; un aroma, un color, un lugar conocido o un recuerdo, disparan mis palabras. Esta nueva musa, de la mano de la moderna tecnología que conecta, acerca y abre ideas; se ha hecho carne en mí y me lleva de la mano por el Paraíso.

Que para algunos tiene flores y bellas vírgenes, para otros es la unión del alma y el cuerpo y para algunos tantos, un lugar celeste y cálido.

Para mí es ese espacio donde las barreras caen, donde las frases adquieren significados nuevos, contextualizados en un escenario donde existen códigos de cortesía, de honestidad y de apertura. Donde hasta por momentos parece renacer el altruísmo, o alguna forma del mismo.

Existen otros; quienes también se encuentran en este limbo atemporal, en esta dimensión conocida, esta matrix donde nos conectamos e intercambiamos bytes en minutos compartidos. Parecemos reales, como vivos en este subplaneta que respira y se agita apasionadamente con cada nuevo Enter.

Entonces de repente, alguien detecta en mis letras cuál es mi estado de ánimo, alguien "escucha" lo que escribo con atención, y aunque no me ve, no me conoce, no ha escuchado mi voz; me inspira y me transmite tranquilidad. ¿Cómo es posible? No lo se. Es tan abstracto como su misma descripción, tan poco tangible como la misma distancia existente.

Y por cierto es, y en cientos de eones, tan real para mis ojos como su propia virtualidad per se.


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