viernes, 7 de septiembre de 2012

Virtualmente despierta

El tiempo vuela. Una expresión que oímos desde siempre. Pero que nunca se ha sentido tan real como ahora.

Simpático, en esas tres oraciones iniciales utilicé tres adverbios de tiempo que justamente, ayudan a crear su definición: siempre, nunca, ahora.

Algunos afirman que los intensos desastres naturales que han estado ocurriendo durante este último período han hecho que el eje de la Tierra cambie de posición, y que entonces los Hertz de sus latidos se aceleren. Como si tuviese taquicardia. Y, como nosotros estamos todos parados arriba de la misma, naturalmente también sentimos esa presión en el pecho y esa aceleración cardíaca. Digamos que es un salto evolutivo, adaptativo para la supervivencia de la especie humana en su nuevo hábitat. Como cuando Darwin encontró los pinzones de picos distintos por las islas de Centroamérica, adaptados a la alimentación diversa de cada lugar. Algo así.

Ocurre que en este nuevo hábitat, no únicamente hemos de sostener nuestra psiquis entre tanta novedad del mundo físico-sensorial; sino también hemos de lidiar con el avance de La Era Virtual. Y con todo lo que ella se trae.

Debo reconocer que esta Era Virtual es mucho más benévola que la de Hielo, por ejemplo. Porque nos encuentra bien avanzados en nuestros procesos de pensamiento lógico-matemáticos, estadísticos, cibernéticos y multidimensionales. Afortunadamente, algunos elegimos seguir por el camino del conocimiento y alimentar nuestra mente comiendo hipervínculos holográficos que incentivan nuestras imágenes y nos ayudan a avanzar a niveles de apropiación de contenidos cada vez más complejos. 

Pero aunque no tengamos Dientes de Sable persiguiéndonos ni andemos por ahí vistiendo pieles y cazando Mamuts, la Era Virtual también presenta sus dificultades. Y, según este espontáneo análisis lleno de mi rapto de inspiración nocturna, he concluído en que estas se encuentran directamente relacionadas con el proceso de creación de una nueva estructura de relación entre la noción del tiempo lineal, la idealización de sentimientos cuyo origen es el corazón y la racionalización de éstos mediante la mente despierta de la nueva Era.

Estamos virtualmente despiertos, pero en proceso de construcción de esta nueva identidad. Y como el tiempo vuela, como ya no lo percibimos como un proceso lineal sino más bien como un "montón de horas que transcurren rápido y que no sabemos bien cómo acomodar, donde parece que el ayer fue hoy y el hoy ya es mañana y el mañana está muy cerca de lo que pensamos hoy"; los cambios adaptativos se aceleran en nuestros genes que están revolucionados y empujando neuronas, que empujan ideas y conceptos, que se nos mezclan en nuestra mente. Esa mente que está, hacha en mano, rompiendo con varios esquemas antiguos y necesita de más: de más aire, de más libertad, de más arte, de más sinceridad, de más unidad, de más amor... Y cuando el amor se manifiesta en ese motín descrontrolado; el corazón se bate a duelo con la mente. 

Todo lo anterior, llevado a la Virtualidad, en el sentido más estricto de esta palabra, genera aún más confusión. Las comunicaciones se extienden por vías incontables, el "vivo", el estar "online", el haber adquirido ya la habilidad de realizar tareas múltiples, en múltiples ventanas, con múltiples gentes; donde puedo enviar una foto que recién tomé, comentarla, marcarla como favorita, invitar a mis conocidos para verla... donde puedo escribir en un cuaderno dentro de una máquina y con tan solo presionar una tecla disparar mi mensaje al mundo... Todo se relaciona. Se hipervincula. Se conecta. 

El "todo" adquiere un sentido real a través de una conexión virtual. Y el "todo" puede ser enteramente cierto, o enteramente irreal, casi holográfico. 

Y entonces, el "todo" se parece a la "nada", porque aún no sabemos si lo virtual es "algo" o es "todo" o es "nada". 

Si, lo sé. Es complejo.

Bienvenidos a la Era Virtual.


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