miércoles, 4 de septiembre de 2013

Antes de la medianoche

Me convierto en fantasma.

Comienzo a asesinarme despacio, cada tarde a eso de las seis y media, cuando el sol baja y se levanta viento. Cuando se escucha el caos de vehiculos atascados en las calles, y algunas personas riendo en voz alta por ahi.

Yo no rio, yo muero.

Mi cuerpo se desploma en el sillon, y ahi me quedo, inmovil, ida. No tengo hambre ni sueño. Ni calor ni frio. No tengo sentidos. Los perdi junto con el resto de mi mente.

Me invaden los recuerdos, los olores, las imagenes sensoriales, los sabores, las palabras... Soy presa, esclava de la tirania y crueldad de sus deseos; de verme desangrar en forma de lagrimas que van a parar al mismo lugar que mis expectativas... A ese agujero negro que no es nada, que no existe, que no veo. Que devora mis entrañas. Y disfruta haciendolo.

Antes de la medianoche me mate varias veces y de diversas maneras. A veces me ahogo entre jabon y hojas secas de plantas milagrosas; otras recurro al humo del tabaco deseosa de que me desgarre los pulmones. Hay veces que dejo a mis ojos salir de mi rostro en rapidas gondolas. Pero las peores son las veces en las que muero de insomnio, incapaz de acallarme y silenciarme, de dormirme y abrazarme de consolarme y mantenerme calma.

Malditas horas.

Maldito reloj.

Maldita sea.
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