miércoles, 11 de septiembre de 2013

Reflexiones de miercoles. De miercoles a la madrugada, digo.

Antes reflexionaba en el 152, y muchas veces esos insight me ayudaron a constituir la Jimena que soy hoy. No se bien si agradecerles o agarrarme la cabeza, pero no importa. El hecho es que me han moldeado.

Hoy, a pasos del insomnio que comienza a atacarme lentamente otra vez, como en los viejos tiempos, estoy aqui tirada en la cama estilo sardina enlatada version al natural, meditando sobre muchas ideas que no se quedan quietas. Segun mi interpretacion del escenario actual, si no las dejo salir, van a seguir rebotando en las paredes de mi craneo, que ya no es el mismo que el de los 23; y tanto golpeteo puede ser letal. Y si bien desintegrarme siempre es una buena opcion, mejor elimino y hago espacio para una eventual horda de pensamientos mas utiles que quizas algun dia inunden mi psiquis.

En fin, la cuestion del amor esta complicada. Bueno, que tampoco se ya que es esto del "amor", en el marco Occidental retorcido en el cual vivo.

Me refiero puntualmente al amor romantico, porque sigo afirmando que siento amor en varias otras situaciones que no implican un sexo masculino por el que siento atraccion fisica primitiva y con el cual me dan ganas de hacer perdurar la especie.

No hay manera.

Estoy atrapada en una matrix de manifestaciones vibracionales con pito, que resuenan bien lejos mio, sin un maldito electron en sus configuraciones que guste de mis protones tanto como para enlazarse de forma permanente a mi estructura y fusionarnos en la creacion de un futuro nuevo elemento.

Asi de complicado esta el asunto.

Tengo varios ejemplos de especimenes para diseccionar: los cobardes elocuentes y seductores que se dedican a conquistar gametas hembra para luego huir sin prisa ni pausa (ni explicaciones), los que tienen alguna mezcla genetica con el reino Fungi (o sea, son como hongos), los que se piensan Odysseus viviendo en la isla de Circe (yo vengo a ser la mismisima ninfa de sus fantasias), los que en lugar de Circe me confunden con Penelope (la que teje y desteje y espera, y espera, y espera, y espera... Y sigue esperando), los que desafian mi intelecto en batallas dialecticas como si estuvieramos en la escuela de Aristoteles. Y podria seguir.

La complicacion reside en que ni con Google Maps encuentro a uno, UNO solo que, al momento de abrirle el pecho en dos con el bisturi, me muestre un poco de humanidad.

A ver si soy clara,

Ni un vendedor de humo, ni un maniatico sexual, ni un egolatra ilustrado, ni un fantasma ausente. Y ciertamente, un hongo tampoco.
El amor que yo quiero para mi es humano. Si lo pincho, sangra y si lo pellizco fuerte, llora. Si lo abrazo, me pide que me quede asi y si me quedo mirandolo, se sonrie. Si se me caen unas lagrimas por alguna pavada, me deja ser y si me enojo porque el mundo es injusto, me ayuda a cambiarlo.

El amor que yo quiero es tangible, lo respiro y lo huelo. No lo tengo que imaginar, o desearlo a mi lado cuando elige quedarse lejos.

Creo que la culpa de todo esto la tienen los cuentos de hadas que nos hicieron creer cuanta locura escribieron esas personas siniestras (y posiblemente drogadas), sobre sus idealizaciones, fantasias materiales y perversiones.

Y ahi vamos todas las mosquitas vestidas de vaquitas de San Antonio a prenderle velas al patrono del amor, comer chocolates en San Valentin y despues rezarle desaforadamente a San Miguel para que nos saque los demonios que nos dejaron encima.

Genial.

Me voy a dormir.

Que sean felices para siempre.
Sent from my Blackberry

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