jueves, 27 de diciembre de 2012

Plegaria desesperada

Un corazón inquieto, una mente hábil, condenada por pensar.

Recuerdos que no se alejan, apegos que se acostumbraron a estar...

Sigo contando noches en blanco, sin sueño, sin nadie con quien hablar.

Entonces invento diálogos que solo ocurren aquí, en mi, conmigo.
Y allí creo escenarios y me recreo en mil formas que terminan en la nada. En la nada que es el vacío, que es la forma de todo aquello que me rodea y no comprendo. De lo que percibo y no veo, pero siento y me aterra. O me reaviva, o me alienta.

Un susurro es mi voz, a veces parece una tormenta apagada por la luz del amanecer que se lleva el recuerdo frágil de tanta lluvia y viento despiadado.

Creo que no se que me pasa, aunque en realidad se mas de lo que aparento.

Asumo mi destino como si fuese un camino preexistente, rehusandome a ceder ante mi creación, mis decisiones y acciones, mis pensamientos. Yo me creo, y este imaginario que me rodea, también lo he elegido.

Te suplico, se que me escuchas, se que tenes distintas formas, distintos nombres, y que estas presente en varias dimensiones. Se que estas ahí, porque me has salvado innumerables veces de mi.

Te pido, acompañame. Tendeme la mano otra vez, dejame ver la verdad, guiame hacia donde he de estar y quitame de los lugares donde ya no pertenezco.

Traeme paz, hace que me apiade de mi alma castigada y que pueda perdonarme.

Te agradezco, porque estoy y soy, porque voy aprendiendo.

Porque quienes se quedan me eligen y se mantienen firmes en medio del ojo de este huracán en el cual me convierto con cada punta de lanza que llega a mi pecho.

Esta noche me entrego, llevame, abrazame.

Necesito que me protejas, mi fe se sostiene, mi plegaria se eleva y me dejo entonces cuidar por tus alas de luz roja y dorada.

Que en mis sueños estés y que ya nada ni nadie pueda lastimarme.

Sent from my Blackberry

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