domingo, 14 de octubre de 2012

Acerca de como los hombres huyen cuando ven lagrimas. O de como yo sigo apuntandole a los menos apropiados.

Las lagrimas de una mujer son para muchos hombres, como lo es el agua para los gatitos: un repelente.
No me gusta generalizar, es probable que no a todos los hombres les de el ataque de alergia al ver/escuchar una mujer llorar. Ocurre que yo de 5, le apunto a 4 y medio que si.
Y eso es frustrante.
Porque me quedo pensando si soy REALMENTE una loca desatada o si del otro lado me estan haciendo el cuento del chino para deshacerse de mi.
Ok, acordemos algo; no es bonito oír a nadie llorar. Pero hay llantos y llantos, momentos y momentos.
O sea, no es lo mismo un llanto de felicidad por un objetivo logrado, uno de desesperación momentánea por una situación que parece irresolvible o uno de tristeza por algún evento desagradable de la vida.
Tampoco es lo mismo estar llorando siempre por lo mismo y caer en una especie de depresión inconsciente, a llorar por cuestiones puntuales que pueden, SI, PUEDEN, ocurrir unas detrás de otras durante unos días de mala racha.
Y si uno viene con las defensas medio golpeadas, o perdió la perspectiva temporalmente, o entro en una desesperación fantasma... Supuestamente si existe este otro ser del otro lado del telefono/blackberry/whatsup/email/chat/skype/twitter/facebook o cualquier otro dispositivo virtual; y este ser demuestra o ha demostrado interes en una... Es valido que salga corriendo, borre mi contacto y comience a ignorarme lentamente hasta que la comunicación virtual se pierda en ese mismo mundo?
Si, valido es, cada uno hace lo que se le da la gana en este mundo, por suerte.
Pero no se si es leal.
Aunque el tema de la lealtad virtual, de la honestidad y el compromiso real de sentimientos en un hábitat no-real ni tangible, también son cuestiones discutibles.
Y no hablo de enamoramiento o amor incondicional. Nadie puede lograr eso en 2 semanas. Ni en 3. Esta bien claro.
Hablo del amor en general, como acto compasivo para con el otro, como demostración de la energía divina interna, que se manifiesta en el cuidado del otro tan solo por el hecho de existir y ser, por ser merecedor de respeto y digno de la verdad.
En fin...
Apunto mal y eso no es una novedad. Lo triste es que creo que apunto bien, pero después la flecha se me mueve con el viento y en lugar de dar en el blanco, da la vuelta y acelera asesinamente hasta darme de lleno en el ojo. Hasta me animo a decir que se duplica por generación espontanea, y me da en los dos ojos.
No importa.
Algún día sera verano, las lagrimas se secaran y los hombres irreales, también.
Mientras tanto, decime Magdalena, apaga la compu y sacale la bateria al telefono.
Que quien llora primero, y mucho, ríe a lo ultimo y mejor.

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